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Opinión

Warriache, ser gente de la tierra en la ciudad

Warriache, ser gente de la tierra en la ciudad Warriache, ser gente de la tierra en la ciudad

"Quizás también, cuando llegue al final de mis días, pueda desarrolla los cuatro pilares de la cultura mapuche: Ser Norche, persona justa; Kümeche, persona buena; Newenche, persona fuerte y Kimche, persona sabia".

Por


Músico independiente y realizador audiovisual experimental mapuche.

Mi historia es la del regreso, la del retorno a la Nación mapuche. Nací en Santiago en febrero de 1991, lejos del Wallmapu, el lugar que vio crecer a mis ancestros, y he vivido desde niño en la ciudad, en comunas populares de Santiago, principalmente en Maipú. Durante mi infancia y adolescencia, crecí prácticamente alejado de la cultura mapuche, siendo criado la mayor parte del tiempo con mi familia materna, los Espina, visitando en muy pocas épocas del año a la familia de mi padre, los Antileo.

Aunque no compartimos tanto, recuerdo muy bien a mi abuelo Isaías: moreno, corpulento y de pelo blanco. Siempre que lo observaba lo veía como un hombre grande, con una mirada fija y poderosa.
Se decían muchas cosas sobre él en mi casa. Algunos aseguraban que era una persona fría, que había sido muy duro con sus hijos. Otros afirmaban que incluso fue una persona violenta y muy llevado a sus ideas. Lo cierto es, que a pesar de que tuvo una relación compleja con mi padre, conmigo siempre fue un abuelo amable y cariñoso, de esos que te hacen reír, te preguntan cosas y te abrazan.

Asistí a su funeral el 23 de agosto de 2011. A la ocasión, también acudieron muchos familiares que viajaron desde el sur para estar presentes. A algunos los había conocido poco tiempo antes, en las vacaciones de verano de ese mismo año, cuando junto a mi padre Omar, mi madre Rosa, mi abuela materna Hilda y mi hermano menor Diego, recorrimos por primera vez juntos parte del Wallmapu. Mi Padre visitó tíos, tías, primos y primas. Compartimos hermosas conversaciones en el lago Nalalhue, en la provincia de Arauco. Las tías contaron viejas historias sobre mi bisabuelo Pascual, a quien se le recuerda como un hombre sabio, amable y con un gran sentido del humor.

Por aquella época, la familia Antileo tenía varias hectáreas de tierras y una privilegiada situación económica que al igual que muchas familias mapuche, decayó como consecuencia de la invasión del Estado chileno. Los tíos me enseñaron palabras en mapudungún y por primera vez entendí la razón por la que mi padre y yo habíamos crecido en Santiago; tomé conciencia de que pertenecía a un clan familiar enorme y que era heredero de una cosmovisión que hasta entonces desconocía totalmente.

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Mi abuelo Isaías, el mayor de cinco hermanos, fue el primero de la familia que decidió emigrar desde Los Álamos a Lota. Allí trabajó como minero del carbón en la temida mina el “El chiflón del Diablo” y luego con los años viajó a la capital chilena; se radicó en la Legua, uno de los barrios más emblemáticos y populares de la región Metropolitana, y ahí trabajó durante largos años como jardinero en una empresa textil. En ese lugar creció mi padre junto a sus hermanos y posteriormente varios de mis primos.

Mi primera visita al Wallmapu me permitió conocer también a la Familia Maribur-Cheuquelao, viejos amigos de la familia de mi madre, que durante la dictadura militar se trasladaron a Santiago en busca de trabajo. En un contexto muy difícil y de bastante pobreza, nació una gran amistad entre ambas familias que aún se mantiene con los años. Manuel Maribur-Cheuquelao hoy es un gran dirigente mapuche Lafquenche, que se ha dedicado con gran éxito al turismo y fue una de las personas que más me enseñó en esa primera visita al país de mis bisabuelos.
Junto a Manuel y mi familia visitamos bosques milenarios, aprendí lo que es un ngen, y entendí que existían ciertos lugares en donde había que pedir permiso para pasar; escuché por primera vez decir que los mapuche somos gente de la tierra. Cuando Manuel me explicó eso, sentí una enorme emoción, sonaba maravilloso y quedó grabado en mi memoria de ahí en adelante.

Daniel Maribur-Cheuquelao (Hermano de Manuel) fue otra de las personas valiosas que conocí en ese viaje. Por primera vez comprendí la tensa realidad entre el Estado chileno y la Nación mapuche. Daniel nos contó cosas terribles que estaban ocurriendo, las ideas de autonomía y parte de la historia mapuche, desde la invasión del Estado chileno al Wallmapu hasta el abuso de poder de carabineros en la zona actualmente. “Acá la dictadura aún no ha terminado”, dijo el tío Daniel conversando con mi abuela Hilda junto al fuego.

De vuelta en Santiago, mi identidad pasó por varios procesos evolutivos. Viví enormes cambios en mi manera de ver la vida y muchas cosas comenzaron a tomar sentido. Sin embargo, aún no me sentía preparado para abordar el tema mapuche desde mi música, que por aquellos días daba sus primeros pasos.

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Mi primer disco se logró publicar en diciembre de 2013 desde el sello discográfico independiente Epifanía Records, que formamos junto a algunos de mis amigos músicos. Siete canciones dieron origen a mi primer álbum de estudio llamado “Hoy”, que relata mis primeras historias, las cosas que me interesaban a los 17 años cuando salía del colegio. Demoramos mucho en poder publicar, principalmente por falta de recursos. No obstante, durante 2012 y 2013 presentamos el disco en los bares más importantes de la capital.

Rápidamente el disco llamó la atención internacional. Mis primeras canciones habían encontrado oídos en México, país con un fuerte mercado para la música popular y con gran recepción a músicos extranjeros. Gracias a esa gran recepción, en 2014 resultamos ganadores del programa de fomento de las músicas iberoamericanas: IberMúsicas, en la categoría movilidad para solistas. Esto me permitió presentar “Hoy”en Guanajuato en el centro cultural Kino Room a mediados del 2015.

En paralelo a la promoción de este primer EP, yo seguía estudiando y aprendiendo sobre la Nación mapuche. En esa búsqueda acerca de mis raíces, conocí a varios peñis y lamngen que me ayudaban a comprender aún más las cosas que estaba aprendiendo. Viajé varias veces a Temuco y seguí conociendo gente sabia. Uno de estos viajes fue en el contexto de una residencia artística junto al director, diseñador y coreógrafo de Samoa Lemi Polifasio. En esa oportunidad, conocí poetas, pintores y actrices mapuche. Cada uno me entregó una enseñanza tan valiosa, que al regresar a Santiago, era imposible no mencionar el tema en mi música. Era momento de cantar sobre lo vivido en mis viajes al Wallmapu.

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WARRIA

Mi segundo álbum de estudio “Warria” (ciudad en mapudungún) publicado a principios de 2015, relata el inicio de mi búsqueda, de mi regreso, mis aprendizajes sobre la cultura mapuche que no heredé y que yo mismo he tenido que buscar para seguir aprendiendo.

Mi abuelo Isaías había decidido no enseñar mapudungún a sus hijos, nunca mencionaba el tema, tampoco a mis primos que con el tiempo también desarrollaron un interés innato por sus raíces.

Su decisión creo entenderla. La Nación mapuche había sido derrotada hace sólo unas décadas por el Estado chileno y argentino. Las familias sobrevivientes fueron despojadas de sus tierras y tuvieron que vivir en pequeñas reducciones o comunidades empobrecidas. Con el tiempo, muchos mapuche comenzaron a ver en las ciudades una posibilidad de desarrollo económico, integrándose para recibir educación del Estado o incluso entrando a las fuerzas armadas.

Eran años difíciles y pobres para los mapuche que llegaban a Santiago a principios y mediados del siglo XX, además, había una fuerte discriminación racista que volvía todo aún más caótico y terrible.

En la memoria de las familias que emigraban estaba por cierto lo que vivieron los peñis y lamngen del Puelmapu a fines del siglo XIX; cuando el Estado argentino exterminó a miles de familias mapuche. Incluso muchos de los sobrevivientes fueron llevados en condiciones de esclavitud desde el Puelmapu hasta Buenos Aires y tuvieron que ser sirvientes en casas de aristócratas. Algunos corrieron peor suerte y fueron expuestos vivos y muertos en museos. Hablar mapudungún se volvió peligroso y los mapuche que dialogaban en el idioma de la tierra, eran asesinados o se les amputaba la lengua o las extremidades.

Fue así como miles de familias mapuche radicadas en las grandes ciudades de Chile y Argentina, decidieron dejar de enseñar el mapudungún a sus hijos, con el fin de protegerlos.

Es por esto que en la generación de mi padre, esa que vio a sus progenitores emigrar a la ciudad a mediados del siglo XX, muchos mapuche no tuvieron una mayor relación con sus raíces, tampoco yo, que crecí bajo los valores de mi familia winka.

/ Agencia Uno

Cantar lo aprendido

En eso ha consistido mucho de lo que hago actualmente con mí música. Cada día me siento más cerca de los conocimientos mapuche que no heredé. Vivo con alegría todo lo que aprendo, cada viaje, cada conversación, cada palabra y sonido para mí es un mundo. Eso me pasa con el concepto de Warria; simbólico y profundo para miles de familias radicadas en las grandes ciudades. Yo siento una reapropiación del concepto. Para mí, es la puerta de entrada para entender mi contexto histórico y emprender con fuerzas el viaje simbólico o literal que hacemos los mapuche que vivimos en las ciudades.

Sé que el camino hacia la cosmovisión mapuche es largo y puede tomarme toda la vida. No tengo apuro. Yo aprendo con entusiasmo, quiero saber, quiero pensar en mapudungún, me siento gente de la tierra en medio del cemento, heredero de una cosmovisión que me pertenece y que cada día está más cerca de mí. Gracias a la gira que realice con mi segundo disco pude conocer la Patagonia y compartir con peñis y lamngen huilliche de los que he aprendido y a quienes he escuchado. Mis sueños, los pewmas se intensifican en mi interior. Todo se ha vuelto intenso y profundo.

Solo deseo que los cantos sigan naciendo en mi interior y tener newen para sacar la voz, mantener la actitud correcta, escuchar, preguntar y pensar.

Tal vez algún día pueda ser también como mi bisabuelo Pascual, ese es uno de mis deseos más profundos, y quizás también, cuando llegue al final de mis días, pueda desarrolla los cuatro pilares de la cultura mapuche: Ser Norche, persona justa; Kümeche, persona buena; Newenche, persona fuerte y Kimche, persona sabia.

Agradecimientos a la escuela de verano “Adolfo Veloso Figueroa” de la Universidad de la Republica con el tema: “Relación Estado chileno y Nación mapuche, ayer, hoy y futuro” y a la Corporación de desarrollo Trawun.

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