Miércoles, 19 de junio de 2013

WTF

/Agencia Uno/Agencia Uno

Llegamos a extremos tan patéticos como un aviso de prensa publicado este fin de semana en una revista de decoración que decía “Julio Maturana, Live Desing (sic), New container´s Arrival”. Siútico y, para colmo, con una horrible falta de ortografía en inglés (se escribe design, no desing).

Fui a Sanhattan a conocer el Costanera Center. Grande el mall, no es ningún strip center. Había muchas tiendas en Sale e, incluso, varias estaban Sold out. Como el Easy, que es lo mismo que el Homecenter.

Obvio, era el wikén del Día del Padre y varios locales tenían promociones que se anunciaban como Happy Father’s Day. Incluso se podía comprar gift cards con 50% off. Otras tiendas ya se adelantaban a la primavera y tenían carteles de Coming soon y New arrival.

Según los fashion bloggers y el mundillo hipster, este centro comercial es poco cool en términos design. Pero eso parecía importarle poco a la gente, que llenaba el lugar y hacía largas filas para todo, especialmente para ganarse alguna de las promociones, como esa que decía “Participa por 3 new Ipad”.

Compraban box springs como locos, tomaban packs de bebidas light y gastaban su buena plata en zapatillas para después, seguramente, hacer un poco de running. Es muy probable que, cuando pase la locura por este nuevo shopping center, van a volver a ir al Buenaventura Premium Outlet o quizás prefieran visitar ese otro que se publicita como el primer outlet gourmet de Chile.

OMG! Se me olvidaba contar lo bonita que quedó la tienda de zapatos, esa de la publicidad que siempre remata con un “Walk happy”. Me dio lata, eso sí, que no hubiera ningún gimnasio. ¿Qué les costaba poner un Sportlife, un Powerhouse, un Go, un Energy o un Pacific? Tanto sweater y ninguna trotadora.

No necesito ser gold member, me bastaría con un free pass de algunas semanas para cualquiera de esos templos del training. Así, cuando en el verano me inviten a una pool party, podría lucir feliz mi six pack. O sea, perdón, tendría que poner un call center para atender las llamadas de tantas mujeres.

Pero sólo a una, a la más top, le daría el boarding pass para conocer mi casa y mi gato (obvio, soy un cat lover) y, después de un rato,  luces apagadas (onda blackout), y destapadas las Mistral Ice Premium Blend, podríamos gritar juntos, así bien hot, Oh yes!.

La estúpida historia que acabo de contar es tan ídem como falsa. Pero todas las palabras en inglés del relato son reales, ampliamente utilizadas en nuestras conversaciones, en campañas publicitarias que nos bombardean a través de los medios de comunicación y en la creación de marcas locales y su respectiva imagen corporativa.

Tan reales como cierto es que, hace rato, los chilenos perdimos un pedazo de nuestra identidad con esta manera arribista y ridícula de pedirle prestado a otro idioma.

Llegamos a extremos tan patéticos como un aviso de prensa publicado este fin de semana en una revista de decoración que decía “Julio Maturana, Live Desing (sic), New container´s Arrival”. Siútico y, para colmo, con una horrible falta de ortografía en inglés (se escribe design, no desing).

Lo mismo que pasa cuando nos hacemos los choros y escribimos, por ejemplo, “Making off” (lo correcto es making of). Tratamos de impresionar y, en cambio, quedamos como guarenes del lenguaje. ¿Para qué? ¿Hay alguien que todavía piense que es elegante o seductor usar el idioma de esta manera?. Pero falta la guinda de la torta, algo aún peor: la contradicción que ocurre muchas veces en el mundo de las agencias de publicidad y de sus clientes caprichosos.

Mi trabajo en radio, sólo por poner un caso que conozco de cerca, me ha hecho tener que difundir campañas con absurdas palabras en inglés, las cuales para colmo me solicitan pronunciar mal.

A propósito. ¿Para qué? Para que el aviso no vaya a sonar muy raro, muy distante, muy extranjero. En serio, no es chiste. Esquizofrénico por decir lo menos. Y tonto. Muy tonto. Como para gritar en voz alta, WTF!.

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