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Opinión

Suicidios en el rock: ¡Que alguien haga algo!

Suicidios en el rock: ¡Que alguien haga algo! Suicidios en el rock: ¡Que alguien haga algo!

"Un artista, del área que sea, que se vuelve conocido, famoso, ídolo, tiene una responsabilidad social. Y el medio que a él lo sustenta, comercializa, representa, es quien tiene el deber de velar por que éste se encuentre en buenas condiciones físicas y emocionales".

Johanna Watson

Por


Publicista, redactora creativa, independiente. Ha escrito en distintos medios, como Pániko, Zancada, El Fracaso y Rockaxis.

Chris Cornell, vocalista de Temple of The Dog y Soundgarden, fue encontrado fallecido el 18 de mayo de este año. El vocalista de Linkin Park, Chester Bennington, fue hallado muerto hace pocos días, el 20 de julio para ser exactos. Ambos cometieron suicidio con sólo 2 meses de diferencia.

Sin duda, para quienes amamos el rock, estas noticias nos trajeron sentimientos de asombro y tristeza. Ellos fueron músicos que lideraron bandas que para muchos de nosotros fueron sumamente importantes, al punto de sonorizar varios momentos de nuestras vidas.

Al enterarnos, el sentimiento es sobrecogedor, y, para nuestros ojos, poco comprensible: eran dos tipos exitosos, con buen pasar en lo económico, hijos, familia, carreras vigentes y talento. Mucho talento.

La cercanía en el tiempo de ambos decesos, debieran marcar un precedente en cuanto a los cuidados que necesita un artista. Estamos hablando de tremendas pérdidas humanas, pero también de personas que están a un gran nivel en su calidad de artistas y que tienen millones de seguidores en todo el mundo. Por lo mismo, el mensaje que dejan a todas estas personas es desolador.

Y es aquí donde quiero llegar. Un artista, del área que sea, que se vuelve conocido, famoso, ídolo, tiene una responsabilidad social. Y el medio que a él lo sustenta, comercializa, representa, es quien tiene el deber de velar por que éste se encuentre en buenas condiciones físicas y emocionales para seguir adelante con los planes de grabación, giras, o lo que sea que sus contratos estipulen.

Los suicidios y muertes por sobredosis en el rock y otras artes se vienen dando desde hace muchísimo tiempo, sin embargo pareciera que nadie se hace cargo de aspectos que debieran considerarse “parte de” al momento de dirigir la carrera de un artista. Me refiero puntualmente a la sensibilidad extrema de un creador. Que por muy rockeros que sean y se vean, sienten y viven todo de otra manera: son más intensos, más sufridos, son personas más vulnerables.

¿De qué otra manera se explica la facilidad para caer en dependencias de alcohol y drogas, sus finales trágicos y a temprana edad?

Imagino entonces que quienes administran las carreras de grandes artistas tienen considerado este ítem. ¿O les da lo mismo?

Pareciera que sí, que les da lo mismo. ¿O cómo se justifica que a la cantante Amy Whinehouse se le haya permitido actuar en las condiciones que lo hacía? Todos fuimos testigos de un descuido absoluto con ella.
¿Acaso no era adulta? Pensarán algunos de ustedes.
La respuesta para eso es que la adultez es nada cuando hablamos de personas enfermas de depresión, alcoholismo o drogadicción.

Ahí es donde se debería legislar, hacer algo. Declarar a la persona incompetente para vivir sola o tomar decisiones. Ahí es cuando los manager deberían anteponer el bienestar de sus representados por sobre los contratos. ¿O es que les da igual porque los artistas siguen vendiendo ya muertos? Porque, digámoslo, en muchos casos estas muertes generan sabrosas oportunidades comerciales para el medio que los promociona.

Durante sus carreras, se trabaja arduamente con y en ellos. Se construye su imagen, se elaboran discos, video clips, se hacen agotadoras giras que dejan cuantiosas ganancias. Se invierte en estas personas.

Pero del bienestar de ellos ¿quién se encarga? ¿quién cuida a los artistas?

Los ejecutivos no se hacen cargo de ellos ni menos les preocupa cómo el mensaje de un ídolo puede recaer consciente o inconscientemente en un fanático. Cómo éste puede intervenir en una mala decisión, de qué manera se acepta y naturaliza el suicidio.

Cuando Kurt Cobain, vocalista y líder de Nirvana se mató existieron varios suicidios entre sus fans.

Y luego nos asombramos y llegamos a la misma conclusión de siempre: “Estaba enfermo”. Y si estaba “enfermo” (drogas, depresión) ¿por qué estaba actuando? ¿De gira? ¿Etc?

Buscar culpables suele ser algo que en estos casos resulta odioso pero inevitable. Pero más que culpables lo que busco es plantear soluciones. Claramente muchas de estas pérdidas podrían evitarse.

Si se actuara a tiempo podrían salvarse vidas, tal vez aún estarían entre nosotros Whitney Houston, Michael Jackson, Layne Stanley, Amy Whinehouse, Chris Cornell, Kurt Cobain, Scott Weiland, Prince, Chester Bennington, Robin Williams, Heath Ledger, Michael Hutchence, Shannon Hoon, Philip Seymour Hoffman, Carrie Fisher, entre tantos de esa dolorosa lista de partidas trágicas y tempranas.

No es posible que esto pase una y otra vez y que nadie haga nada. Cuando un artista llega a cierto nivel, debería definirse unilateralmente y de manera estable un staff que se encargue de su salud mental y emocional. Es lógico, deben lidiar con sus propias historias y dolores más lo sobrepasadora que puede volverse la fama, el dinero y el éxito.

Deberían hacer algo, al menos intentarlo. Quién sabe si la situación se puede mejorar, o talvez es sólo una teoría.

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