Una vez más en menos de dos semanas, un caso de abuso sexual a varios niños de un colegio privado, esta vez en Lo Barnechea, nos remece no sólo como padres, sino como sociedad. Además de enfrentarnos a una realidad espantosa, queda en el aire la sensación de que, como en un dominó, este hecho es solo uno más de los que podrían destaparse en el curso de los próximos días.
Hace ya algún tiempo nos horrorizamos con los casos de abuso al interior de las congregaciones religiosas. Se trataba de jóvenes que se vieron sometidos a quienes consideraban sus guías espirituales. Una ironía si lo pensamos, ya que a todos quienes se vieron involucrados han debido vivir un largo calvario para recuperarse.
En el caso de estos pre-escolares la situación no es menos peor.
Al momento de elegir la educación para nuestros hijos lo hacemos pensando que ese lugar que los acogerá es prácticamente como una segunda casa. Un espacio donde además de aprender, debieran estar contenidos y acogidos. Lo menos que uno imagina es que los niños pudieran ser vulnerados y atacados en lo más íntimo de su persona.
Me pregunto cuáles son los procesos de selección por los que han pasado esos que hoy están acusados de este delito. Como apoderados, ¿tenemos acceso a cierto estándar que nos asegure que profesores, auxiliares, funcionarios de un colegio, liceo o escuela, cumplen con ciertos requisitos mínimos?.
¿Alguien puede asegurarnos que un pedófilo no puede estar cerca de un lugar educacional ni menos, en algún cargo al interior de él?.
Los hechos demuestran que no. Que además de lo lejos que estamos de tener una educación de excelencia para todos, el tema de la seguridad no está resuelto, y para horror de todos: padres, abuelos, hermanos, cercanos, los más perjudicados son los más inocentes de nuestro mapa social: nuestros niños más pequeños.
Un ser humano es como un árbol. Si de hace una marca en la rama de un árbol crecido, afecta solo a es rama. Pero si se hace el mas minúsculo rasguño en una semilla, afecta al crecimiento de todo el árbol. Los niños son esa semilla. Debemos velar por no herirlos antes de tiempo o su futuro llevará una marca para siempre.
