Bonito título para presentarme en mi primera columna acá, pero son las tres palabras que se me vienen a la cabeza cuando pienso en cómo vivir el 2012. Que de tanto que se ha hablado que se va a acabar, aunque no crea que eso pase, lo quiero vivir como si fuera el último.
Aunque parta por el corazón, aclaro que no soy una dulzura, no se ilusione. Elijo el corazón no por San Valentín ni porque me gusten los chocolates o dibujar corazones en mi libreta; lo elijo porque creo funciona mejor que la cabeza, esa que mucho piensa y mucho que nos frena también (lo que a veces es bueno), pero hay que probar lo rico que es serle fiel al corazón aunque algunas veces cometas errores por eso. Si total no estoy hablando de irme a una reunión en la oficina sin pensar y hablar con el puro corazón; me refiero a liberarnos de mente, a sacar a veces algunos “no” y convertirlos en “puede ser” y luego en “sí”. Es como pensar que andamos en pelota, pero sin andar en pelota. A ponerte esa falda floreada fosforescente que te identifica a cinco cuadras, poco común y que tanto amas, sin pensar que el resto te mira raro en la calle; a comer sin pensar que estás subiendo X calorías, en definitiva, a olvidarnos un poco de las consecuencias. Tener ese desafío y dejar fluir eso que muchas veces reprimimos, como los impulsos de hacer algo y disfrutar. Hay que probar.
Lo de guata me refiero a eso que las minas llamamos, “tengo una sensación rara”. Yo soy súper bruja en ese sentido y casi siempre le hago caso a frases como: “esta mina se ve como súper amorosa, pero no la paso, me da una cosa rara, no sé por qué”. Ojo que el corazón siempre se une a la guata, y juega como el papel más central. “Lo amo, dice el corazón; pero sé que es un winner y que no va a durar mucho siendo fiel, dice la guata”, ¿qué hacemos? La historia es conocida, muchas siguen con él y terminan dándose cuenta que siempre supieron quién era el perico que tenían al lado (winner), pero a pesar de eso siguieron… en fin.
Y calzón es la parte más entretenida. Si quiero vivir mi año como si fuera el último, obvio que en mi liberación de mente y corazón va el dejarme llevar por lo rico de una química sexual con mi pareja. Hacer cosas nuevas, sorprendernos mutuamente, coquetear, atrevernos a hacer cosas que pueden dar vergüenza si lo pensamos, pero hacerlo sin pensar mucho y entregarnos a la experiencia.
Si se está soltero, no le digo que ande como loco/a buscando una pareja para pasarlo bien bajo las sábanas y de flor en flor (aunque si quiere, nadie se lo impide), sino que anden menos quisquillosos con el tema, que vuelvan a dejar la mente fuera cuando están ahí. “Que me voy a ir y él no”, “Que si grito mucho”, “Que el rollo se me nota”, etc. Siempre lo digo, pero cuando uno está ahí, no hay nadie más, así que libérese y haga lo que quiera, total, estamos en cuatro paredes. Enjoy it.

