Viernes, 24 de mayo de 2013

Somos Adictos

/ Agencia Uno/ Agencia Uno

No necesariamente son consumidores 100% online. Pero están conectados. Siempre. Y ven a sus teléfonos como una extensión de su cerebro (está toda la información que no pueden retener, contactos, conversaciones, sus mails, su conexión laboral y de ocio, etc).

Amamos nuestros teléfonos (smartphones). Así de simple. Es es el insight que mueve a los consumidores que viven permanentemente conectados.

No necesariamente son consumidores 100% online. Pero están conectados. Siempre. Y ven a sus teléfonos como una extensión de su cerebro (está toda la información que no pueden retener, contactos, conversaciones, sus mails, su conexión laboral y de ocio, etc).

No sólo por eso lo tienden a defender automáticamente cuando alguien los critica (“el mío tiene un X cantidad de GB en RAM y un procesador más rápido, es liviano, la batería dura más que…”) sino que no se separan de él ni para dormir. La cosa no queda ahí.

El 65% declara que no puede vivir sin su iPhone y el 15% está dispuesto a no tener relaciones sexuales que alejarse de su teléfono (sin comentarios). Las conversaciones en las comidas son interrumpidas con miradas, a veces de todos los comensales, que se pierden en las pantallas para el último posteo, tweet o correo, o sólo para revisar y asegurarse que no haya nada que contestar.

De hecho el 60% de las personas no pueden dejar pasar una hora sin chequear sus teléfonos y el 54% incluso los chequea mientras están acostados. El 73% tiene ansiedad de separarse del teléfono. Ni hablar del uso para las redes sociales.

Ahora, si bien el 60% de las personas utilizan su computador personal o notebook para conectarse y acceder a las redes sociales en el mundo, el 40% lo está haciendo a través de un smartphone (extrapolando, son más de 400 millones de personas en el mundo).

Incluso Facebook fue criticado en su pre salida a la bolsa por no tener un plan sólido para generar ingresos a través de la experiencia de la plataforma móvil (lo que se transformó en la razón aparente para comprar Instagram en USD 1.000 millones).

Y ni hablemos de la arremetida de los tablets, lo que empieza a sepultar, de a poco, la era de los computadores de escritorio. Y los políticos siguen pensando en la tele. En que toda la polémica (Velasco vs Girardi) y la cobertura de la campaña tiene que pasar, necesariamente, por cuantos minutos tienen al aire en las noticias.

Todo esto mientras utilizan las redes (sea cual sea) como un canal para empujar información. Las marcas más tradicionales, al menos en nuestro querido Chile, tienen miedo de entrar al ruedo. La postal eterna: el niño pálido frente a la piscina helada. Son varias las que se atreven, pero es como si esperaran a ser empujadas.

Y eso no es nada. Lo peor son las generaciones que se quedaron out. O que quieren quedarse fuera. Que no lo quieren entender. Que viven buscándole las cinco patas al gato para mantenerse aferrados al celular de palo. Y eso que todavía estamos en transición hacia el mundo móvil. En cinco años más serán los que pataleen por no haber entendido y por todo el tiempo hipotecado, esperando que pase la supuesta moda.

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