Sólo hombre y mujer tienen derecho al matrimonio (porque maricones pueden ser pedófilos)

El título que usted lee, es la síntesis del pensamiento de un grupo de parlamentarios, políticos y juristas chilenos en torno a la posibilidad de reconocer legalmente un acuerdo de vida en común o un concepto de matrimonio que incorpore las relaciones homoafectivas. Tal resumen se construye en base a tres episodios de reciente ocurrencia y sobre los cuales manifestaremos nuestra opinión a continuación.

Primero, a comienzos de junio, el Diputado Enrique Estay se quejó a través de su cuenta de Facebook porque a su juicio algunos de los miembros de su coalición política se encontrarían “Preocupados de los maricones y no del enjambre de burócratas concertas que lo obstruyen todo, para que los beneficios no bajen a los más pobres y a la clase media”. El parlamentario, ante los reclamos de personas homosexuales que se sintieron ofendidas por el empleo de la palabra maricones, señaló que no se encontraba arrepentido y se defendió argumentando que ese sería el término correcto según la Real Academia de la Lengua para referirse a (sic) “al invertido, al sodomita (…) que va en contra del orden natural”.

Segundo, el 17 de mayo de 2011, dos senadores de la República presentaron un proyecto de reforma constitucional (http://sil.congreso.cl/docsil/proy8052.Z ) cuyo propósito era agregar al inciso segundo del artículo primero de la Constitución (que actualmente señala: la Familia es el núcleo fundamental de la sociedad) la siguiente frase: “En garantía y protección de la familia, sólo un hombre y una mujer, tienen el derecho para contraer el matrimonio”. A raíz de la polémica que generó, el proyecto fue retirado tres días después. Dicha moción, en su fundamentación señalaba: “El presente proyecto de reforma constitucional, evita asumir posiciones religiosas o filosóficas, que habitualmente se fundan en preceptos dogmáticos o fundamentos carentes de razón, sino que muy por el contrario se nutre y hace suyas la valiosa doctrina de grandes autores del derecho, en que de un modo unívoco que el matrimonio sólo puede ser entre un hombre y una mujer, como la imposibilidad absoluta del matrimonio entre personas del mismo sexo” (El énfasis es nuestro)

Y Tercero, el abogado Cristian Espejo, luego de asistir a un interesante debate sobre el proyecto de Acuerdo de Vida en Común organizado por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Andrés Bello, concedió una entrevista a The Clinic TV (http://www.youtube.com/watch?v=YoZadygo6ek) en donde manifestó los siguientes argumentos para oponerse a la iniciativa de marras: (1) que le preocupa que homosexuales hagan uso del matrimonio para captar niños con el objetivo de abusar sexualmente de ellos, (2) que su experiencia como abogado penalista le ha enseñado que numerosos pedófilos son homosexuales reprimidos, (3) que a su juicio, la mayoría de las personas homosexuales lo son a consecuencia de experiencias traumáticas en su infancia (4) y que a nivel mundial hay muy poca literatura científica que aborde el origen de la homosexualidad (hecho del cual colige una supuesta falta de sinceridad de las personas homosexuales para abordar el asunto). Corona la entrevista haciendo un llamado a debatir el tema en base a evidencias científícas.

¿Pueden estas personas pensar de esa forma? Claro que sí, de eso se trata la libertad de conciencia. ¿Tienen derecho a expresarlo? Desde luego. Esa es la principal utilidad de la libertad de expresión. Sin embargo, la libertad para expresar nuestra ideas tiene una importante contrapartida: el escrutinio que terceros pueden ejercer respecto de ellas, especialmente en cuanto a su oportunidad y veracidad. Algo de aquello intentaré hacer a continuación.

En primer lugar, particularmente respecto de los dichos del Diputado Estay. Aun cuando pueda ser un uso adecuado según el diccionario de la RAE. ¿Es necesario o imprescindible que un Diputado de la República se refiera a un grupo de personas empleando un término que para ellos resulta ofensivo o humillante?¿El Diputado – que se declara respetuoso de las normas del idioma – no pudo hallar un sinónimo que fuese menos agresivo para referirse a las personas homosexuales?

En segundo lugar, específicamente respecto del fallido proyecto de reforma constitucional al que aludimos más arriba. Cualquier persona tiene derecho a pensar que el matrimonio debe ser sólo entre un hombre y una mujer. De eso no hay duda. Pero sostener que aquello no obedece a convicciones religiosas o filosóficas es absolutamente falso. El matrimonio, como institución jurídico – social es una obra de los seres humanos en cuya virtud dispensamos reconocimiento oficial a uniones afectivas y como toda construcción humana, puede responder a diversos propósitos. Detrás de cada propósito, finalidad u objetivo que se asigna al matrimonio hay una manera de ver y comprender el mundo: hay un proyecto de deber ser (una filosofía) o una explicación trascendente de las cosas (una religión). ¿Para qué ocultarlo?

En tercer lugar, acerca de las declaraciones de Cristian Espejo. Me parece impresionante la forma en que no trepida en formular conclusiones categóricas sin ningún asidero. Y es más, disfraza de verdades científicas opiniones que sólo revelan su profunda falta de información en el tema.

Su primer argumento para negarse al matrimonio homoafectivo no sólo es ilógico y antojadizo, también es profundamente prejuicioso e violento: advierte que homosexuales pueden usar matrimonio para procurarse niños con el objetivo de abusar sexualmente de ellos. Lo que una sociedad debe tener en cuenta al evaluar el reconocimiento de una institución no es otra cosa su capacidad de aportar al Bien Común y su aptitud para satisfacer los derechos fundamentales de las personas. Si el criterio para el reconocimiento de una institución fuese el mal uso que de ella pudieren hacer algunas personas, deberíamos suprimirlas casi a todas. El matrimonio, la familia, la iglesias, las escuelas, las universidades, las policías, los partidos políticos, los clubes deportivos, los sindicatos, los colegios profesionales y hasta el propio Estado: cualquier institución que se nos ocurra ha sido utilizada con fines perversos, absolutamente diferentes a los que le son propios. Y cuando eso ha acontecido – como es lógico – se ha sancionado a quienes le dan mal uso, no se ha eliminado la institución.

Con todo, lo más grave de ese argumento no es su falta de lógica sino lo violento de su contenido. Sugiere que las personas homosexuales son seres peligrosos que la sociedad debe mantener bajo especial vigilancia.

Al igual que Espejo, soy abogado. Por esta razón no me aventuraré en juicios que escapan tan ostensiblemente de mis competencias profesionales y de mis posibilidades de conocimiento. Atrevimiento que él si tiene al sugerir “a partir de su experiencia como penalista” la existencia de una conexión entre pedofilia y homosexualidad y al desconocer que está última hace mucho tiempo que dejó de ser considerada como una enfermedad por la APA (American Psychological Association).

Por último, resulta especialmente preocupante la manera que Espejo confunde su escaza prolijidad en la búsqueda de información sobre la homosexualidad con falta de producción científica en la materia. Haciendo una rápida indagación en cualquier buscador de internet se puede encontrar un número considerable de estudios científicos sobre el origen y consecuencias de la homosexualidad, especialmente respecto de niños al cuidado de parejas homosexuales. Imagino que el colega podría encontrarlos, claro está, si se da el trabajo de buscarlos.

En fin, hay una sola cosa en la que estoy de acuerdo con Espejo. Resulta imprescindible debatir sobre legalización de las uniones homoafectivas en base a evidencias acreditadas y sin acudir a mitos o prejuicios. Lamentablemente, los tres ejemplos mencionados, no aportan en tal sentido.

 

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