Miércoles, 22 de mayo de 2013

Senado y aborto

Proyecto de Ley Aborto Terapéutico

Estar en contra del aborto (terapéutico o no), no legitima a nadie para cerrar un debate y decirle a la sociedad que sobre esto no se habla. La libertad de expresión es un pilar central de toda democracia y en base a ella la sociedad tiene el derecho a informarse y debatir abiertamente.

El Senado decidió, tras una extensa jornada el día miércoles 4 de abril, no debatir los 3 proyectos presentados sobre aborto terapéutico. Estos habían sido presentados por los senadores Guido Girardi, Camilo Escalona y el último por Fulvio Rossi con la ex senadora (y actual Ministra del Trabajo) Evelyn Mathei. Todos, como ya dije y sabemos, fueron rechazados para ser discutidos, cuestión celebrada también por el Gobierno.

Este rechazo implica un nuevo cierre de puertas por parte de la clase política para profundizar nuestra democracia. Entre otras razones, por las siguientes:

En primer lugar, un elemento fundamental de toda democracia es el debate amplio y robusto, donde todas las personas puedan plantear sus puntos de vista, por más incómodos que a algunas personas les parezca y donde todos los temas sean discutidos abiertamente. Una democracia deliberativa exige que los poderes del Estado debatan los temas de interés público –como claramente es el aborto- de manera abierta y participativa, no estableciendo a priori qué temas entrarán a discutir y cuáles no. Un Congreso es por excelencia un escenario de debate y discusión, sin embargo al rechazar los 3 proyectos se ha acercado a la figura de un órgano controlador de los temas sobre los cuales la sociedad puede conversar, más que a una instancia deliberativa.

En segundo lugar, el Congreso pierde una tremenda oportunidad de abrir las puertas para escuchar las diferentes opiniones de la sociedad civil. El rechazo parece más bien una reacción de temor ante lo desconocido, un cerrar de ojos, un acto de sordera ante una realidad que afecta a miles de mujeres en Chile año a año (sí, miles). El Senado les ha dicho a todas esas personas que su problema no les importa, que no amerita ser revisado y que deben seguir actuando de la manera a la que punitivamente el Estado les obliga. Obviamente, un sistema binominal como el nuestro es garantía suficiente para los parlamentarios para cerrar las puertas del debate y no sufrir las consecuencias electorales.

En tercer lugar, el miedo a debatir el aborto encierra la discusión en una lógica binaria (vida o no vida, planteamiento de por sí cuestionable) que no ayuda a ver el conjunto de derechos involucrados en torno al aborto. La discusión de fondo debe plantearse en términos de derechos: debatir sobre la igualdad y no discriminación (quién tiene acceso a un aborto y quién no), sobre libertad (autonomía para tomar mis decisiones y sus restricciones legítimas en una democracia), sobre salud (cifra negra de mujeres que mueren en Chile anualmente por abortos clandestinos) y también derecho a la vida, entre otros. Estar en contra del aborto (terapéutico o no), no legitima a nadie para cerrar un debate y decirle a la sociedad que sobre esto no se habla. La libertad de expresión es un pilar central de toda democracia y en base a ella la sociedad tiene el derecho a informarse y debatir abiertamente.

El punto es finalmente que usted puede estar de acuerdo absolutamente conmigo, puede que solo en algunos aspectos o no compartir nada de lo que digo, pero esas opiniones se deben encontrar en un debate abierto, sin censura, escuchando la variedad de opiniones que existen en nuestra democracia (que son más que las dos opiniones presentes en el Congreso). Lo que no puede pasar es lo que justamente pasó: que el Senado nos diga qué debatir, cómo, cuándo y dónde. Así es muy difícil profundizar nuestra democracia.

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