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Opinión

Todo tercerizado

Todo tercerizado Todo tercerizado

Las heridas que han quedado en el camino de todos los sectores de esta movilización, hacen que ninguno de ellos salga fortalecido. Tal como en todas partes del mundo, en nuestro país, deben primar el diálogo, el respeto y la posibilidad de llegar a acuerdos, reconociendo las diversidades y no siendo inflexibles.

Antonio Horvath Kiss

Por


Senador de la República por Aysén

Después de una movilización generalizada de los sectores público y municipal, debido a una rigidez extrema de las autoridades económicas de mantener un reajuste del 3,2%, se logró aprobar legislativamente el monto, en condiciones bastante desmedradas para la relación entre los distintos actores.

No deja de llamar la atención la poca flexibilidad de estas autoridades para llegar a acuerdos en condiciones que no le signifiquen daños al país. La economía nacional no crece a las mismas tasas que en los últimos años, pero sí lo hace en torno al 1,7 a 2% anual. Por ello, la mirada del reajuste debe tener una visión necesariamente más integral y compartida.

Hoy Chile no está aprovechando sus oportunidades, la política económica no se ha hecho cargo de esto. Es evidente que algunos sectores han sido abandonados. Por ejemplo, cada año se incendian 120 mil hectáreas a lo largo de todo el territorio, mientras que solo se forestan unas siete mil. Estamos dejando que se mueran las plantas en los viveros, no dando oportunidades a las familias y, principalmente, a las mujeres para trabajar en esta actividad, así como a los hombres se les deniega la oportunidad de plantar más de tres millones de hectáreas de bosque nativo.

Otra área en la que estamos muy lejos de los niveles necesarios, es en investigación, ciencia e innovación. Sin esto no se pueden diversificar las oportunidades de trabajo, ni tampoco agregar valor a los recursos naturales y los servicios productivos. Esta inflexibilidad con los trabajadores de los sectores público y municipal, no se hace cargo del potencial que ellos tienen. En Chile, desde hace décadas, todo se ha tercerizado; los funcionarios tienen que observar cómo otros formulan ideas de proyectos, proyectos, construyen, fiscalizan y mantienen. El resultado, entre otros, está a la vista: la Contraloría ha difundido un estudio de los contratos entre los años 2012 y 2015, donde el 39,6% de éstos adolece de defectos; es decir, los fondos y la inversión con dinero de todos los chilenos, no se están resguardando debidamente.

En el caso de las Zonas Extremas, se las han atropellado con su nivelación de zona y con un estudio comparativo sobre costo de la vida entre las distintas capitales regionales –encargado por la Dipres– en bienes y servicios que sean solo comunes. Con esto, se llega al absurdo de que Santiago sería la ciudad más cara de Chile, y de esta manera se pretenden cerrar las oportunidades de discriminar positivamente entre las distintas regiones del país.

Las heridas que han quedado en el camino de todos los sectores de esta movilización, hacen que ninguno de ellos salga fortalecido. Tal como en todas partes del mundo, en nuestro país, deben primar el diálogo, el respeto y la posibilidad de llegar a acuerdos, reconociendo las diversidades y no siendo inflexibles.

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