Jueves, 23 de mayo de 2013

Vivir en una era digital I

/MiikaS Flickr./MiikaS Flickr.

Desde que nació mi pequeña ha habido un sin fin de cosas que han copado mi cerro de preocupaciones… pienso en su educación, en sus amistades, en cómo serán sus valores como ciudadana, en sus actitudes, en cuáles serán sus gustos y sus preferencias y cómo yo podré hacer frente con guía, tolerancia y respeto a las decisiones que ella misma vaya tomando al hacerse cargo de su vida.

Por Danielle Zaror

Y resulta que una de las cosas que más ha dado vuelta últimamente en mi cabeza tiene que ver con que ella deberá enfrentar una esfera de la vida a mucha más temprana edad que lo que yo tuve que hacerlo: aprender a vivir una faceta digital de su existencia.

Siempre pensamos en concreto en lo que le vamos a decir cuando un amiguito le pegue, cuando nos pregunten cómo llegan los bebés al mundo, cómo enfrentarse a las drogas o cómo debería ser su primera vez… pero desde un rato vengo pensando cómo explicarle que una forma de ver, entender y vivir su vida que no es tangible, pero que repercutirá de la misma forma en ella. La verdad es que no ha sido fácil.

Mi hija todavía no tiene un año y medio, pero ya sabe prender el Ipad y pulsar la aplicación donde aparecen unos dibujos animados que le gustan mucho… cuando se aburre, simplemente apreta el botón maestro y se olvida de todo. Otras veces selecciona el icono de las fotos, pues sabe ahí aparecen imágenes de “papá”, mamá” y “bebé”… me aterra pensar que siendo tan chica ya tenga gustos y preferencias tan definidas y es por eso que pienso que “sin prisa, pero sin pausa” debo empezar a enseñarle algunas cosas acerca de las consecuencias de Internet.

Hace poco más de dos años recuerdo haber estado con una sobrina de 7 años que ya tenía Facebook y, como en la casa todos eran mayores que yo y ninguno participaba de esa red social, sólo conmigo pudo entablar una conversación acerca de lo entretenido que era el asunto, así es que decidió mostrarme su perfil. Fue curioso ver el uso que le daba una niña tan pequeña… no había fotos del recuerdo, como en mi cuenta, sólo habían juegos y un millón de posteos dedicados a Justin Bieber. Entonces se me ocurrió preguntarle quiénes eran sus amigos, y allí empezó lo bueno… tenía como 200. Ese abultado número llamó mi atención y le pedí que me fuera contando quiénes eran todos, así es que uno a uno empezamos, en resumen, la mayoría eran compañer@s del curso y del nivel paralelo, ti@s y prim@s, pero había un grupo de por lo menos 25 personas que no tenían nada que hacer en el perfil de una niñita de 7 años. ¿A saber?… un profesor del colegio, y por lo menos 20 personas más, entre hombres y mujeres adultos, que ella no sabía quiénes eran, pero que los aceptó porque “le daba lata ser descortés con una invitación de amistad”. Además me contó, un poco poniéndome al día, que tener hartos amigos en Facebook le daba cierta popularidad, y mientras más grandes los amigos mejor.

Con mi mejor voz y tono de tía chora, la convencí de que había que borrar a esas personas, que había sujetos que se hacían pasar por alguien que no eran y que uno no tenía cómo saber si verdaderamente no las conocía. Le pregunté “¿si esas personas te piden un día cualquiera en la calle ser amigas, aceptarías? Por supuesto me dijo que no. Le expliqué, que había algo que se llamaba intimidad y privacidad y que, no obstante que uno publicara muchas cosas acerca de uno mismo, igual había personas a las que uno no se las contaría aunque estuvieran publicadas en el muro de Facebook.

Para ver si me había entendido, le pregunté qué cosas ella “nunca, nunca publicaría en Facebook” y me dijo varias. Luego de las que hay, cuál “nunca, nunca le contaría, por ejemplo, a la tía del furgón”, y me dijo otras tantas… y así, yo creo, entendió de una manera concreta que es posible controlar lo que la gente sabe de uno.

Acto seguido le demostré que no tenía configuradas herramientas de seguridad y privacidad, por lo que su perfil era público, incluso para las personas que no eran sus amig@s. Esto la horrorizó, porque inmediatamente pensó en las niñas que no le caían bien del colegio y que no eran amigas suyas en Facebook y que podrían ver sus fotos y leer los posteos que entre sus amigas se escribían. Hicimos la operación y a continuación la moraleja… tu no andas en la vida real gritando a los cuatro vientos cosas de las personas, ¿por qué hacerlo entonces en el muro de Facebook?

Desde esa conversación, el perfil de mi sobrina esta mucho más “controlado”. De hecho, las notificaciones llegan al correo de la mamá. En su muro se leen cosas de niña de 9 años, hay muchos videos de Justin Bieber, de One Direction, fotos del colegio con sus amig@s, comentarios buena onda y, sobre todo, mucha certeza de que ella ya sabe las cosas sobre las que debe sospechar en la red, de la misma forma como lo haría en el mundo real.

Vía
MomWo
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