Lunes, 20 de mayo de 2013

Un IPC negativo

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Si los argumentos están, la pregunta es por qué no lo hemos hecho y esto pasa por la falta de liderazgo en la discusión, en tener los recursos para investigar las alternativas, etc. Una serie de variables que nos mantienen encerrados en una constante que parece no cambiará.

La dependencia al petróleo quedará de manifiesto este viernes cuando se de a conocer IPC de junio, el cual se espera  no tenga variación según el mercado, no obstante estimo que será negativo en un -0,1%, sólo por la baja internacional del petróleo y las lluvias del sexto mes del año.

El IPC refleja la variación general de los precios en una economía a través de una canasta representativa, es decir, nos representa a todos en general y a nadie en particular, por lo que permite sólo un análisis general.
Si el IPC es negativo, eso es muy malo para la economía, de hecho una baja de los precios suele anticipar una crisis. Si los precios bajan es por que hay más producción de lo que estamos consumiendo, por ende la tendencia será disminuir la producción, lo que genera desempleo y una efecto en cadena que contrae la economía, es decir, que ya no lo pasamos tan bien.
Pero, en este caso, un IPC negativo, es una buena noticia que evidencia una mala noticia. Un juego de palabras que indica que la buena noticia es que en este caso no reflejará lo expuesto en relación al inicio de una contracción de la economía, desempleo, etc. Por el contrario, la baja del precio se debe a que ha bajado el precio del petróleo internacional, reflejado en el precio de las gasolinas. Se suma el efecto de las lluvias que ha hecho bajar el precio de las verduras y el costo de la energía, evidenciando por ende una mala noticia, ya que demuestra la dependencia de nuestra economía a elementos que no podemos controlar, como es el precio internacional del petróleo y las lluvias.
Entonces, tenemos la evidencia de la necesidad de cambiar nuestra matriz energética ya que esta explica la generación de pobreza en nuestro país. Nótese el circo que han armado los congresistas en relación al salario mínimo, el cual, tiene como mínimo subir la variación anual del IPC, de la inflación, ya que esto es en sí la pérdida de poder adquisitivo, entonces, si la inflación baja sin traer problemas a la economía, sino todo lo contrario debido a que el precio del petróleo bajó entonces, nuestra matriz energética, nuestra economía debe prescindir de esta verdadera droga internacional.
Dado que nuestra matriz energética crea pobreza se hace imperativo cambiarla, argumentos suficientes para inundar la Patagonia, pero ¡No!. Las externalidades de esta precaria matriz que tenemos ya están interiorizadas en nuestro presupuesto esto es básicamente afirmar que tenemos tiempo para un debate técnico, la presentación de las alternativas a la ciudadanía, el consenso ciudadano, para luego dar paso a las políticas públicas (y no al revés como se trata de hacer)
Si los argumentos están, la pregunta es por qué no lo hemos hecho y esto pasa por la falta de liderazgo en la discusión, en tener los recursos para investigar las alternativas, etc. Una serie de variables que nos mantienen encerrados en una constante que parece no cambiará.
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