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Opinión

Recado a los Partidos Políticos tradicionales: ¡Bienvenida la Competencia!

Recado a los Partidos Políticos tradicionales: ¡Bienvenida la Competencia! Recado a los Partidos Políticos tradicionales: ¡Bienvenida la Competencia!

Normalmente cuando uno se enfrenta a una amenaza o a un miedo, busca mecanismos o formas de evitarlo. Frente al aumento exponencial de la delincuencia en nuestro país, la gente está tomando resguardos y acciones preventivas, con el fin de mantener lejos a los delincuentes o, en algunos casos, hacerles difícil la entrada.

Si bien trabar amenazas en algunos casos es sumamente entendible, en otros es un error fundamental y una muestra de pánico a la simple pérdida de privilegios o status quo. Tal caso es el de la política, representado por el miedo de los partidos políticos tradicionales frente al florecimiento de nuevos movimientos que aspiran a convertirse en partidos. Pánico, que se ha evidenciado en un sinnúmero de trabas que han puesto para que el poder siga estando concentrado en los mismos de siempre, con las reglas de siempre y con el nulo dinamismo que ha caracterizado al sistema de partidos chilenos.

Dejando de lado la inentendible negativa del Servel a inscribir a un nuevo movimiento político, amparándose que la palabra “revolución” según sus acepciones en el diccionario de la Real Academia apuntan al desorden social, creo que la crisis es más profunda cuando nos fijamos lo que están haciendo otras corrientes ideológicas desde el mismo parlamento, que de manera empeñosa están meticulosamente trabando el surgimiento de nuevos movimientos políticos a un año de las futuras elecciones municipales, en un acto que es sólo traducible en un pánico evidente por la posible pérdida de poder.

“No sólo de obstáculos viven algunos partidos”, podríamos decir. Los esfuerzos de parte de algunos sectores dentro del parlamento no sólo se están enfocando en dificultar que nazcan nuevas opciones políticas para la ciudadanía, si no que en evitar que los que llevan décadas (y muchas) sigan inalterables, como por ejemplo, negándose a la reinscripción de sus militantes, pero abriéndose sin vacilación alguna al financiamiento público.

Pero quedarse en el diagnostico no es algo que me caracterice a mí o a los nuevos movimientos. Pase lo que pase, hagan lo que hagan, o pongan las trabas que quieran poner, nosotros seguiremos inalterables en nuestro propósito. Nos constituimos desde un principio para ser una alternativa libera y moderna, con el fin de representar a todos quienes que sientan que nuestros postulados personifican sus sueños, necesidades y deseos.

Si los partidos tradicionales se sienten amenazados por un grupo que miraban en menos, es porque no están haciendo las cosas bien. Nuestro norte no está fijado en desestabilizar, sino que en ofrecer una opción representativa, moderna y unida en las ideas de la libertad.

Nuestro motor funciona en base a un sentimiento y una vocación pública real y no a obsesiones con el poder. Mientras exista un centro con ganas de participar en una política constructiva, habrá combustible para estos movimientos que día a día crecen y crecen, independiente de cuantos obstáculos se le pongan en su camino.

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