Ya pasaron los días en donde la PSU se apoderó de los noticieros, las notas y entrevistas, las columnas de opinión, las cartas al director, y el largo etcétera que significa la invasión mediática que acompaña la publicación de los puntajes por parte del DEMRE.
Ya conocimos las historias de vida tras los jóvenes que obtuvieron puntajes nacionales, adolescentes que, merecedores de todas las felicitaciones y halagos del caso, corresponden a casos excepcionales, y no reflejan la realidad educativa que deja al descubierto la Prueba de Selección Universitaria.
También pudimos observar las brechas existentes en los resultados de colegios municipales, particulares subvencionados y particulares privados, diferencias profundas que pese a variaciones menores en sus puntajes, se mantienen constantes año tras año.
Pero, ¿Entendemos realmente lo que significa un puntaje de 500 puntos en la PSU? ¿Conocemos los resultados que obtiene el gran porcentaje de los jóvenes que forman parte del proceso? ¿Sabemos cuáles son las diferencias en los resultados según el origen socioeconómico de los alumnos?
Aclaremos algunas cuestiones. Los resultados de la PSU son distribuidos de manera tal que 500 puntos sea el corte entre los mejores y los peores resultados. En términos simples, existe la misma cantidad de jóvenes con puntajes superiores e inferiores a esta cifra. Ahora bien, obtener 500 puntos en la prueba de Lenguaje y Comunicación significa responder correctamente 26 preguntas de las 75 que contiene la medición, es decir, un joven con 500 puntos respondió correctamente sólo el 35% de la prueba. En resumen, si bien es cierto la complejidad de la PSU impide establecer relaciones precisas entre puntajes y notas, el cálculo basado en el porcentaje de respuestas correctas indica que la mitad de los postulantes obtuvo una nota igual o inferior a 3.0.
Y si analizamos los resultados en función del origen socioeconómico de los alumnos la realidad es aún más dramática. Al comparar los puntajes según el ingreso bruto familiar observamos que aquellos jóvenes provenientes de familias con un ingreso que fluctúa entre $0 y $288.000 obtuvieron en promedio 468 puntos en la prueba de Lenguaje y 466 en Matemáticas. Al otro extremo, los estudiantes provenientes de hogares con ingresos superiores a $1.152.000 superaron los 600 puntos, con promedios para Lenguaje y Matemáticas de 611 y 623 puntos, respectivamente.
La PSU reproduce la segregación social y escolar del país. Aún cuando la realidad nacional es angustiante, con más de la mitad de los postulantes obteniendo una nota roja, las diferencias que se observan según ingresos del hogar y otros indicadores socioeconómicos como la educación de los padres, demuestra la profunda inequidad y desigualdad de nuestro sistema educativo.
El 2011 los estudiantes levantaron fuertes cuestionamientos a la PSU y al parecer el Ministerio realizará modificaciones al actual proceso de admisión a la Educación Superior. Urge considerar otros datos a la hora de seleccionar a los alumnos que continuarán estudios terciarios, en donde el ránking de los estudiantes tenga un peso fundamental, así como la rendición de pruebas especiales, entrevistas, ensayos, y otras herramientas que varios países en el mundo ya utilizan.
Reiteradamente hemos señalado que los problemas más fundamentales de la Educación chilena se resuelven en los niveles más tempranos. Sin embargo, si no queremos asistir al “Festival de la PSU, versión 2013”, es urgente que tomemos en cuenta estos datos y repensemos la forma por la cual se ingresa a la Educación Superior.


