Viernes, 24 de mayo de 2013

Video 27/F: el bisturí de la emergencia

video-27f

Comprender que lo que falló fue la citroneta del año 70 a la que se le exigió andar a 120 kms, nos obliga a completar tareas, pero por sobre todo nos impone el deber de dejar la galería y entrar a la cancha a hacer la pega.

El registro audiovisual de una emergencia y en especial el correspondiente a alguna de las instancias de toma de decisiones, es para la gestión de emergencias lo que para un cirujano podría ser el bisturí. En otras palabras, hablamos de un instrumento que utilizado adecuadamente puede salvar una vida, pero al mismo tiempo,  su manejo negligente puede generar daño, muchas veces irreparable.

Durante la última semana, hemos presenciado un espectáculo donde la compasión por las víctimas, el deseo por mejorar, y la búsqueda de la verdad han sido los grandes ausentes. Algo que a estas alturas debería ser calificado como intolerable, pero que no deja de transformarse en una oportunidad para obtener buenas declaraciones,  titulares, y de pasada aprovechar de ganar algún voto.

Si bien es cierto, es comprensible que existan diferentes miradas respecto de la forma en que se actuó el 27/F, por poco técnicas que sean, nada justifica olvidar a las víctimas. Son ellas la que ven incrementado su dolor ante el uso y abuso de un instrumento que podría ser perfectamente una ayuda para encontrar consuelo.

La inspiración debe estar en las personas, en la búsqueda de la verdad,  en ver qué se puede hacer mejor, y entonces tomar las medidas necesarias para que la próxima emergencia sea mejor gestionada. Estos son cambios esenciales que a más de dos años del terremoto y tsunami aún no concretamos, y que nos permitirían salvar vidas, estabilizar los incidentes con mayor rapidez, proteger la propiedad y el medio ambiente, es decir,  las tres prioridades esenciales en gestión de emergencias. Por cierto, todo esto ayuda a dar un sentido y a hacer del dolor una carga más liviana, pero no inexistente.

Sin embargo, pareciera que el único que está haciendo su trabajo es la Justicia. Ésta a partir de un proceso serio y técnico busca determinar si existen responsabilidades penales, pero no le compete ni está dentro de sus capacidades sacar lecciones de lo ocurrido. Una vez más, lo que vemos en la prensa y la agotadoras jornadas de formalizaciones en contra de los ocho imputados por el Caso Tsunami, nos demuestran que como sociedad sólo parecemos buscar culpables. Lo hacemos como una forma de saciar la rabia y evitar hacernos cargo de nuestra parte que es mejorar y prepararnos para la próxima emergencia.

El video de la ONEMI ha sido manipulado de manera tan irresponsable por la clase política, que hoy simplemente no se hace registro audiovisual. Es impresentable que las autoridades hayan decidido eliminar el protocolo para grabar lo que ocurre ante una emergencia. A nivel internacional esta práctica se considera esencial para perfeccionar los modelos de gestión de emergencias. Pareciera que esta decisión no le  preocupa a nadie, siendo que en una sociedad desarrollada sería considerada como un atentado a la transparencia. Desde el punto de vista técnico sería aún más preocupante porque implica perder una práctica que, perfectible en su forma, resulta un elemento fundamental para mejorar la forma en que se hacen las cosas, y por ende salvar vidas.

La carencia de una mirada técnica especializada en gestión de emergencias, sigue siendo la debilidad de un modelo que se funda en decisiones y propósitos de la política pequeña y no de la gran y tan necesaria política de Estado. Esa que es cada vez más relegada a las buenas intenciones en los primeros artículos de la Constitución.

Comprender que lo que falló fue la citroneta del año 70 a la que se le exigió andar a 120 kms, nos obliga a completar tareas, pero por sobre todo nos impone el deber de dejar la galería y entrar a la cancha a hacer la pega. Nadie duda de que hacer lo correcto muchas veces implica tomar el camino difícil.

Mientras en Arica su comunidad hace una “auto evacuación preventiva”, la que podríamos definir como la nueva forma para decir arrancar, seguimos viendo cómo este bisturí es usado por el cirujano con negligencia. Acá estamos lejos de querer sanar nuestro modelo de gestión de emergencias, estamos más bien reabriendo heridas, una y otra vez, sin aplicar ningún tratamiento que nos ayude a mejorarlo de manera definitiva.

TemasRelevantes
Comparte

Otras columnas de Michel de l´Herbe