Miércoles, 19 de junio de 2013

Todos somos responsables

Entonces, dicen, hay que subir las penas y cortarla con una puerta giratoria (que sólo existe en la mente de los medios de comunicación y en el discurso de ciertos políticos).

El día de ayer nos despertamos con las imágenes de familiares desesperados por saber si alguno de los suyos había muerto calcinado. Todos los canales transmitían las imágenes del incendio desde el último piso del CDP San Miguel. Como la mayoría de las cárceles de nuestro país, la de San miguel tiene condiciones infrahumanas, hacinamientos, plagas , ausencia de camas, baños deplorables, etc. De aquellas condiciones, la que quizás contribuye de mayor manera a las otras es el hacinamiento.

 

Imagínese que usted tiene que compartir una galería con 180 personas y 36 piezas. En dicho espacio estará encerrado desde las 18:30 hasta las 8 de la mañana. Evidentemente habrá problemas de espacio, higiene, camas, etc. Asimismo, existirá fricción y roces entre los ocupantes. Si a ello suma que se encuentra privado de libertad, no es difícil prever que existirán riñas. Si la autoridad encargada de velar por la seguridad y el orden al interior se ve sobrepasada en número, entonces regirá la ley del más fuerte. Cada una de estas situaciones se ha denunciado hasta la saciedad tanto por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Diego Portales como por la Fiscal de la Corte Suprema, doña Mónica Maldonado, entre otros.

 

La respuesta de las autoridades encargadas de la política criminal ha sido más cárcel. Según su lógica, y las elecciones parecen respaldarlos en su intuición, es que los presos no le importan a los electores y mientras más duros se es con los delincuentes mejor. Razonan que plata destinada a mejorar las condicionesde detención es plata perdida. Que no vale la pena invertir en reinserción, incluso, del presupuesto de Gendarmería sólo el 13,67% se destina a este ítem.

 

Entonces, dicen, hay que subir las penas y cortarla con una puerta giratoria (que sólo existe en la mente de los medios de comunicación y en el discurso de ciertos políticos). A estas voces se suman la de los “rostros” de televisión, los mismos que hoy se muestran consternados, que ante cualquier delito piden cárcel. A todos ellos, nos sumamos los ciudadanos que decimos hasta cuándo los derechos de los delincuentes.

 

En suma, la respuesta al fenómeno del delito ha sido encarcelar. Chile tiene uno de los índices de encarcelamiento por 100 mil habitantes más alto de América Latina. Superior a México, Brasil, Colombia; países con más delitos que Chile. Por otra parte, el número de personas que cumplen su condena en libertad es casi el mismo que las que las privadas de libertad. En los países desarrollados las personas que cumplen en libertad, es significativamente mayor.

 

La cárcel se debe reservar para los delitos más graves y para las personas que no puedan cumplir su condena en libertad. De lo contrario el hacinamiento seguirá y volveremos a ver hechos como los que lamentamos hoy. Todos hemos contribuido a que hoy existan 81 ciudadanos que sólo debían estar privados de libertad, estén privados de su vida.

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