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Opinión

Transantiago

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El Transantiago es un fracaso que se encamina a cumplir diez años, que afecta a quienes merecen la mejor calidad de vida que financiamos todos a través de las tarifas, de los impuestos y de los bienes sociales que se privan por el desvío de recursos.

Me confunde la porfía por mantener un sistema de diseño estatal que drena recursos a privados en un gobierno cuyo discurso anti-mercado, privados es altisonante, es decir, entre tantas reformas por qué no estatizar el transporte publico en Santiago.

Si el gobierno se hiciera cargo del trasporte público, dejándolo en manos de la estatal Metro, utilizaría menos recursos y sin duda, un sistema integrado gestionado por un único operador, sería de mayor eficiencia y calidad. ¿Por qué no hacerlo?

El trasporte publico de Santiago a logrado trascender y torcer, inclusive, la ley de presupuestos a través de la “ley espejo”, que no es más que una coima, a mi parecer, para lograr la aprobación del insaciable presupuesto que se destina al pago de contratos, privados. La ley espejo entrega el mismo monto del transantiago a “regiones”, duplicando la cifra. La inexistencia de un “para qué” necesitan el dinero lo convierten en cohecho, creo. Las regiones tienen, tenemos, muchas necesidades, sin duda, y los recursos son acotados, hasta que mágicamente aparecen montos adicionales cuando el transatiago los necesita, entonces, el costo del transantiago se duplica en cada solicitad ó las regiones son postergadas porque sí.

Cinco mil millones de dólares es el costo anual de la gratuidad universal, la reconstrucción del terremoto 27F costó 3 mil millones de dólares, que es equivalente a la construcción de las lineas 3 y 6 del Metro juntas. Los operadores han recibido poco más de siete mil millones de dólares, según señala la Fundación Transurbano, esto gracias a los 16 mil millones de dólares de recursos fiscales que se destinarán al Transantiago y el adicional, para los operadores, por haber duplicado la tarifa, desde que comenzó el sistema.

Con estos datos sobre la mesa me parece impresentable tratar de mostrar las bondades del transporte publico (privado) de Santiago, por parte del los Ministros quienes señalan que se contamina menos, etc. ¿No hay otras leyes para eso? Es decir, el costo en bienes sociales, como educación, salud, pensiones, etc., es para haber logrado disminuir la contaminación, en una ciudad que incorporará los vehículos catalíticos a las restricción.

El Transantiago es un fracaso que se encamina a cumplir diez años, que afecta a quienes merecen la mejor calidad de vida que financiamos todos a través de las tarifas, de los impuestos y de los bienes sociales que se privan por el desvío de recursos. En su momento la reforma tributaria fue catalogada de un “transantiago” y lo fue, pero se ha llevado adelante una reforma a la reforma silenciosa que busca minimizar los impactos negativo que ha logrado, insistiré en la misma pregunta: ¿por qué no se ha hecho lo mismo con el original, la madre de todas las batallas: El Transantiago?

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