Por mi trabajo, en el último tiempo me ha tocado participar de varias conversaciones respecto a si es bueno o no tener una ley de cuotas. Lo primero que llama la atención, es que ésta sigue siendo una conversación entre mujeres e impulsada sólo por mujeres.
Lo segundo, es que ni siquiera las mujeres están de acuerdo en la necesariedad de una ley de cuotas, lo cual impide que este tema avance con mayor rapidez. Por último, es que no se le toma el real peso a que esta ley, que perjudica a los hombres, deberá ser aprobada por ellos que constituyen el 85% del Congreso.
La verdad es que las medidas de acción positiva me hacen bastante ruido. Considero vejatorio el que existan escaños reservados a las mujeres, no nos ayuda en nada en nuestra lucha por la igualdad, de hecho, es un atentado a la misma. Yo no quiero privilegios, quiero igualdad de oportunidades. Sin embargo, entiendo que aumentar nuestra representación en el Congreso –que hoy alcanza sólo el 14%- supone tomar medidas más radicales porque el mero paso del tiempo no es suficiente.
Pero antes de empezar a diseñar propuestas, a mi me falta entender el fenómeno de por qué no hay más mujeres en política. Las mujeres políticas que conozco me dicen que es difícil que te consideren para ser candidatas -de hecho, si uno se fija, muchas de las mujeres que están hoy en el Parlamento son las hijas, hermanas, sobrinas o señoras de algún político, y no es que quiera desmerecerlas, pero habla de las redes políticas que las mujeres tienen que forjarse para llegar más alto.
Pero muchas tienen las redes, pero no quieren. ¿Por qué? Primero, porque les cuesta obtener financiamiento –de nuevo el problema de las redes-, en segundo lugar, la política requiere una disposición 24x7x365 días del año –poca conciliación con la vida familiar – y, finalmente, la dinámica en los partidos políticos aún se parece mucho al club de Toby. Hace un tiempo leía una entrevista a la Ministra del Trabajo donde se refería a cómo era su vida mientras fue parlamentaria: lunes en Santiago, de martes a jueves en Valparaíso, viernes y sábado en la Cuarta Región, domingo en su casa (agotada). Después de eso, ¿quién querría ser parlamentaria?.
El otro día me comentaban que faltaban candidatos a concejales en algunas comunas. Bueno, ahí había una oportunidad pero no había ninguna mujer dispuesta a asumir el desafío. ¿Tiene sentido establecer cuotas en las candidaturas si no vamos a ser capaces de llenarlas?.
Algunos no hablan de cuotas sino de generar incentivos a los partidos para que tengan más candidatas mujeres. ¿Bastará con financiar en mayor medida las candidaturas de las mujeres? ¡El problema es mucho más de fondo! Miremos la realidad de los partidos políticos.
Actualmente no hay ninguna mujer presidiendo su partido, y en las vicepresidencias generalmente existe una sola mujer, que es el mínimo de lo políticamente correcto. ¿Alguna en un cargo de importancia? Sólo recuerdo a Laura Albornoz en la prensa cuando estaba disputando la candidatura por Santiago. El tema es importante porque si las mujeres no alcanzan posiciones de poder, ¿cómo se van a preparar para asumir cargos políticos de relevancia? ¿Cómo se van a entusiasmar? ¿Cómo van a demostrar que están preparadas?.
Para qué hablar del prestigio de la política…
Sé que estamos en un círculo vicioso. Mientras no haya más mujeres en la política va a ser muy difícil cambiar la cultura de los partidos y sus dinámicas, pero mientras éstas no cambien no van a haber mujeres dispuestas a meterse en ella. ¿Cómo romper el círculo?.
