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Opinión

Ricardo Lagos y la crisis que institucionalizó la transición

Ricardo Lagos y la crisis que institucionalizó la transición Ricardo Lagos y la crisis que institucionalizó la transición

"La crisis institucional de la que habla Lagos está sucediendo hace años. Lo que pasa es que estaba muy bien disfrazada de la llamada transición".

Francisco Méndez

Por


Periodista, columnista.

Ricardo Lagos dice en una entrevista en La Tercera que esta es la peor crisis política e institucional que ha vivido Chile. Si bien destaca que hay otras cuantas que también fueron fuertes- y en las que entra obviamente el golpe de Estado de 1973-, lo cierto es que, según él, esta es lejos la peor.

El ex presidente también afirma que no sabe si Chile durará por mucho tiempo si es que continúa así, lo que varios medios realzaron como su principal titular. Total lo importante es crear la sensación de desgobierno, de que hay muchas voces juntas y hablando al mismo tiempo, lo que puede causar una gran desestabilización de la institucionalidad nacional.

Pero tal vez para entrar a cuestionar realmente lo que afirma el ex mandatario, lo primordial sea preguntarse bajo qué ideas y lógicas están concebidas estas instituciones a las que Lagos quiere salvar. ¿Gozan acaso de una gran legitimidad democrática y cumplen las mínimas condiciones para considerarse lo suficientemente dignas de ser defendidas tal y como están? Al parecer no tanto. Al contrario, lo que pareciera evidente es que lo que está acá en jaque no es solamente una crisis  particular que hoy brotó repentinamente, cosa que el hombre del dedo fuerte debería saberlo ya que es un gran consumidor de historia.

Lo que sucede en nuestro país no tiene que ver solamente con acciones particulares ni tampoco con el estancamiento de un funcionamiento republicano. El problema es que hoy hemos llegado a la conclusión de que la República no está completa y sus bases se perdieron bajo la lógica del mercado y la concepción de realidad, lo que no es más que el resultado de no haber querido profundizar en la democratización entre las conductas políticas y empresariales. Y esto se debe al error de convertir a políticos y empresarios en elementos de una misma nomenclatura, sin diferenciarlos ni darle la importancia democrática que tienen los primeros por sobre los segundos.

La crisis institucional de la que habla Lagos está sucediendo hace años. Lo que pasa es que estaba muy bien disfrazada de la llamada transición. Las malas prácticas y los correspondientes reclamos ante estas, se ahogaban y perdían en la oscuridad del consenso impuesto. Lo importante era mantener la unidad y consensuarla sobre la base de acciones antidemocráticas en una democracia que se estaba construyendo y podía darse esos lujos. El tema es que los años pasaron y estas prácticas comenzaron sostener el relato post dictatorial y nadie sabía cómo hacerlo para evitarlas.

Ricardo Lagos debería recordar que hay cosas que no se quisieron ni pudieron hacer durante muchos años, y que esta inmovilidad política se agudizó profundamente al creer que una vez ganado el NO, todo se daría de manera casi espontánea. No se cuestionó si lo que teníamos era lo suficientemente democrático. Pero más importante aún: como parte de la izquierda, muchos dirigentes prefirieron refugiarse en la comodidad del miedo antes que realizar una crítica al sistema que estaba formando raíces al interior de la ciudadanía.

¿Ve esto Ricardo lagos? ¿Es capaz de hacer una autocrítica? Esperemos que sí. Personalmente, y dada la situación, espero que el ex presidente tenga una actitud propositiva y actualizada en las próximas elecciones. Pero sobre todo espero que no venga a ser portavoz del partido del orden, ya que quienes pretendieron ordenarnos en los noventa son quienes profundizaron esa crisis que instauró la dictadura. Mientras más ordenados estábamos, menos entendíamos lo que sucedía.

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