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Terrorismo y Medios de Comunicación, un matrimonio de miedo

Terrorismo y Medios de Comunicación, un matrimonio de miedo Terrorismo y Medios de Comunicación, un matrimonio de miedo

La prensa ha asociado este acto terrorista a narrativas de “victimización” en un contexto de acto delictual, que refuerza la sensación ambiente de indefensión ciudadana frente a la delincuencia común. Lo que es un error o falta de experiencia de los medios de comunicación. El terrorismo no es un acto delictual, es violencia política ideologizada.

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Se desempeña como director de la carrera de Publicidad y profesor asociado en la UDP. También es académico en la Universidad Alberto Hurtado. A su vez, es Consejero del CNCA Región Metropolitana. Posee magísters en Filosofía (UAI) y Antropología Urbana (UAHC). Complementa el desempeño académico con las asesorías en comunicación y diálogo social, es socio de Diálogo Consultores.

El asertivo Guy Debord en los sesenta, dejó claro que lo nuestro era la espectacularización de todo, incluso el dolor y miedo ajeno; para ello era fundamental el rol de los medios masivos en el proceso informativo de la vida cotidiana y su legitimidad, en particular la televisión. Testigo, productor y transmisor de la verdad única, pero testigo de una verdad en formato de “set televisivo”, una verdad imaginada, acotada a los cánones del lenguaje propio del medio, el que a su vez se fue extendiendo a otros medios en términos de contenidos, tal como la prensa y radio, sin ir más lejos. Algo que conocen los grupos que practican la violencia política, como son los terroristas o grupos anarcos que detonaron la bomba en el Metro Escuela Militar.

Al respecto, Hoffman (2008) señala “el terrorismo sin la cobertura de los medios, desperdicia el impacto comunicacional, quedando estrictamente confinado a la víctima inmediata del ataque, en lugar de llegar a un público objetivo más amplio”. Es decir, los terroristas son los más interesados en la audiencia, y por lo tanto les interesa más que el acto mismo de la explosión del Metro, ver la reacción de los distintos tipos de público frente a la promoción del miedo que intermedian religiosamente los medios de comunicación en autoridades, en partidos políticos, en los ciudadanos, en especialistas, en la prensa internacional y gremios empresariales, entre otros.

Por lo dicho, me atrevería a asegurar incluso que la ubicación geográfica y hora del atentado, fue seleccionada en términos de criterios noticiosos /simbólicos; asegurando así la cobertura periodística del “evento”, que finalmente le dieron todos los medios durante la tarde y noche del fatídico lunes ocho de septiembre. Sorpresivamente el atentado no se reflejó en incrementos anormales del rating en los noticiarios centrales de la TV abierta ese día (ver tabla):

Canal

Hora inicio

Hora Fin

Rat

La Red

20:00

21:30

1,61

UCV-TV

20:00

20:59

2,31

TVN

21:00

22:03

18,01

Mega

21:00

22:16

14,92

CHV

21:00

22:36

15,36

Canal 13

21:00

22:06

12,04

(Rating hogar lunes 8.9.14)

No obstante lo anterior, se sucedieron los titulares polémicos pocas horas después, tal como el de La Segunda o el reportaje intencionado de C13. Extendiendo así el hálito del miedo por toda la Región Metropolitana, y cumpliendo de este modo con los objetivos semióticos, simbólicos y rituales del atentado. Mal que mal, el lugar no es cualquier lugar: está a escasos metros del hogar de la madre de la Presidenta de la República; vecino a la Escuela Militar; en un pequeño Mall, representación simbólica del neoliberalismo, conocido como Subcentro; en el Metro, que es el medio troncal de transporte de los capitalinos; en una de las comunas más ricas del país; en un local como Juan Maestro, comida chatarra “chilean way” y, en un espacio urbano que durante años fue ícono de una modernidad chilena fallida, hasta su reciclamiento posterior.

Retomando a Hoffman, el terrorista necesitaba los medios de comunicación para proyectar el atentado del lunes, y a su vez, la prensa requería cubrirlo por ser profundamente audiovisual y noticioso. Ritual de cuerpos esparcidos, centro comercial, políticos, gobierno con múltiples voceros en un momento, dolor, temor y, la historia detrás de las personas humildes heridas, a los cuales se les asignó una narrativa casi lírica. A pesar de todo, el problema mayor y más confuso para los medios, ha sido que no hay una narrativa de tipo terrorista en el atentado, nadie reconoce el hecho.

A diferencia de lo que decía el ex líder de Al-Qaeda, Ayman al -Zawahri, asumiendo la relevancia de la prensa: “la mitad de la batalla tiene lugar en el campo de batalla de los medios de comunicación, por los corazones y las mentes de las ummah”, y por eso que cada una de sus acciones terroristas llevaban firma. El temor tenía nombre y apellido. Lo que no aconteció en Santiago (por ahora), y de ahí que el miedo se acrecienta y expande a través de la prensa y redes sociales, con más virulencia: no conocemos el origen del miedo, y eso es lo peor. No debemos olvidar que las películas de terror sustentan su argumento y suspenso justamente en aquello.

En definitiva, el problema no radica en por qué los medios cubrieron el bombazo, pero si reside en la forma que lo hicieron. Me explico; partiendo de la base que hoy el miedo es un motivo dominante para las noticias y la cultura popular; la prensa ha asociado este acto terrorista a narrativas de “victimización” en un contexto de acto delictual, que refuerza la sensación ambiente en el país respecto a la indefensión ciudadana frente a la delincuencia común. Lo que es un error o falta de experiencia de los medios de comunicación. El terrorismo no es un acto delictual, es una categoría de violencia política ideologizada (aunque sea nihilista), que tiene como objeto influir en el gobierno de la Presidenta Bachelet, así como en la comunidad nacional. Con evidente riesgo de manipulación política, que se hizo patente durante las primeras 48 horas, particularmente en los partidos de centro derecha. Por tanto, como aprendizaje, este tipo de noticias no pueden ser tratadas como un asesinato, violación o robo, es otro contexto.

Por último, en una sociedad absolutamente mediatizada como la chilena, y tentada al espectáculo noticioso permanente; al final del día hablamos de medios de comunicación que están legitimando a quienes aparecen en ellos; sean personas, personalidades o grupos terroristas anarquistas. Y, me quedo con la sensación de que en esta pasada, la prensa no le quitó oxígeno a los terroristas, sino que se los dio. Lo que no es bueno para la democracia y, si para el miedo.

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