Domingo, 19 de mayo de 2013

Un O`Higgins de manual

/AgenciaUno./AgenciaUno.

Presentado como un duelo entre discípulos de Marcelo Bielsa, el partido no defraudó a los amantes del fútbol atacante. La jugada del segundo gol de O`Higgins está en los mandamientos básicos del maestro rosarino, y por lo que vemos de la Eurocopa, en la tendencia triunfante del fútbol mundial.

La celeste de  Eduardo Berizzo ganó la ida del Apertura en un partido admirable, luchado a la antigua, con paraguas en la grada, barro en la cancha y jugado con aguacero e intensidad británicos. La U vuelve a su casa obligada a remontar, de nuevo frente a su víacrucis de la temporada.

El viejo estadio de la Braden, donde marcaron gente como Bobby Charlton y Jimmy Greaves o Sanfilipo en el mundial del 62, vivió un día glorioso, un espectáculo que cultiva afición y que deja a los rancagüinos a las puertas de su primer título.

O`Higgins salió ratificado en sus creencias, y ganó un choque entre dos equipos de alto voltaje, los mejores del semestre, escuadras estimulantes que ratifican algunos buenos vientos que soplan en el fútbol chileno.

Bienvenido este equipo construido por Berizzo, plagado de buenos futbolistas, el único que ha volteado dos veces al grupo de Sampaoli, y que llegará al Nacional crecido, mejorado en su autoestima y con muchos argumentos para pelear el primer título de su historia.

O`Higgins, que sufrió el acoso de Blanco y Negro en la temporada anterior y la codicia de Basay, que dejó tirado al equipo para escenificar su ruina deportiva y ética en Colo-Colo, ha dado con la tecla adecuada a su condición de club de clase media emergente, conducido desde las alturas por Abumohor, un grupo que no tiene vocación de comparsa.

Berizzo, ya sabemos, curtido en la selección con Bielsa, es un tipo que ha llegado como una bendición, interesado en crear un equipo de alto contenido futbolístico, que promete espléndidas jornadas para la afición rancagüina.

O`Higgins salió a jugar en el cogote de su rival, atacando como sólo hace la U  y encontró petróleo al minuto, en una jugada propia del manual de ambos equipos: presión adelantada, robo de balón y salida disparada hacia la puerta rival.

Esta vez fue Rodrigo Rojas, que definió ante Johnny Herrera con mucho arte, levantando la bola con una cucharada elegante sobre el achique del portero. Mucho fútbol ofreció este futbolista paraguayo, que puso la asistencia en el segundo gol, terminando una paciente jugada de 14 toques, en los que tuvieron gran ingerencia su fantasista Fernández y Luis Pedro Figueroa, poderoso en la banda derecha, asociado a Opazo, otro recuperado para la causa del buen fútbol en manos de Berizzo y Bonano.

Presentado como un duelo entre discípulos de Marcelo Bielsa, el partido no defraudó a los amantes del fútbol atacante.  La jugada del segundo gol de O`Higgins está en los mandamientos básicos del maestro rosarino, y por lo que vemos de la Eurocopa, en la tendencia triunfante del fútbol mundial. El gol del triunfo celeste fue sublime: presión adelantada, superioridad por las bandas, posesión de balón con toques a la máxima velocidad, y definición del lateral de la banda contraria, en este caso de López, otra buena noticia.

La U, jaleada por Marcelo Díaz, consiguió hacer pie en el barro, despertar del baile que recibía y llevar el partido al campo rival. El campeón sobrevivió sostenido por Herrera y de la mano de Marino, el que mejor se movió en el barro y autor del empate con una volea de mucha calidad. Parecía que la U imponía su juego pero no consiguió ventaja, y sufrió las llegadas rancagüinas, todas peligrosas, hasta que padeció la jugada del segundo gol, una maravilla colectiva que embraveció el viejo estadio del Teniente y al magnífico equipo de Berizzo, otro heredero de Bielsa, capaz de crear un equipo competitivo, intenso, limpio y ganador.

 

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