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Opinión

Tiempo de cambio

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Adormecido por televisores y autos de lujo comprados en cuotas, de viajes prestados por grandes tiendas, el chileno común ya empieza a despertar y descubrir que la educación, la salud y la seguridad son carencias más relevantes que comprar espejitos de colores.

Un modelo es exitoso hasta que los resultados exigen un replanteo. Parece ser que desde 2008 (Una fecha posible) el modelo económico-social chileno no logra anticiparse y ni al menos adaptarse a las situaciones de contexto, a cambios culturales y sociales, a nuevas demandas y carencias de los ciudadanos.

Los modelos no son eternos, y aquello que en Chicago en los años 70 se suponía que generaría bienestar, quedó congelado en el tiempo.

Es hora de reflexionar para cambiar.

Cambiar la dependencia de un portafolio de negocios que ya no es competitivo, cambiar la actitud del Estado frente al abordaje de las necesidades básicas, cambiar la regulación de la competencia y promover el acceso para nuevos participantes a fin de generar nuevos espacios de oportunidad con nuevos estilos empresariales ya que el paternalismo tradicional de los ochenta tiene cada vez menos cabida en una sociedad que ha dejado de confiar en sus “héroes empresarios”.

Adormecido por televisores y autos de lujo comprados en cuotas, de viajes prestados por grandes tiendas, el chileno común ya empieza a despertar y descubrir que la educación, la salud y la seguridad son carencias más relevantes que comprar espejitos de colores.

Si las nuevas demandas sociales giran en torno al bienestar general, el modelo actual de rebaño está agotado…

El desafío es innovar de verdad a través de un modelo integrador de ideologías que brinde identidad y que no sea prediseñado desde el aula de una escuela de negocios estadounidense, cuyos dogmas que parecieron ser indiscutibles ya han dejado de serlo. Es que se terminaron las verdades reveladas planteadas por gurús y tecnócratas de la economía.

Debe ser el Gobierno, desde un lugar común y sin prepotencia, quien debe impulsar junto a las fuerzas políticas, empresariales y sociales un rediseño que no será fácil poner en marcha considerando la resistencia conservadora de empresarios acostumbrados a una escasa competitividad y a mantener acuerdos para sostener el rebaño en función de sus intereses.

Los empresarios nunca fueron ni serán héroes, más allá que alguno se construya un monumento a sí mismo en el centro de Santiago.

Convivimos con un modelo obsoleto en el que el crecimiento está basado en el resultado de corto plazo, en el que si hay que perder, que pierdan todos, pero a la hora de ganar siempre serán los mismos que conducen a ese rebaño al que le dicen como vestirse, como comer, que televisor comprar y hasta en qué lugar hay que vivir.

Convivimos con modelo sin capacidad de elección fuera de lo establecido…

Convivimos con un modelo diseñado para asegurar rentabilidad confortable, aunque sin generación de riqueza sustentable. Nada peor para el verdadero concepto capitalista olvidado en el desván.

Pero todo pasa…

Hoy el “sueldo” de Chile exportador de cobre es cada vez menor. Y no hay expectativas de replanteo. Desde el gobierno y el establishment hablan de crisis y que hay reservas para sostenerla. Casi no queremos oir el diagnóstico, pero de todas formas hay que recrear un rediseño económico-social de acuerdo a lo que es el capitalismo en estos tiempos de cambio.

En 2012, Michael Porter dijo ante cientos de empresarios que Chile no tenía estrategia ni modelo país. Entonces, hagamos uno…

Es el momento de la imaginación por sobre los tecnócratas, porque será el momento del arquitecto del futuro, más que del ingeniero. Será el momento de buscar a un Alejandro Aravena (Sería maravilloso) entre quienes puedan conducir las ideas para diseñar ese país necesario.

Pero aún encontrándolo, será difícil digerirlo. Por dogmas, ó por miedos.

De todos modos, parece acercarse el momento de una nueva generación que abandone la satisfacción en cuotas, desde el convencimiento que un televisor ó un auto no reemplaza a la educación ni a un sistema de salud aceptables, ni mucho menos a una justicia más justa.

Es tiempo de cambio y ya es hora que Chile tenga su propia identidad a partir de un diseño de país propio, único.

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