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¿Y la innovación?

¿Y la innovación? ¿Y la innovación?

Es notable el tiempo y el esfuerzo que se emplea en desarrollar modelos y métodos relacionados con la gestión de la innovación y del emprendimiento para después quedarnos simplemente con la administración de comodities y de franquicias, o en el mejor de los casos con modelos de retail copiados de Estados Unidos. Nos quedamos en el prolijo discurso académico que nos deja conformes, aunque cada vez nos alejemos de la acción efectiva.

Desde hace más una década que la innovación es una palabra ineludible en la declaración de principios de las empresas. Es el término más gastado en los ambiguos discursos de políticos y de gobiernos que hasta se dieron el lujo de declarar en 2013 el “año de la innovación”.

Pero desde una realidad percibida por quienes convivimos con las empresas y con aquellos poderosos que dirigen instituciones, nos hacemos la pregunta: ¿Adónde está la innovación? Acaso los chilenos confunden innovación con gestión de emprendimiento?

Es notable el tiempo y el esfuerzo que se emplea en desarrollar modelos y métodos relacionados con la gestión de la innovación y del emprendimiento para después quedarnos simplemente con la administración de comodities y de franquicias, o en el mejor de los casos con modelos de retail copiados de Estados Unidos. Nos quedamos en el prolijo discurso académico que nos deja conformes, aunque cada vez nos alejemos de la acción efectiva.

Crecer y desarrollarse implica innovación, encontrar espacios de oportunidad en el cambio constante y eso es una ecuación de darse cuenta, de ser irreverente, imaginativo, curioso e influyente.

Pero cuándo nos acercamos a la realidad, parece que todo el discurso se diluye y todo se reduce a la administración de lo conocido.

Y lo planteo en el caso de la confortabilidad de invertir en franquicias, de copiar marcas, de imitar imágenes y hasta actitudes en lugar de preocuparnos por lograr desarrollos propios.

El sector gastronómico es un caso. Hard Rock, Paul, Dennis…Me extraña que en algunos casos como los mencionados, sean profetas de la innovación quienes simplemente son accionistas de la gestión de un negocio franquiciado. Faltan ideas…Necesitamos más Tiramisú, más Toro, más Sarita Colonia…

No necesitamos copiar historias para hacer novelones para televisión, necesitamos más 31 minutos. Necesitamos desarrollo propio en todos los sectores de esta economía dependiente. No necesitamos hacer una mezcla patética de nombres para intentar copiar marcas que algún trasnochado supone que puede “confundir” al consumidor.

No necesitamos copiar prácticas ajenas…

Y no es cuestión justificar la falta de voluntad para imaginar por escasez de recursos, ni por la volatilidad de mercados. Es cuestión de estrategia, eso que algunos dicen enseñar y aprender en escuelas de negocios que sólo entregan herramientas de gestión y de control para no tener descontrol.

Sin un mínimo de descontrol, no hay ideas, y sin ideas, no hay rumbo ni progreso. Y para eso debemos revisar los valores que están en juego en esta sociedad chilena que pasa de la euforia al desencanto sin escalas.

Una sociedad gobernada por la voracidad de tener, por el cortoplacismo y por una austeridad mal entendida en aquellos ámbitos donde se requiere invertir a riesgo para potenciar la generación de riqueza.

Y cuándo digo revisar los valores, implica un replanteo de nuestras creencias, de nuestro impulso estratégico que en lugar de ser “por la razón o por la fuerza”, deberíamos incluir en él algo que nos emocione y que nos transporte a un futuro mejor y compartido.

Es la cultura, señores…

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