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País

Una universidad democrática para un Chile democrático

Una universidad democrática para un Chile democrático Una universidad democrática para un Chile democrático

"Está claro que los avances que trae consigo la democracia universitaria aún están muy lejos de observarse, sin embargo la oportunidad de empezar a construir una Universidad diferente está cada día más cerca".

Javiera Reyes

Por


Economista U. de Chile, estudiante de magister, Presidenta Ceic 2014 y vicepresidenta FECh 2015 y 2016.

Queremos una universidad que sea tan democrática como el país que deseamos construir. Sin embargo, tanto en la Universidad de Chile como en otras universidades del país, es un panorama que se ve bastante lejos. La exclusión de la toma de decisiones de estudiantes y funcionarios, la precaria existencia de organismos triestamentales colegiados y las excesivas atribuciones de nuestros decanos, nos alejan de esa Universidad en donde la democracia sea el motor de su excelencia y su compromiso con el país.

Hay algunos que piensan que la universidad es como cualquier institución regida por el mercado. Lamentablemente fueron ellos los que encabezaron la última reforma universitaria en plena dictadura, e impusieron sus reglas del juego. Para ellos, que los estudiantes votaran por el Rector es análogo a que los clientes de un supermercado lo hagan por el gerente general.

Una nueva reforma universitaria es urgente para Chile y en este sentido, la recuperación de una Universidad democrática es un eslabón fundamental para la reforma educacional que el país requiere. Este tema debe estar presente en el debate. Una universidad no es democrática cuando sus estudiantes están excluidos de las reformas curriculares, sus funcionarios pasan años con boleta o subcontrato, ni tampoco cuando ambos estamentos estamos excluidos de elegir a las autoridades del gobierno universitario o cuando no se respetan las atribuciones de los escasos cuerpos colegiados. La universidad de la nueva educación debe permitir la elección de autoridades unipersonales con voto triestamental, debe delegar atribuciones a los cuerpos de participación triestamental y debe abrir espacios para que pueda forjarse una relación cotidiana de la comunidad universitaria.

Sin embargo, la realidad en las universidades está lejos de lo anterior. Ejemplo de esto es el lugar donde estudio, la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, espacio paradigmático que da cuenta de los problemas en torno al autoritarismo en la toma de decisiones, el cual se perpetúa en una estructura y forma de gobierno universitario propios de la dictadura militar, y en la voluntad de nuestras autoridades partiendo por nuestro decano, quien manifiesta abiertamente que no hay ninguna necesidad de participación por parte de los demás estamentos.

En este contexto, debemos entender que es un tema urgente pero además que tenemos condiciones para recuperar una universidad verdaderamente democrática. Junto con la elección de un rector de izquierda –quien aparte de comprometer el congelamiento de aranceles, ya ha mostrado señales respecto a la necesidad de la democracia universitaria-, contamos con una comunidad universitaria más empoderada y que poco a poco ha ido abriendo los espacios de participación dentro de la Chile. En los 90, estudiantes, funcionarios y académicos luchamos por la creación de un organismo triestamental que hiciera contrapeso al poder de rectoría. Nació así el Senado Universitario, ente que, tomando una posición de avanzada y defendiendo los intereses de las mayorías, ha ido tomando cada vez más fuerza en el equilibrio de poderes de la Universidad.

Hoy, volvemos a izar, con aún más fuerza, las mismas banderas que levantamos en los 90. En una decisión histórica, y con apoyo de amplios sectores estudiantiles, académicos y de funcionarios, el Senado Universitario aprobó la elección triestamental de autoridades unipersonales, moción que debe ser plebiscitada entre los tres estamentos de nuestra comunidad y que puede ser uno de los grades hitos de un período de recuperación de conquistas arrebatadas por la dictadura.

En un contexto distinto, y de una manera diferente, estas banderas ya fueron izadas y con gran fuerza. El proceso que hoy se apresta a vivir la Universidad de Chile no es nuevo en la historia de nuestro país. En la reforma universitaria de los años 60 se logró consolidar una estructura de toma de decisiones que consideraba a todos sus estamentos en la mayoría de las universidades de Chile. Sólo por citar un ejemplo, en sólo cinco años de democracia universitaria, el rector de la UTE – Enrique Kirkberg – sintetiza en un discurso los logros que esto trajo consigo: la duplicación de la matrícula de estudiantes, un gran aumento de la cantidad de académicos contratados a jornada completa, así como una mayor orientación de la docencia e investigación hacia los problemas sociales del país, permitido por una relación enriquecedora con el entorno social de cada universidad.

Está claro que los avances que trae consigo la democracia universitaria aún están muy lejos de observarse, sin embargo la oportunidad de empezar a construir una Universidad diferente está cada día más cerca. A discutir entonces, a proponer y a trabajar, porque que hoy más que nunca está en nuestras manos construir la Universidad pública y democrática que verdaderamente mire hacia Chile y las necesidades de su pueblo.

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