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Opinión

Violencia sexual en tu propia cama: la agresión sexual en pareja

Violencia sexual en tu propia cama: la agresión sexual en pareja Violencia sexual en tu propia cama: la agresión sexual en pareja

A un día de la marcha por 27 femicidios en Chile hasta mayo del 2015, creo que debemos comenzar por analizar nuestras relaciones de pareja o nuestro pasado, cómo nos hemos sentido y si nos han respetado o no. Quizás es hora de tomar conciencia de que nuestros cuerpos nos pertenecen y debemos defenderlos y respetarlos, respetándonos a nosotras mismas. Debemos aprender a decir no y los hombres, deben aprender a respetar a las mujeres como personas con voz y voluntad que deben de escucharse. No es no.

Janet Noseda

Por


Psicóloga. Magister en psicología clínica. Especialista en género y diversidad sexual.

Esta sociedad nos ha embelesado con el concepto del tener que estar en pareja, alimentado por mitos como “el amor todo lo aguanta”, la utilización de los cuerpos de las mujeres como objetos de placer para el hombre (donde todos pueden decidir en esos cuerpos, menos las mujeres) y la reproducción como fin del matrimonio, que propician el escenario para que exista violencia sexual o violación en el seno de la pareja. Acá, una guía para enfrentarlo.

En la agresión sexual en la pareja resulta muy común que la víctima sea la mujer y que muchas veces ella no se dé por enterada, puesto que todos los mitos anteriormente descritos terminan naturalizando conductas violentas. Genera que se crean “normales” o simplemente permiten que sean inadvertidas (recordemos que “solamente la puntita” es hasta canción jocosa y alegre, una mentira que ocurre bastante y que termina en la penetración no consensuada). Tú misma puedes haber sido víctima de violación o abuso sexual y no haberlo asumido, puesto que cuando los abusos sexuales o violaciones se dan en relaciones de supuesto “afecto”, cuesta percibirlos como lo que son: un delito.

Las mujeres tienden a creer que dentro de la relación afectiva estable, no existe la posibilidad de negarse a tener relaciones sexuales con absoluta comodidad y normalidad. Al contrario, sienten que lo normal es tener relaciones sexuales, aunque muchas veces no quieran. De hecho, si alguna vez tuviste relaciones sexuales sin ganas y habiéndoselo comunicado a tu pareja, él insistió o no paró, fuiste víctima de una violación.

Comencemos por aclarar algunos conceptos. La violación, es el acto de penetrar a otra persona sin su consentimiento, mientras que el abuso sexual son todas aquellas conductas sexuales tales como manoseos, o usar lenguaje que humilla o degrada, etc, sin que tenga que acabar con una penetración. Se cree que tanto violación como abuso sexual ocurren por parte de extraños (nos imaginamos una situación violenta, como en un asalto), cuando la evidencia indica que en su gran mayoría, la persona que agrede es un familiar, conocido, pareja o ex pareja. Puede habernos ocurrido y que nosotras lo hayamos naturalizado, porque se supone que en el matrimonio o en las parejas estables tenemos que tener relaciones sexuales.

Abuso 01

Esto no es así en lo absoluto. Lamentablemente según cifras de la OMS 1 de cada 5 mujeres, han sufrido violación o abuso sexual por parte de una pareja estable y del total de abusos sexuales y violaciones, las víctimas son mayoritariamente mujeres, especialmente en países machistas con profundos mitos enraizados, puesto que sus cuerpos son “cosas” (en la publicidad, en las novelas) para el disfrute y goce de los hombres.

La relación de pareja sana se caracteriza en primer lugar por el amor, el cual nunca va de la mano con agresiones. El amor no maltrata, no humilla y no obliga a hacer nada que la persona no quiera, pues existe respeto por su voluntad.

En una relación saludable, entre personas adultas, cada quien sabe que no es dueño de la otra persona, que pueden sentirse confiadas de decir “no” sin que ello termine en conflicto o que insistan. En el amor hay respeto por la otra persona como un ser humano digno, hay comunicación y escucha. No son aquí plausibles las manipulaciones para tener sexo, los ruegos (aunque parezcan en tono simpático), insistencias, los reclamos o el achacar a la mujer algún tipo de enfermedad por no tener ganas. Estas cosas no son parte de una relación de pareja sana, basada en el amor.

En esta sociedad todo se ha sexualizado. De hecho, las parafilias y los trastornos sexuales en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, se miden en función de querer tener sexo, basado en el supuesto que todos somos activos y estamos siempre dispuestos. Si tienes una erección menor a dos minutos de duración: trastorno eréctil. Si no tienes orgasmos casi en todas las relaciones sexuales: anorgasmia. Si no quieres tener sexo: trastorno del deseo sexual. Pareciera que la sociedad nos llama a que tengamos relaciones sexuales pero cuando éstas ocurren entre personas del mismo sexo, incluyen a más de dos personas, son anormales, porque “el sexo tiene como fin la reproducción”.

Entonces, en parejas heterosexuales que estén en edad de reproducirse, no hay anormalidad, aunque se lleven a cabo más y más abusos sexuales que no contemplan a la mujer como dueña de su cuerpo, sino que ponen a su cuerpo como un objeto entre medio de la relación.

abuso 02

De hecho, en Chile hasta el año 2005, el que la mujer no accediera a tener relaciones sexuales en el matrimonio era punible y razón de exigir el divorcio. Es decir, existía una obligatoriedad de la mujer a tener relaciones sexuales para reproducirse. De hecho, aún la finalidad del matrimonio civil es vivir juntos y procrear, a pesar de que no acceder a tener relaciones sexuales haya salido ya de la categoría de delito.

Síntomas de que pudieras haber vivenciado violación o abuso sexual en tu relación de pareja (o en alguna relación de pareja anterior):

– Hubo penetración, aun cuando dijiste que no querías o él no se detuvo durante la penetración, a pesar de que dijiste que ya no querías.
– Te insistieron en tener relaciones sexuales a pesar de que dijiste que no querías. Tu “no”, no fue respetado o ni siquiera escuchado o simplemente te siguieron insistiendo.
– Sufrías tocaciones que no te gustaban o te pidieron, repetidamente, que hicieras algún acto o postura que no querías hacer o te parecía humillante.
– Se negaron a utilizar condón, penetrando igualmente, porque “no se siente igual”.
– Te recriminaron por haber dicho que no querías tener relaciones sexuales. Quizás, te dijeron que fueras al médico, que algo andaba mal contigo o que podías padecer una enfermedad.
– Te manipularon para tener relaciones sexuales a través de súplicas, insistencias o inclusive llantos.
– Se banalizó tu “no” a un chiste o una broma.
– Te penetraron o tocaron estando ebria o bajo el efecto de alguna droga.
– Te tocaron mientras dormías. Pudiste haber despertado producto de estas tocaciones o manchada con semen.

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Muchas mujeres aguantan estas conductas o las guardan para ellas mismas con tal de no tener conflictos con sus parejas o salvaguardar el matrimonio o proyecto de familia o simplemente, consideran que estas situaciones son normales. No lo son. Tu cuerpo es de tu propiedad y de nadie más. El estar en pareja, no pone a tu cuerpo con co propietario. Recuerda, síntomas en ti de que hayas sufrido abuso o violación: sentimiento de vergüenza, rechazo, confusión, miedo o denigración después del acto sexual o de alguna tocación.

El amor, no causa daño ni provoca sentirte mal contigo misma, humillada, con rabia o vejada. El amor provoca todo lo contrario y quien ama desde la adultez y el amor sano, respeta y escucha a la pareja como persona independiente, que no tiene por qué hacer lo que el otro quiera, cuyo cuerpo es parte de una persona en su totalidad y no una cosa. En una relación sana hay respeto y te sientes cómoda al hablar de tus sentimientos. En una relación sana un “no” es no, y no tienes miedo a que esto cause ningún conflicto.

Inclusive en relaciones sexuales casuales, sin que haya amor de por miedo más que sólo deseo, debe primar el respeto hacia la otra persona como ser humano, cuyos deseos sean respetados inmediatamente, sin insistir, suplicar o enojarse. En estas relaciones, también un “no” es “no” y deben ambos sentirse con total libertad de expresar tanto lo que quieren, lo que les gusta como lo que no les gusta, contando con el respeto de la otra parte.

A pocos días de la marcha por 27 femicidios en Chile hasta mayo del 2015, creo que debemos comenzar por analizar nuestras relaciones de pareja o nuestro pasado, cómo nos hemos sentido y si nos han respetado o no. Quizás es hora de tomar conciencia de que nuestros cuerpos nos pertenecen y debemos defenderlos y respetarlos, respetándonos a nosotras mismas. Debemos aprender a decir no y los hombres, deben aprender a respetar a las mujeres como personas con voz y voluntad que deben de escucharse. No es no.

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