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Se va “el Pepe Mujica”…

Se va “el Pepe Mujica”… Se va “el Pepe Mujica”…

“Un presidente debe vivir como la mayoría de su pueblo, y no como la minoría…” una frase que bien podría dejar sin aliento a supuestos líderes progresistas de la región que critican al capitalismo salvaje desde un Mercedes Benz, vestidos de Armani, con carteras de Vuitton y relojes Cartier…

Cuándo un presidente que asume con menos “ruido” que otros, por el tamaño del país y por su supuesta influencia en la región, y cuándo se retira con mucho más “ruido” que cualquiera de los otros mandatarios de países supuestamente más determinantes, significa que ha dejado algo más que un período de gestión.

Una gestión que pudo ser mejor o peor, con aciertos y errores, pero que de ninguna manera empañan la calidad de la política que intentó llevar adelante y por la cuál será recordado.

Se va “el Pepe” de la presidencia de Uruguay, pero creo que se queda como reflejo de un progresismo crudo y verdadero.

Claridad, honestidad manifiesta y un discurso simple y que por ser simple es complejo y comprometido, han sido sus pilares.

Pilares que no necesariamente han permitido una gestión eficiente en el país, dónde se percibe que los puntos flojos superan a los puntos fuertes, pero que han dejado huella como valores fundamentales de lo que significa la política como vocación.

“Un presidente debe vivir como la mayoría de su pueblo, y no como la minoría…” una frase que bien podría dejar sin aliento a supuestos líderes progresistas de la región que critican al capitalismo salvaje desde un Mercedes Benz, vestidos de Armani, con carteras de Vuitton y relojes Cartier…

Todos fueron a saludar al Papa Francisco el día de su asunción, pero Pepe no fue…Pero lo visitó a los pocos meses y cuándo le preguntaron sobre la reunión, la sintetizó en una frase “Este tipo (por Francisco) tiene boliche…”, haciendo honor al espíritu simple, verdadero y terrenal del Pontífice, algo que el también predica más allá de toda religión.

Su “fusca” hoy vale un millón. Su perro de tres patas, su casa en la “chacra”, son algo más que símbolos de austeridad. Parecen de felicidad.

“Hemos creado una civilización que no podemos gobernar…” le dijo a sus colegas presidentes de todo el mundo en la cumbre de Río 2012, tal vez recordada por su discurso más emblemático sobre como los seres humanos hemos perdido calidad de vida por perseguir una condición que exacerba el consumo y nos hace infelices.

Se va “el Pepe”.

Pero queda la imagen de sus zapatos gastados. Podemos discutir que no necesariamente será un buen presidente aquel que exija a la sociedad vivir como él, pero si vive como la mayoría y respeta a la minoría y si  motiva a vivir de una forma más comunitaria, solidaria y pensando siempre en valores constructivos, como la amistad, el amor y la honestidad, estamos en presencia de un líder positivo.

Alguien puede proclamar que ha adoptado una postura exigida desde el marketing…

Otros pueden criticar la gestión del cierre de Pluna, del aumento de la delincuencia, de la pobreza no resuelta.

Otros lo tildarán de soñador por haber legalizado la marihuana.

Pero no nos olvidemos de la palabra, de la simpleza…

Eso le hace bien a la política, rodeada de voraces y pretensiosos.

El Pepe Mujica no tomó el poder, se ganó el juicio de los demás para poder hacer. Y eso es legítimo.

Se va un grande de un país pequeño. Queda su idea, su estilo y su impronta.

Ojalá sea suficiente ejemplo frente a tanta soberbia, terquedad y corrupción.

Y un ejemplo para que los progresistas, sean progresistas…de verdad.

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