Lunes, 20 de mayo de 2013

Violeta está en la tierra

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Alguien puede decir que la película no es un documental, pero el propio Wood plantea que es una recreación biográfica de la Violeta y que investigó muchas cosas de su historia. Más aún, declara una película como una deconstrucción de una Violeta canonizada ¿Entonces por qué alguien importante en su vida sentimental y de artista como Zapicán simplemente no existe?

Una de las cosas más asombrosas de la última película de Andrés Wood es el momento posterior a la partida definitiva de su amor, Run Run.  Violeta está sola en su carpa de La Reina con un dolor incontenible, cantando “Maldigo del Alto Cielo”, su canción más desgarrada, pero también la más profunda. No es la pena la que me asombra de esta escena, sino la gran ausencia que tiene. Violeta, la original, la canta junto a Alberto Zapicán, un excelente cantautor uruguayo con el que compartió su arte y también parte de sus complejidades y pasiones.

Alguien puede decir que la película no es un documental, pero el propio Wood plantea que es una recreación biográfica de Violeta y que investigó muchas cosas de su historia. Más aún, declara la película como una deconstrucción de una Violeta canonizada. ¿Entonces, por qué alguien importante en su vida sentimental y artística como Zapicán simplemente no existe?

Tampoco se ven en la película Nicanor e Isabel Parra, partes fundamentales de Violeta y puntales en la saga familiar de varias generaciones. Tanto así, que algunos miembros de la familia salieron a criticar la película, a lo que simplemente Wood respondió que se apoyó mucho en Ángel Parra. Es muy difícil entrar en las contradicciones de una familia tan rica en lo artístico y con vidas tan complejas, pero sí es efectivo que hechos importantes de lo que fue Violeta están obviados en la película.

La propia sobrexaltación de la figura de Gilbert Favré como influenciador en la carrera artística de Violeta es un asunto que existe sólo en la ficción del director. Es bueno dejar claro que la Viola llegó por ella misma con sus arpilleras al Louvre, y no hubo rubio alguno que la impulsara a ello. Si algo tenía ella era que siempre fue completamente dueña de su vida y de su arte, tal como lo fue de su muerte.

También son notorias las pocas menciones a la Violeta política. Muchas de sus canciones recogen el dolor de los campos y el suyo propio, lo que se muestra con detalles en la película. Pero la Violeta real es también la que se enfurece por su hermano preso y las injusticias del gobierno de Jorge Alessandri en “La Carta”, donde le recuerda sutilmente la matanza del Seguro Obrero de su padre el León de Tarapacá.

Es también la que solidariza con la causa de la resistencia española y el silencio oficial de la Iglesia ante el franquismo en “Qué dirá el Santo Padre” y es la que se ríe en  la irónica “Mazurquica Modernica” de los antecesores de quienes apuestan hoy al desgaste del actual movimiento estudiantil. En la película, únicamente sabemos algo de sus pasiones políticas por una entrevista en la TV argentina, que como ha aclarado el propio Wood, es verdadera en su origen, pero ficticia en sus contenidos.

Probablemente  sea muy complejo explicar todo lo que fue Violeta Parra, y muchas de las cosas más importantes de su vida no eran funcionales a lo que  se había propuesto  transmitir en emociones el director. Sus colores bien representados en su cinematografía, contrastan con el blanco y negro con que pinta a Violeta. En eso el film se parece mucho a la propia recreación que hace Wood del Saint George de los años 70 en Machuca, donde son claramente visibles y dibujables el bien, el mal y las contradicciones de clases de pobladores y pequeños burgueses.

Cada vez más, Andres Wood, con sus producciones de notable cinematografía, muy ambiciosas en sus discursos universalistas y su construcción de  verdades absolutas sobre historias tradicionales, se está convirtiendo en el Franco Zefirelli chileno. Incluso, sin mencionar al maestro del megadrama, reconoce el propio Wood sus claves cuando habla de la construcción de su cine sobre la emocionalidad, y no necesariamente sobre los hechos. Wood ha inventado una tercera Violeta, que se suma a la real, y a la canonizada.

“Violeta se fue a los cielos” fue nominada oficialmente  por Chile como su película candidata al Oscar, que no implica en modo alguno que se encuentre en la recta final, pues falta mucho para la nominación y para poder recorrer la verdadera alfombra roja. Primero, la película debe ser exhibida en Estados Unidos y tiene que ser digerible para el complejo mundillo de la industria cinematográfica hollywoodense. Si bien la excelente factura la salva, el necesario conocimiento previo que necesita la verdadera Violeta para entender la película se convierte en un escollo. Como antecedente, nunca una película chilena ha sido nominada y sólo dos películas latinoamericanas han ganado el Oscar a la Mejor Película Extranjera : La Historia Oficial y El Secreto de Tus Ojos, ambas argentinas.

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