Shame pareciera ser una película que quiere, desea y ostenta hablar sobre sexo. Asimismo, su tráiler ofrece exactamente aquello. Deseo, fricción y algo de perversión. Y todo esto, no es con el afán de seducir/erotizar al espectador. Sino que Shame busca hablar sobre exactamente lo contrario: la dependencia, el mero acto de acabar dentro de alguien y de hasta pagar por un placer.
Brandon vive dentro de su propia pecera y cuando digo esto es porque él mismo la construyó. Nueva York es la jaula del protagonista o más bien la de todos sus transeúntes. Por eso es que no es extraño que hayan censurado esta película de Steve Mcqueen en EEUU. Debe ser que los Green boys no quieren enterarse de lo que se ha convertido su más grande urbe, será que es mucho más simple evadirlo. Es por eso que el director debe haber escogido esta ciudad como uno de los principales ejes de narración. Brandon vive su día en su rutina más honesta para sí mismo. Despertar, masturbarse, trabajar, masturbarse, beber un trago, tener sexo y dormir.
En esa misma rutina es cuando aparece su hermana Sissy y lo primero que vemos de ella, es su cuerpo desnudo tomando una ducha. Brandon no puede dejar de pensarlo, su hermana es el ser más cercano que tiene en el mundo y eso aun así no le impide sentir una pulsación sexual por ella. El resto, es historia: la historia que decidirán ver o censurar en sus vidas. Lo interesante de Shame es que todos esperan ver sexo realmente explícito, gigantes orgías, incesto, planos abiertos sobre gente copulando y más que todo, secretamente, sentirse erotizados por una historia como ésta. Lo que no saben es que habrá agonía y una extraña sensación de incomodidad, que no resulta siendo aversiva, sino introductoria; introductoria en la película y en la vida de los personajes, la que en verdad, es una incógnita.
No sé si darle todas las estrellas de la vía láctea a esta película. Lo que sí sé es que Michael Fassbender (Brandon) y Carey Mulligan (Sissy) se ganan todos los premios del mundo para mi gusto. Por intensos, calientes e impecables en su sincronía al momento de actuar.
Hasta la vista, pervertidos.

