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Un pasado imborrable

Un pasado imborrable Un pasado imborrable

La película, basada en hechos autobiográficos, trata un tema delicado: la reconciliación.

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Profesor de Estado (Universidad de Chile), Doctor en Filosofía y Doctor en Materias Literarias (Universidad de Florencia, Italia). Se ha dedicado a la filología medioeval y humanista, dando especial importancia a Dante, Petrarca y Boccaccio sobre los que ha escrito numerosos libros y ensayos. Ha traducido al castellano textos de cronistas florentinos que vivieron en América en los siglos XVI y XVII. También ha publicado libros de historietas de dibujantes chilenos.

Alternando imágenes de 1980 con las de los años ’40, el espectador sigue la atormentada existencia de Eric Lomax, que fuera prisionero de los japoneses en Singapur.

Cuando Winston Churchill declaró la rendición de la ciudad-Estado, miles de soldados británicos tuvieron que trabajar como esclavos en la construcción del ferrocarril  que debería unir Bangkok con Rangún. Es el mismo proyecto que aparece en El puente sobre el río Kwai, de David Lean (1957), pero aquí se presenta en toda su crudeza, retratando a los nipones como salvajes torturadores y asesinos, trayendo a la memoria filmes como Furyo de Nagisa Oshima (1983) o El imperio del sol de Steven Spielberg (1987).

Eric está correctamente interpretado por Colin Firth (que fue Jorge VI en El discurso del rey de Tom Hooper, 2010, y ha tenido roles dramáticos como el profesor homosexual de Un hombre solo de Tom Ford, 2009) en su fase adulta y por Jeremy Irvine (El caballo de la guerra de Steven Spielberg, 2011) cuando estaba prisionero. Su esposa Patti, que aún lo sobrevive, es casi un cameo de Nicole Kidman, que reemplazó a Rachel Weisz. El oficial japonés de la Kempeitai, Takashi Nagase, está a cargo de Tanroh Ishida y Hirpyuki Sanada.

Obviamente, Un pasado imborrable tiene una segunda lectura para nosotros los chilenos.

Están los temas de la dignidad humana y de la obediencia debida, del honor y de la desesperación por sobrevivir. Los que torturaban obedeciendo órdenes estaban felices de hacerlo, porque daban rienda a sus peores instintos animalescos. Para algunos es maravilloso hacer sufrir a los demás, sobre todo cuando se cuenta con impunidad y cuando se cree (o se quiere creer) que lo están haciendo por la patria o por ideales abstractos que nunca serán capaces de entender.

Lomax – al igual que sus compañeros (compendiados en el personaje que interpreta Stellan Skarsgård) – vivía un pacto de silencio. Ellos habían sido olvidados por el gobierno que los mandó a luchar. Obsesionado por los trenes, en uno de ellos encontró a la que habría de ser su segunda esposa (el filme lo presenta como solterón sin hijos), cuando él tenía 64 años y ella 46.  Allí empieza su redención de sus constantes pesadillas generadas por la memoria.

La cinta, dirigida por Jonathan Teplitzky (australiano, que étnicamente pertenece al grupo de los que lanzan bombas en la Faja de Gaza), pretende demostrar que la reconciliación es posible. Pero para ello se debe recurrir a una instancia cristiana: arrepentimiento, confesión y penitencia. Y sabemos de sobra que no todos están dispuestos a dar esos pasos.

(The Railway Man. Australia/Gran Bretaña, 2013)

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