Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) un 33,6 % de las mujeres y un 24,5 % de los hombres chilenos son obesos. Nuestro país triplicó los casos de obesidad mórbida en menos de 10 años, pasando de 88.400 en 2003 a 231.400 en 2010. Somos el segundo país con más mujeres obesas y el tercero con más hombres obesos en América Latina.
Ciertamente se trata de un ranking que no es para orgulleserse. En el caso de los niños menores de 6 años, la situación es realmente alarmante. Un estudio de 2010 muestra que el 22,4% de los niños tiene sobrepeso y el 10% de ellos presenta características de obesidad.
El hecho es que en las últimas décadas los trastornos de salud en la etapa de crecimiento cambiaron significamente. Pasamos de una sociedad donde éstos estaban ligados a retrasos en el desarrollo y raquitismo, a una donde los principales problemas son la obesidad, el riego de enfermedades cardíacas, diabetes y depresión. Hoy se habla de una pandemia que trae asociada problemas de movilidad, respiratorios e hipertensión, problemas ortopédicos, hígado graso, síndrome metabólico, cáncer, problemas relacionados con el embarazo, diabetes II y dificultades psicosociales, entre otros.
En el caso de los niños con sobrepeso y obesos, los estudios demuestran que tienen una mala condición física, con lo cual tienen menos posibilidades de hacer actividades normales, más posibilidades de deprimirse y ser víctimas de acoso y bullying y más posibilidades de enfermarse. En definitiva, tienen una calidad de vida desmejorada y menos oportunidad de educación y trabajo.
En el reciente Seminario Internacional de Educación Inicial de la Fundación Educacional Oportunidad, la ex presidenta de la Academia Americana de Pediatría y profesora de pediatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, doctora Judith Palfrey, quien apoyó en el diseño de la campaña “Let´s Move” de la Primera Dama de Estados Unidos Michelle Obama, sostuvo que “ésta podría ser la primera generación que vivirá más enferma y morirá antes que la generación que la precedió”. Se trata por lo tanto de un grave problema de salud pública. Ello está significando que hay un mayor monitoreo y conciencia y se promueven distintas iniciativas como “Elige Vivir Sano”, impulsada por Cecilia Morel desde La Moneda.
Sin embargo, es evidente que no basta el enfoque de salud para abordar el sobrepeso y la obesidad. La educación tiene mucho que aportar y desgraciadamente tenemos un déficit en este ámbito. Los primeros años escolares representan una etapa fundamental para trabajar con los niños y sus familias. El sistema escolar debe incorporar estrategias para aprovechar esta oportunidad con el fin de crear un inicio de vida saludable con los niños, a través de la educación de los docentes y las familias, de manera que sean los adultos los que transformen sus hábitos para enseñarles a los niños una manera distinta de alimentarse y de vivir. Significa también, poner al acceso de los colegios alimentos saludables y aumentar la actividad física de los niños.
Salud y educación están relacionados. Las intervenciones en los programas de la primera infancia pueden tener un efecto sobre los resultados en materia de salud y los modelos educativos que incluyan a la familia y a la comunidad, son los que pueden mejorar los resultados en la salud de los niños y niñas.

