El mundo y la vida están llenos de complicaciones, de eso no cabe duda. La demanda de Perú, la economía que decae, la contaminación que aumenta, el nuevo Mundos Opuestos, las fotos de la Vale Roth, las aptitudes amatorias de Ronny Dance, la tía Paty, la tía Lela y tantas cosas más, han hecho del día a día un complejo menjunje de emociones. Pero no terminan ahí, no. Porque si en medio de semejantes obstáculos diarios te encuentras en una situación sentimental confusa, por no decir desastrosa, cualquier tipo de dificultad crece exponencialmente.
Discriminando las situaciones anexas, una de las consecuencias de terminar una relación es que, gracias al bendito Facebook, pasas a ser comentario obligado de tus amigos, sus amigos, los amigos de sus amigos y hasta de huevones que no son amigos de nadie, pero que saben que terminaste porque Facebook se los dijo. ¿La razón? Simple: Facebook es copuchento, igual que la señora que se esconde detrás de la cortina y apaga la luz para mirar por sobre la pandereta, y lo peor, es que nosotros mismos invitamos a esta señora sapa llamada Facebook a que nos analice, a lo que ella responde con un desubicado y a veces irónico “me gusta”.
En el pasado, las relaciones y los términos eran fáciles y podías pasar piola, de huevón, como dirían algunos. Terminabas con un “hasta pronto”, un “no eres tú, soy yo” o con el clásico, pero en ocasiones muy necesario “ándate a la chucha”. Hoy, todo eso cambió y ya no sólo debes terminar tu relación, también debes confirmarla socialmente. Por qué? Ya lo dije antes, Facebook es copuchento y a los que también lo somos un poquito, nos encanta.
En la mayoría de los casos, los términos son algo simple: “cuídate harto” decimos la mayoría (aunque te importe un rábano), pero Facebook y las redes sociales en general te cagan la vida, porque ya no sólo tienes amigos en común en la vida real, sino que también en la vida online.
En algún momento, pasa que al terminar una relación te borran hasta del grupo de amigos de Facebook, ese grupo en el que tú eres el que más habla, y lo único que recibes a cambio es un mensaje diciendo “lo siento, pero tuve que hacerlo”. La reacción de una mina (no todas obvio, sólo las que me han tocado a mí): sicopatearte el perfil para ver si conociste a otra, si te agarraste a otra, si te quieres agarrar a otra, si te casas con otra o lo que sea, pero con otra. La reacción de un hombre es más simple: crear otro grupo donde hayan otras minas, más minas, mejores minas, nuevas minas… (dije minas o todavía no?). Como consejo, déle click al botón “grupo secreto”, porque acuérdese que Facebook es copuchento y así se ahorra las preguntas, los mensajes, los me gusta y los dramas online que se merecen un “no me gusta”.
Por último, me gustaría mencionar que todo lo aquí expuesto es sólo coincidencia y no tiene relación con la realidad. No me creen? Bueno, pregúntenle a Facebook, porque seguro que sabe.

