Hace unos días el columnista Marcelo Brunet escribió que la concertación terminará como el Titanic, partida por la mitad. Pone incluso fecha, octubre de este año. La analogía además de repetida es equivocada. Primero porque el Titanic se hunde en su primer viaje inaugural, sin tener en su historial, viajes memorables y exitosos, en cambio la concertación tuvo un épico debut en el plebiscito de 1988 cuando venció a una Dictadura mediante la movilización social y el sufragio popular y luego navegó durante 20 años en un clima de desarrollo y paz social.
Lo que en verdad esta pasando es que aquella aventura democrática del arcoiris ha llegado a su fin. La tarea fue cumplida con creces, pero hoy no es suficiente para ofrecer al país una alternativa de gobierno. Este escenario que desde el PPD lo venimos planteando desde la derrota de Frei, no debiese sorprender a nadie. No es solo un asunto de marca, es mucho mas profundo: los partidos de la actual Concertación están más ocupados en mantener el statu quo, que de atreverse a innovar y arriesgar. La confianza en la llegada de Bachelet se ha tornado peligrosa, incluso para el éxito electoral de octubre próximo.
Quedarse en la clásica figura de los 4 partidos sería desconocer que Chile cambió. Los lideres estudiantiles y sociales han dicho en todos los tonos, que desean una política con sintonía fina, que escuche y gobierne para los menos favorecidos con el modelo económico, que abra la cancha a otros actores políticos, que no se censure a la hora de debatir temas valoricos y complejos. A decir de Iván Fuentes, una política con vocación de manada, de cardumen y no un ejercicio individualista y meramente electoral.
No ayuda a este proceso el miedo y la calculadora para proteger escaños parlamentarios. Es tiempo de dejar de pensar en como se distribuye el Estado y debatir en cambio sobre el nuevo Estado que Chile necesita. Para ello es natural que muera una forma de ver la política y nazca una mayoría mas amplia social, cultural y política para darle a Chile las respuestas que no encontró en nosotros y menos en la derecha gobernante.
¿Podemos hablar del fin de la Concertación, cuando en la calle hace bastante tiempo que dejó de existir? ¿Hubo Concertación en Aysén ¿ ¿Hubo Concertación en las movilizaciones estudiantiles? ¿La hubo en Magallanes, en Calama? ¡¡No la hubo¡¡, entonces resulta extraño decir que termina algo , cuando si uno sale en su búsqueda, ya no la encuentra.
La Concertación hizo mucho por Chile, pero hoy no es tiempo de trasatlanticos. Lo que Chile requiere para este nuevo tiempo son múltiples barquitos, pero de papel, que se fabriquen en cada casa y permitan recuperar los sueños de un mejor país. Un Frente Amplio de barquitos rojos, azules y verdes. Están todos invitados a fabricarlos y navegar en ellos para llegar a un nuevo puerto el 2013, distinto muy distinto al puerto épico de 1988.
