Domingo, 26 de mayo de 2013

Son todos narcos

Salfate

Ay, todas las cosas que decía, eran porque estaba jalado. Y lo más irónico del caso, es que existen millones de Salfates en Chile, repartidos en diversas profesiones, escondiendo múltiples depresiones, tratando de llevar la vida como mejor pueden.

¿Recuerdan aquel texto de 2011, en el que Jaime Bayly retrataba a la perfección a los chilenos, y consecuentemente, a este lado del mundo todos se enojaron? Bueno, hoy me acordé mucho de aquello: una visión fidedigna de una sociedad con extrema incapacidad para la autocrítica, estudiado desde la perspectiva de un extranjero. En aquel entonces, recuerdo haber escuchado críticas sobre el libro “Morirás mañana 2, el misterio de Alma Rossi”, y nadie se había leído el texto completo. En ese momento se trató casi exclusivamente la bisexualidad del escritor, y muy poco acerca de su obra. En resumen; se le dio (como siempre), importancia al absurdo, producto de la configuración pueblerina del paradigma chileno.

Y no culpo a la genética, que se perpetua cada vez con más arraigo, sino porque en Chile, la vida se concibe en flashbacks, en donde lo más significativo es lo irrelevante. Ayer fue un documento que en la actualidad miramos con distancia, mientras que ahora se da paso al chaqueteo sabroso que de seguro todos olvidarán (aquí la memoria no es más que una palabra para clasificar la Historia de otros países), pero que en estos minutos es mediático, valga la redundancia: un martes 12 junio de 2012, Juan Andrés Salfate fue incautado por la PDI nacional, todo por portar cocaína, como tantos otros.

Ha pasado un rato desde el incidente, y Salfate ya logró ser en TT en Chile y el mundo. Todo esto, por tener en su poder ciertos gramos de dicha droga, algo cada día más común en la sociedad chilena. Muchos lo negarán, porque no lo quieren ver, o porque no lo conciben, pero estoy segura que la utilización de esta sustancia sería mucho más masiva, si su acceso fuese más democrático y económico. Y como no creo en nadie, me atrevo a especular de forma poco original, que deshacerse de alguien, o rebajarlo, es efectivo cuando lo relacionas a una red de narcotráfico. ¿El precio de ser público? Puede ser. ¿El precio de haberse vendido al populismo? Totalmente.

Este publicista no merece mayores presentaciones. Después de una destacada carrera como comentarista y crítico de cine, ha pasado por diversos canales de TV, y en la actualidad realiza charlas sobre conspiraciones, el fuerte laboral a través del cual hace noticia. Lo anterior le ha traído problemas de diversa índole, y si hacemos volar la imaginación, posiblemente lo ocurrido también sea parte del plan maestro para darlo de baja. Lo cierto es que tras un hombre en extremo culto y muy informado, yace una figura, convengamos, “drogadicta”. ¿Y eso, qué tiene de malo? ¿Debería interesarles? ¿Acaso nadie nunca ha acudido a una medida escapista, sin importar las motivaciones?

Ahora el menoscabo hacia Salfate será más moda que nunca, y todo su trabajo pasará a segundo plano: lo relevante en esta historia, es que el tipo es un drogadicto. Qué horror. Recemos por él. Pobrecito. Ay, todas las cosas que decía, eran porque estaba jalado. Y lo más irónico del caso, es que existen millones de Salfates en Chile, repartidos en diversas profesiones, escondiendo múltiples depresiones, tratando de llevar la vida como mejor pueden. Y la crítica popular en desmedro de esta situación, se produce porque en este país existe una intelectualidad mal comprendida, como prácticamente todo tópico social que en este lugar reverbera. A alguien se le ocurrió imponer la moda, y los bípedos seguirán la senda sin importar las consecuencias.

¿Por qué la prensa británica no critica a Pete Doherty por su prontuario de extrema drogadicción? Porque en UK aceptaron que al músico le GUSTA drogarse, tal cual él lo ha dicho. ¿Por qué Maradona, uno de los rostros más característicos de esta condición, vive en Argentina la “condena” de ser respetado? Porque fue uno de los mejores en su profesión, y eso es lo que realmente importa. Sí, en honor a este ex jalero, crearon una religión y su respectiva Iglesia. Otros países nos demuestran que la vida es mucho más que lo evidente… Ahora, ¿por qué nadie criticó a Bob Dylan, cuando en sus años de cristianismo, sentía el mismo fervor por Jesús, que por la heroína? Porque a todos les daba lo mismo. Y así, puedo continuar con miles de ejemplos, pero aquí les revienta que alguien se reviente a sí mismo. Incluso pienso que es envidia solapada.

Juan Andrés Salfate ha sido uno de los entrevistadores más importantes que ha tenido Chile, en relación a temas artísticos, preferentemente cinematográficos. Si nos topamos con George Lucas mañana, o con David Lynch, posiblemente tengan solo buenas palabras para su persona. Se le puede objetar el método populista para dar a conocer hechos que ciertos poderes han tratado de ocultar por años, y siempre he creído en su veracidad, porque en lo personal han suscitado búsquedas que inevitablemente me han llevado a vivir aquello de lo que él habla, y puedo dar fe que muchas de sus teorías son ciertas y veraces.

En un país de silentes, al menos se atrevió a decir lo que nadie nunca expresó. La figura mediática que tiene en constante estado de alerta a todo el país, hace rato venía siendo el objetivo de la destrucción, por parte de aquellos que disfrutan y gozan como nadie el placer de ver a alguien caer, sea quien sea, eso da igual, lo importa es arruinar al que primero aparezca.

Muchos de los comentarios que he leído en redes sociales, son más cercanos a una lucha mesiánica contra las drogas, cuando los mismos personajes que los ejecutan, los fines de semana pasan más tiempo en los baños de los lugares públicos a los que concurren, que en los espacios donde pueden compartir con otros presentes. Entonces la crítica no calza. Por más que lo pienso, no me parece una actitud objetable, cuando ha demostrado con creces que no afecta su trabajo. Un adicción profesional no me parece impugnable.

Salfate, después de haber pasado años hablando sobre películas, está protagonizando la suya propia: un drama bien comercial, de taquilla, que al menos sirve para recaudar dinero, el cual servirá para que otras obras maestras puedan producirse. Y el valor esencial de este largometraje que estamos viendo, tiene un poder fundamental en su subtexto. Aquí no hablamos de un tipo que consume cocaína, sino más bien del menosprecio social al cual te lapidan cada vez que haces lo que otros amarían hacer.

Como la bajeza del chileno no tiene precedentes, la historia dará para mucho. Pero lo cierto es que el resultado de todo esto es el siguiente: existe algo bastante peor que la drogadicción y/o adicción, y eso es la deslealtad. En vez de apoyarlo, lo degradan. Los chilenos se han convertido en los productores más destacados del napalm visceral que significa menospreciar a alguien por una opción particular, sea cual sea, sin importar las consecuencias personales. Si no te afecta, que no te interese.

¿Por qué son así los jaguares de Sudamérica? ¿Se dieron cuenta que ronronean menos que un gatito recién nacido? Francamente ubíquense.

 

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