A estas alturas nadie está ajeno al tema de la filtración de más de 250 mil documentos confidenciales por parte de la diplomacia gringa a través del sitio Wikileaks, que ya tienen en aprietos no sólo a los distintos consulados alrededor del mundo, sino que también al creador del mismo sitio: Julien Assenge, del cual la interpol ya tiene una orden de captura.
Pero el asunto de Wikileaks, más allá del incidente en sí, pone en evidencia otras cosas quizá no tan obvias, y éstas tienen que ver con cómo se está manejando hoy el periodismo.
Yo no soy periodista, así que mi opinión va siempre desde un punto de vista externo, el cual, según lo que leo, tengo la impresión de que el periodismo en sí se está anquilosando, ya que muchas veces no hay investigación y nos quedamos sólo con la fuente oficial. Esto a la larga permite que haya manipulación de la información de parte del emisor; y la labor investigativa, que se supone busca el dar con la verdad, al final queda en nada.
Esta misma razón es la que esgrime el señor Assange para filtrar estos documentos, el remecer a las bases para sacar a la luz la manera en la cual se hace diplomacia en el mundo, y nos encontramos con investigaciones y espionajes dignos de la guerra fría.
Ahora, Assange, para dar a conocer los dox, se contactó con los cinco medios más grandes del mundo, NY Times, The Guardian, Le Monde, El País y Spiegel, y éstos fueron quienes dieron a conocer la información primero, y, aunque los diarios filtraron todo lo que según sus criterios podría ser irrelevante, lo hizo precisamente para dar el peso de credibilidad necesario a lo expuesto, pero a la vez, invalidó al mismo periodismo tradicional al quedar en evidencia que no se investigó más allá al respecto de, por ejemplo, las supuestas armas de destrucción masiva en Irak que motivaron la invasión gringa, y que eran inexistentes.
Entonces al final Wikileaks queda como un baluarte de libertad ante el mundo para la mayoría, debido precisamente a que se ha dedicado a hacer lo que se tiene que hacer, investigar.
Ahora la reacción del gobierno estadounidense parece ser sacada de alguna película de los ochenta, sacando a la luz acusaciones de violación de menores en contra de Assenge, haciendo importantes anuncios a través de la NASA respecto a vida extraterrestre, o haciendo un ataque de DDoS a los servidores de Wikileaks, pero esto sólo le da aún más validez a la labor investigativa del sitio, una labor que fue tomada por un nuevo estandarte, uno colaborativo, anónimo y online.
Esta es la forma en la cual Internet democratiza la información, dándole acceso a todo aquel que quiera saber y a todo aquel que quiera entregar. ¿Cambiará esto al final la labor o necesidad del periodista? Creo que en no mucho tiempo más lo vamos a saber.
Wikileaks somos todos.
