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Opinión

Soy bipolar, ¿y qué?

Soy bipolar, ¿y qué? Soy bipolar, ¿y qué?

El empresario Roberto Fantuzzi reflexiona sobre el doble estándar de los chilenos y asegura que aunque a veces es bipolar en algunas opiniones, lo grave es cuando se trata de asuntos valóricos. "Últimamente he visto que ciertos representantes de la Iglesia y la política que se llegan a poner rojos con un libro de sexualidad, pero encuentran totalmente normal que una menor deba ser madre a corta edad", dice.

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Ingeniero Comercial de la Universidad de Chile, pero más allá del cartón, su profesión a lo largo de su vida ha sido la de un emprendedor innato. Junto con la sangre italiana, por sus venas corre un sentido de representatividad y lucha por los empresarios pymes de Chile, cuestión que lo llevó en 1984 a asociarse con algunos de sus pares y dar vida a Asexma, desde donde intenta dar voz a los exportadores.La creatividad es una de sus principales banderas de lucha. Gracias a esta característica, este “mono porfiado”-como él se autodefine- es recordado por los particulares regalos que ha enviado a diferentes autoridades con el propósito de que atiendan las necesidades del país.

Hace algunos días me invitaron a formar parte del grupo de relatores que deberá exponer en un Seminario cuyo tema central gira en torno a la felicidad. Y al plantearme la típica interrogante de si somos felices los chilenos, llegué casi a un cortocircuito mental. Pues mi conclusión, aparte de que no somos muy felices, es que somos bipolares e inconsecuentes.

No sabría si considerar esto como algo negativo o positivo, puesto que de todos modos la vida es bipolar: tiene momentos malos y buenos, a veces nos da alegrías y otras nos deja en el piso, etc. Pero en este caso, el problema es que muchos cambian de acuerdo al escenario que se enfrentan o simplemente lo hacen por unirse al pensamiento de la mayoría.  

¡Que se vaya Pizzi! Cómo olvidar cuando miles de chilenos crucificaban el método de juego implementado por el nuevo DT de la Roja, pero también cómo olvidar cómo lo alababan tras obtener la Copa Centenario.

Agencia Uno

Si llevamos estas conductas al mundo de la política o la religión, lamentablemente nos encontramos con actos y declaraciones que no hacen otra cosa que demostrar que  la  bipolaridad e inconsecuencia es un denominador común que se manifiesta en las diferentes aristas de la sociedad.

Últimamente he visto que ciertos representantes de la Iglesia y la política que se llegan a poner rojos con un libro de sexualidad, pero encuentran totalmente normal que una menor deba ser madre a corta edad. Esta situación verdaderamente no la entiendo, se espantan con temas que se deberían hablar abiertamente, pero encuentran correcto actos que a mi parecer, sobrepasan el sentido común.

Por otro lado,  vemos cómo los partidos políticos se destruyen y bombardean entre sí ante diferentes temas, pero al momento de solicitar financiamiento a sus “opositores”, pareciera ser que son íntimos amigos y que la pelea es para la pantalla. Porque con las puertas cerradas discuten acuerdos que son poco comunes para grupos que se dicen “rivales”.

SQM

Con esto no pretendo dar el ejemplo ni jactarme, pues en ocasiones también he cambiado de parecer. De hecho, escribiendo este texto, me empecé arrepentir y pensé borrarlo. También he cambiado de parecer político en algunos aspectos y hasta he defendido a sectores que en ocasiones critiqué.

Tal como dije al inicio de este escrito, la vida tiene una bipolaridad intrínseca. Pero no por ello estaremos cambiando con tanta facilidad y más en tiempos en los que realmente se requiere tener una posición clara ante los temas de importancia nacional. La idea no es que no seamos inflexibles, pero sí por lo menos que se actúe de acuerdo a lo que representamos. Pues no queremos “hinchas” que se pasen cambiando de camiseta.

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