Viernes, 24 de mayo de 2013

Rechazo del Plan Regulador: Los Escenarios que vienen

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Para el 40% de familias que quiera vivir en casas y no pueda pagar por el barrio alto, el único modelo viable será el de las “ciudades intermedias”. Así que tendrán que moverse a Buin, Colina, Til Til o Melipilla donde hoy existen 17.000 hectáreas urbanizables aunque sin servicios, empleos, ni sistemas de transporte para recibir un crecimiento de esta magnitud. Por lo tanto serán “ciudades dormitorio” que dependerán de Santiago, lo que alargará los viajes y el tamaño de la metrópoli.

La semana pasada la Contraloría General de la República rechazó la propuesta de modificación del Plan Regulador Metropolitano (PRMS 100) que buscaba ampliar el límite urbano del Gran Santiago en 8.800 hectáreas, de las cuales, 2.500 estaban destinadas a áreas verdes. Con gran rigurosidad esta repartición revisó planos, memorias y ordenanzas y planteó observaciones que podrían inviabilizar esta iniciativa, debido a la incompatibilidad de algunas de sus normas con la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC).

El dictamen de la Contraloría ha sido celebrado por algunos expertos y académicos para quienes el PRMS 100 hubiese propiciado un crecimiento desmedido e inorgánico de Santiago, aumentando los tiempos de viaje y generando un incentivo perverso para la especulación inmobiliaria. Ahora esperan promover un modelo más sustentable que debiera ir por tres caminos: (a) volcar todo el crecimiento al interior de la ciudad, lo que implica edificar en altura; (b) desplazarlo hacia ciudades intermedias como Colina, o Til Til o (c) derechamente congelar la capital y mover la población a regiones

Veamos las implicancias de cada uno. El crecimiento “hacia dentro”, que ha sido el sueño de muchos arquitectos, ya se produce en los hechos, si consideramos que el 60% de las viviendas que se venden en la región son departamentos. Lamentablemente no resulta muy sustentable ni bello que digamos, ya que la LGUC permite levantar enormes torres de colores pasteles, en barrios residenciales con calles estrechas que generan serios impactos viales y patrimoniales y crecientes conflictos ciudadanos.

Para el 40% de familias que quiera vivir en casas y no pueda pagar por el barrio alto, el único modelo viable será el de las “ciudades intermedias”. Así que tendrán que moverse a Buin, Colina, Til Til o Melipilla donde hoy existen 17.000 hectáreas urbanizables aunque sin servicios, empleos, ni sistemas de transporte para recibir un crecimiento de esta magnitud. Por lo tanto serán “ciudades dormitorio” que dependerán de Santiago, lo que alargará los viajes y el tamaño de la metrópoli que eran los grandes temores de nuestros expertos.

El congelamiento de Santiago y la migración a regiones es la opción más políticamente correcta, aunque también la más difícil de implementar y la mejor prueba de ello es que sus promotores son santiaguinos que ni a palos de mueven de la capital. Por lo pronto, el plan regulador no tiene vela en este entierro, ¿O alguien puede sostener seriamente que las personas decidirán irse a Talca ahora que se congeló el límite urbano en Santiago?. Ni para broma alcanza la hipótesis.

Como vemos, no es conveniente descorchar champañas todavía. Santiago no detendrá su crecimiento y la población no migrará a regiones sólo por que se rechazó el PRMS 100. Tampoco se acabará la expansión, sino que muy posiblemente aumente y se extienda hacia Colina, Lampa, Buin y Melipilla, lo que curiosamente no despierta ninguna preocupación ni alarma. ¿Sabrán nuestros expertos que en estas 17.000 hectáreas se pueden construir 422.00 casas o será que estos pueblitos están muy lejos como para que sienta su efecto?

Ah, se me olvidada la especulación inmobiliaria. ¿Se frenará ahora que se rechazó el PRMS 100? Ni de lejos. Junto a los expertos y académicos, han celebrado los propietarios de los terrenos disponibles que percibirán rentas monopólicas con exigencias de urbanización muy inferiores a las del PRMS 100. Podrán levantar miles de casas sin realizar estudios de riesgos, ni destinar suelo para viviendas sociales o financiar vías estructurantes y parques, lo que tampoco parece preocuparle a nadie.

La Contraloría ha puesto un poco de racionalidad en este debate que estaba centrado, casi obsesivamente, en el tamaño del límite urbano de Santiago. Sus observaciones al PRMS 100 nos indican que no será posible innovar en mecanismos de planificación sin antes modificar la obsoleta LGUC que como esta hoy, afectará cualquier modalidad de crecimiento que se defina, como lo alertamos en una columna pasada.

Pero el problema es más complejo. Para tener un plan que verdaderamente guíe el crecimiento de Santiago se requiere contar con una estrategia y un gobierno regional con atribuciones para materializarla, lo que implica invertir y coordinar a ministerios, municipios, empresas o actores sociales. Y acá si que estamos en pañales, como lo demuestra la alta rotación de los Intendentes o la intrascendencia de los temas que cubren.

 

 

 

 

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