Domingo, 19 de mayo de 2013

Un par de McAvoys

The-Newsroom

Salir en TV con frases ensayadas y una “historia” para sorprender y captar al (muchas veces incauto) elector. Eso mientras sí se hace todo lo posible (cámaras escondidas, show televisivo, encarar y preguntar con ataques verbales) para capturar a pequeños delincuentes, estafadores y psíquicas de baja calaña.

The Newsroom es una buena serie. Correcta. Y entretenida. La nueva apuesta de Aaron Sorkin (responsable de la adaptación del guión de The Social Network, y quien ya trabaja adaptando la bio de Steve Jobs para la película que produce Sony) es una mirada idealista al mundo del periodismo televisivo en Estados Unidos,  donde una cadena independiente decide, de un día para otro, salir a contar la verdad, aunque duela.

El protagonista es Will McAvoy (buena interpretación Jeff Daniels) un rostro ancla, ex fiscal, que está obsesionado por el periodismo serio, confiable, por los datos duros y que descalifica y condena la tontera ante todo. Su misión se concentra en disparar. La verdad. En todo momento. Puede ser subjetiva, pero está basada en datos duros que son difíciles de cuestionar.

Sin entrar más en la trama y a pesar de que comparto las críticas (le falta calle y cinismo), lo mejor de la serie es lo peor que tiene el periodismo televisivo chileno hoy. Esa aparente complacencia por aceptar la mentira en cámara –salvo contadas excepciones, como los panelistas de Tolerancia Cero- a pesar de que conoces, off the record, que la autoridad de turno está blufeando con las cartas y que en vez de un as tiene un mísero dos y una sonrisa endemoniada.

Las pocas ganas de confrontar, sin robar pantalla y protagonismo en las entrevistas y reportajes, para enfocarse en la verdad por sobre todo, duela a quien le duela, cuando se trata de autoridades importantes es lo que hecho de menos.

No digo que los periodistas sean cómplices de la mentira. Se trata de no estar dispuestos, en muchos casos, a tolerar el costo (para quien pregunta, para el programa y el canal) por sobre el fondo del tema que afecta al entrevistado, quien se libra, apelando a la frase común y respuesta ensayada, del ataque teledirigido de quien pregunta (la clásica estrategia de “los fenicios”, responder siempre lo mismo). Y aquí hay respeto por no forzar una respuesta como sea, creando el modelo ideal para el candidato a sillón político.

Salir en TV con frases ensayadas y una “historia” para sorprender y captar al (muchas veces incauto) elector. Eso mientras sí se hace todo lo posible (cámaras escondidas, show televisivo, encarar y preguntar con ataques verbales) para capturar a pequeños delincuentes, estafadores y psíquicas de baja calaña. Delincuentes de poca monta.

Mientras esto ocurre, basta darse una vuelta por los círculos más cercanos de periodistas de distintos gremios, ojalá con motivo de un asado y con chela en mano, para conocer una cantidad no menor de historias, noticias escondidas y olvidadas, rumores y secretos que salen a la luz, sin mucho esfuerzo. Verdaderas pildoritas que podrían desatar la locura y generar noticias de verdad, pero que, producto de la complicidad y amistad que se crea con la fuente (la fuente es eso, nunca será tu amigo(a), permanecen enterradas por años.

Mientras tanto, las autoridades y políticos en general gozan de total impunidad y se postulan y re postulan una y otra vez, ganando, también una y otra vez, el mismo cargo. Todo porque nadie se atreve a romper ese código tácito de camarín. Insisto. Nos falta un par de Will McAvoys. Y canales que se concentren en los temas de fondo y en no amparar la mentira.

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