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Opinión

Sí, preferimos Uber: gracias a ustedes taxistas

Sí, preferimos Uber: gracias a ustedes taxistas Sí, preferimos Uber: gracias a ustedes taxistas

Es una pésima excusa el que “Uber no paga impuestos”, los taxis tampoco. Ni siquiera nos entregan los boletos, se dan el gusto de andar con las máquinas sin tinta, desconfiguradas y en muchos casos manipuladas para sacar provecho de pasajeros con poca cultura de taxi y que no están mirando el taxímetro a cada rato para no ser víctima de un cobro excesivo.

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Periodista. He pasado por radio, televisión y medios digitales. Donante por opción y no porque la Ley lo dice. En Twitter @macailabaca

Tiene razón el Ministro Gómez-Lobo cuando dice que la gente prefiere Uber, las razones son evidentes: siempre están limpios, sin olor a cigarro y si nos atienden mal los evaluamos como tal. En cambio, si uno pasa un mal rato arriba de un taxi el mal rato “Qué Dios lo pague”.

Pero no se engañe, también hay autos Uber (y ojalá ya los hayan sacado de la App) repletos de adornos religiosos, fotos de la familia, con frases de “Hijo de Dios”, “Dios es Amor” y con colonias baratas pasosas. Pero serán uno en 50.

En rigor, tal vez no deberíamos usar Uber porque es pirata, porque los vehículos no lo manejan conductores profesionales y por muchas cosas más. Pero lo preferimos gracias a la verborrea y falta de argumentos sólidos de los conductores de techitos amarillos, que en vez de decir “Yo puedo andar en una vía exclusiva y reducir el tiempo de viajes y costos, los Uber no”, prefieren patalear y gritar hormonalmente que son ilegales y que les quitan el trabajo hay harta diferencia, ¿no?

Si los taxistas plantearan “su lucha” contra Uber explicando que la mayoría son de oficio, y que no dedican solo algunos tiempos como en muchos casos del servicio que presta la App, seguramente encenderían ese espíritu de “cuestión social” que todos llevamos inserto.

A los choferes de techos amarillos le pasa algo parecido que al gremio de los periodistas, hoy día cualquiera con talento escribe y si “le pega” a las redes sociales, puede ser Community Manager. Cualquiera se puede subir a un auto, conducir y llevar pasajeros, pero la realidad no es así.

El taxista tiene que sacar una licencia especial, la A2 por ejemplo, que no es como la licencia B que hasta hace algún tiempo era cuestión de estudiarse de memoria las preguntas, zafar el examen práctico y teníamos licencia. Los taxistas no, tienen que hacer un curso que demanda inversión económica y también de tiempo.

Pero cinco razones del por qué preferimos Uber:

1- Porque nos aburrimos del maltrato, de las malas caras y de la pésima disposición. De la permanente selección de llevar a quien se les antoje en el auto, a bajar PASAJEROS que son clientes porque sus carreras son cortas y por usar abusivamente las pistas de autos particulares y no las vías exclusivas. Nosotros ahorramos tiempo y plata, ustedes bencina y podrían optar a más carreras, pero prefieren castigar a un pasajero.

2- El servicio lo entregan a medias, no todos obviamente, pero muchos de sus colegas manejan los taxis sin siquiera conocer las calles. Entonces, ahí el pasajero (cliente) tiene que estar dando coordenadas y arriesgando dar vueltas adicionales si al conductor le cuesta entender instrucciones ¿injusto cierto?

3- Y es una pésima excusa el que “Uber no paga impuestos”, los taxis tampoco. Ni siquiera nos entregan los boletos, se dan el gusto de andar con las máquinas sin tinta, desconfiguradas y en muchos casos manipuladas para sacar provecho de pasajeros con poca cultura de taxi y que no están mirando el taxímetro a cada rato para no ser víctima de un cobro excesivo. Bajarse de un taxi sin que te cobren demás es sinónimo de buena suerte.

4- Han privilegiado el matonaje y sin medir que se pueden equivocar en el intento, lo digo por experiencia propia. Un día jueves, a eso de las 11 de la noche de retorno de entrenamiento, íbamos cuatro personas arriba del auto y un taxista me siguió con cara de odio (pensando que era Uber) desde Pedro de Valdivia hasta Miguel Claro con Providencia. ¡Menos mal que el auto solo tiene tres puertas!

5- Y gracias a la CONFENATACH, sus pésimas intervenciones públicas y los taxistas empoderados que se han dedicado a espantarnos en cada viaje que nos ha tocado hacer en sus autos. Y haciendo hincapié en sus escándalos públicos que regalan publicidad a estas aplicaciones ¿por qué no se asesoran comunicacionalmente?

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