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Respuesta a Benito Baranda

Respuesta a Benito Baranda Respuesta a Benito Baranda

Una sociedad que entienda la familia como núcleo fundamental de la sociedad, y que se prefiera siempre el interés superior de los niños de Chile. Nunca está demás agregar el respeto al derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, donde no se discrimine a las personas por haber nacido o no, o por tener una enfermedad terminal.

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Presidente de la Fundación Chile Siempre

Hace algunos días el director de la organización América Solidaria, Benito Baranda, señaló en un periódico de circulación nacional lo siguiente: “Los que marcharon por la vida (marcha “antiaborto”) frente a La Moneda deberían defenderla en todos sus ámbitos, en el salario justo, en las viviendas dignas, en las prestaciones de salud pública”. Tiene la razón.

Sin embargo, hay que ver si las palabras de Benito Baranda contienen una crítica, lo que no sería pertinente, considerando que ha participado en actividades de la organización convocante a tal manifestación, pero en ese caso promoviendo el compromiso juvenil por los temas públicos. Tampoco es menos cierto que a partir de sus palabras se desprendería también el consejo a organizaciones que promueven el salario justo y las viviendas dignas, como el Hogar de Cristo o América Solidaria, para que se pronuncien en contra del aborto, considerando que estamos de acuerdo en que la dignidad de las personas no depende de sus circunstancias, ya sean ricos o pobres, nacidos o no nacidos.

Sin embargo, independientemente de las discrepancias de formas, hay que destacar las cosas en que estamos de acuerdo en el fondo. Una de esas es que la dignidad de todas las personas no responde a una solución aislada o a un tema determinado, sino que es un asunto en que toda la sociedad debe concurrir en diversos ámbitos.

Por ejemplo radica en la promoción de una sociedad libre donde se valore el emprendimiento, la iniciativa económica y la responsabilidad individual como base para el desarrollo del país y la lucha radical contra la pobreza. Donde también se fomente y respete la efectiva libertad de enseñanza, que significa que cada familia elija la educación que quiera para sus hijos, sin importar su condición social, económica ni menos geográfica de los padres.

También la dignidad de las personas radica en la construcción de una sociedad con principios, donde el objetivo sea alcanzar una sociedad verdaderamente humana, y lo anterior sea la premisa fundamental de toda política pública que se implemente en el país. Una sociedad que entienda la familia como núcleo fundamental de la sociedad, y que se prefiera siempre el interés superior de los niños de Chile. Nunca está demás agregar el respeto al derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, donde no se discrimine a las personas por haber nacido o no, o por tener una enfermedad terminal.

Por último, una sociedad de oportunidades en donde concurramos a derrotar la pobreza, con una educación de calidad y el desarrollo de un modelo económico al servicio de la persona humana. Lo anterior va directamente ligado con una concepción de justicia que entiende que al que lo necesita debemos apoyarlo, al que se la puede debemos fomentarlo y al que se cae no le faltan oportunidades para levantarse.

Benito Baranda tiene razón, el compromiso social debe ser completo con un énfasis especial en los más necesitados y desposeídos. Una sociedad libre, con principios y oportunidades va en esa línea, la entendemos como aquella que respeta la dignidad de todas las personas y nos exige una particular coherencia en nuestra acción pública.

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