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Opinión

USA: 7728 plebiscitos… y contando

USA: 7728 plebiscitos… y contando USA: 7728 plebiscitos… y contando

Si en Machalí los cambios al Plano Regulador los decidiera la gente por votación en vez de un funcionario designado por la Presidenta de la República, pucha que se habría ahorrado dolores de cabeza la Sr. Bachelet.

Rodrigo Quijada

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Miembro de Ciudad Viva - Ingeniero de Transporte

El año pasado se hicieron 159 plebiscitos en Estados Unidos, el antepasado 31 y el año anterior a ese, 185. Los vienen haciendo por más de un siglo: desde el año 1902 hasta la fecha se han realizado 7728 plebiscitos según la estadística oficial. ¿Y nosotros en chilito? Solo dos, ambos convocados por un dictador. Cero desde que “recobramos la democracia”…

El Initiative & Referendum Institute es un centro de estudios de la Universidad del Sur de California que se dedica a recopilar información sobre estos procesos en el país del norte. Tienen un informe por año donde puedes ver todos los plebisicitos que se hicieron, sus resultados y comentarios de tendencias. Allí puedes ver que las cosas que se llevan a consulta van desde cuestiones muy de fondo como el matrimonio gay, el aborto o la legalización de la marihuana, hasta cuestiones más pedestres como cambios en los impuestos. Algunas de las preguntas son propuestos por la propia ciudadanía, otros por la política tradicional.

Estados Unidos, como es sabido, tiene un sistema federal compuesto de 50 estados y los plebiscitos se realizan a ese nivel. Eso quiere decir que un Estado puede soberanamente decidir hacer un plebiscito sobre un tema, y el de al lado no. E incluso si por casualidad deciden votar sobre un mismo tema, el resultado puede ser distinto. El año pasado en Florida por ejemplo la legalización de la marihuana perdió, pero ganó en Alaska, mientras en Colorado el tema ni siquiera estuvo en la papeleta.

Otros temas de votación que aparecieron el año pasado son por ejemplo el derecho a portar armar; exigencias para obtener derechos para actividades mineras; autorización para usar medicamentos experimentales en pacientes terminales; cambios en sueldos de funcionarios públicos; cambios en multas y sanciones a conductores de vehículos; prohibiciones o autorizaciones para la caza de ciertas especies; beneficios para profesores basados en desempeño; etiquetación de comida transgénica; autorización de juegos de azar o de apuestas.

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En cinco Estados el año pasado votaron y aprobaron aumentar el sueldo mínimo. ¿Te imaginas tal cosa en Chile? Léele este artículo a tu político favorito y mira como se le cae la cara de espanto… En Estados Unidos hay por supuesto Estados que son más conservadores, y consecuentemente usan menos los plebiscitos. Es interesante en este sentido notar que California, el Estado con más población y más rico de ese país, es el segundo Estado más activo en plebiscitos.

Además de plebiscitos a nivel de Estados, existen también -sí, ¡adicionalmente a lo ya dicho!- muchas otras consultas a nivel más local, de ciudad. El año pasado los ciudadanos de la ciudad de Austin rechazaron la construcción de un tren ligero (tranvía moderno), por ejemplo, mientras que el antepasado la ciudad de Tulsa aprobó un BRT (corredor de buses de alto estándar). Ballotpedia ofrece amplios listados de las cosas que se llevan a elección a nivel local y sus resultados. Ahí uno puede ver por ejemplo que muchos de los cambios en el “zoning” (equivalente a nuestros Planes Reguladores) se llevan a votación ciudadana. Si en Machalí los cambios al Plano Regulador los decidiera la gente por votación en vez de un funcionario designado por la Presidenta de la República, pucha que se habría ahorrado dolores de cabeza la Sr. Bachelet.

La democracia participativa, queridos amigos, es el mejor remedio a la corrupción y de hecho en Estados Unidos esto de los plebiscitos nació para combatir a políticos percibidos como comprados por las empresas. La idea es simple: no le des la decisión a un grupito, siempre susceptible de ser corrompido, sino que dásela al pueblo.

En Chile el gobierno nos ha dicho que hará cambios profundos en la educación y en los impuestos; nos anuncia grandes obras en las ciudades; nos promete nuevos mecanismos para frenar la corrupción; etcétera. Pero no está dispuesto a dejarnos decidir directamente sobre ni una sola de estas cosas… no hemos tenido ni tendremos plebiscitos locales ni regionales ni nacionales sobre nada. A diferencia de Estados Unidos, nuestros políticos están convencidos de que los elegimos para que decidan por nosotros; convencidos que los elegimos para ser reyes por cuatro años. Aquí, como niños, debemos contentarnos con mirarlos actuar. La elite nacional podrá decir lo que quiera, podrá con una lágrima en la mejilla contarnos la historia de cómo recobró la democracia de las garras del dictador, pero a la hora de la verdad, no cree realmente en que la gente decida su destino por sí misma. La elite criolla acapara celosamente el poder para sí.

Nadie podrá tildar a Estados Unidos de país poco serio, bananero, “asambleista”, comunacho o cualquiera de esos epítetos ninguneantes que abundan en las bocas de quienes le tienen pánico a la democracia participativa. Por el contrario, si tan buenos somos para imitar a los gringos en tanta cosa, deberíamos imitarlos en lo más valioso que tienen: esa profunda práctica democrática. ¿O acaso solo los gringos tienen derecho a tener una democracia de verdad en este continente?

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