Hubo un momento, en que para parecer serio y a veces inteligente, se debía hablar en forma difícil; hermética a ratos y por supuesto, dejar caer nombres con una familiaridad indisimulada.
Esas conversaciones de cocktail, donde aprendí quien no era Lacan. Durante un pisco sour, antes de la Ley Seca, se podían escuchar variadas teorías sobre el Dr. Jacques, salpicado con Chomsky y Derridá, como petit bouches culturales.
Después de varios episodios llegamos al Twitt Talk. Todo cortito y nada de irse de Tesis porque se quedará solo en la parrilla; ese nuevo ritual social de reunión, donde se sacrifica un animal previamente envasado al vacío en Nueva Zelanda finamente despostado con laser, para preservar la Huella de Carbono y ser un producto que aporte a la Sustentabilidad del Planeta.
Esa es la palabra más larga que tuve la oportunidad de escuchar, cerca de los peces que reemplazaban a la carne, sin que nadie supiese porque se seguía con esta distorsionada tradición cristiana. A pesar de ser larguísima y difícil de pronunciar, la palabra sustentabilidad se puso de moda y ya se aplica a casi todo, desde proyectos políticos , económicos, hasta relaciones humanas. Sin embargo, ese sustantivo está más cerca de convertirse en un eslogan que de cambiar algo en serio.
Obvio. Los edificios también tienen su versión sustentable: es la que busca el uso racional de los recursos naturales durante la construcción, el ahorro de energía en su funcionamiento y el cuidado del medio ambiente en todo momento. Todas cualidades más que loables cuando se habla de grandes edificios que consumen enormes cantidades de electricidad para sus ascensores, luces y aire acondicionado; que tiran miles de litros de agua potable en los inodoros y que producen un lindo desastre durante su construcción.
Pero, maravillosa paradoja de nuestros tiempos, las más importantes torres de oficinas muestran un notable desprecio por la sustentabilidad (con enormes fachadas vidriadas en las peores orientaciones y el excesivo uso de refrigeración e iluminación artificial, por citar lo más popular) y, aún así, muchas llegan a ser consideradas “sustentables”. El problema es que, como pasa con todo lo que se pone de moda, la sustentabilidad es más usada como un maquillaje que como una fuerza transformadora, y eso tiene razones de peso y pesos.
Entonces, si ya el concepto parece estar en boca ( pero no en la mente ) de todos y todas ( ojo con la discriminación semántica ), es burlada cuadra por medio.
Tenga cuidado con los siguientes síntomas, para ver cuan sustentables son aquellas obras que nos hacen pasar por tales:
Norma Primera: Parecer Sano Desde hace tiempo, las empresas más contaminantes del planeta prefieren edificios que respeten el medio ambiente, lo que hoy se llaman sustentables.
Bueno, no es raro que mineras, petroleras y químicas busquen mostrar impoluta santidad en sus oficinas mientras comenten pecados ambientales en otro lado.
Se acuerda de la publicidad del Tabaco? Por años demostraron la eficiencia de asociar la imagen de un producto con lo contrario de lo que produce mediante publicidades de cigarrillos en paisajes naturales, ambientes deportivos y mucho aire libre y puro.
Ergo; ¿Cómo saber si un edificio es sustentable? En los Estados Unidos y en Europa existen diferentes normas para determinarlo. Y como las empresas internacionales comenzaron a llegar con esas exigencias bajo el brazo, las inmobiliarias chilenas comenzaron a poner verdes.
Norma Segunda: Parecer Verde . Un edificio proyectado hace 20 años, cuyo cálculo energitérmico lo hizo el destacado ingeniero Renato Miranda, y donde usamos un Atari 1040 para controlar las más diversas funciones; las jardineras exteriores proveen hasta el día de hoy un balance perfecto, sirvió para que en el segundo encargo nos pidieran “Un Green Wash ”, refiriéndose a una tendencia que comenzaba, la de hacer unos retoques para que los edificios parezcan más verdes, sin serlo. Hablar de Lacan sin saber quien es. O sea Edificios de Cocktail.
Norma número Tres: Ser y Parecer . un edificio que esta a punto de inaugurarse, se proyectó con fachadas solares, recuperación de agua de lavado para usos menores, materiales reciclables que no tuvieran un proceso de producción contaminante, con una baja Huella de Carbono. Todo esto economizaría los costos de operación y aquellos asociados a la ciudad y sus vecinos, en un plazo de 10 años. Exacto. Lo que usted piensa. Todo el pensamiento y devoción verde quedó en nada.
Usted podrá apreciar en esos maravillosos atardeceres chilenos, unos reflejos arquitectónicos deslumbrantes; puro calor cambiando el microclima, mucho Freón al aire, o Monoclorodifluorometano, nombre para coctéles o parrilladas.
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