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El Dínamo

De Aguirre tira el mantel de C13: desclasifica conversación con Cortazar y festina con el hablar de Bofill

En una extensa entrevista, el otrora director de programación de Canal 13 relata las circunstancias de su despido, su relación con Luksic, y las expectativas que tenía con la señal privada, las que no se cumplieron.


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13 de octubre, 2016

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No he hablado con él (Cristián Bofill). Me llama la atención que mi ex jefe no tenga una notita, un whatsappito, algo. ‘Pucha compadre, ashí son las coshas’, algo…”.

Esa es una de las tantas expectativas que tenía Jaime de Aguirre, ex director de programación de Canal 13, que no se cumplieron. Quien fuera el hombre fuerte de Chilevisión, canal al que revivió, – anteriormente algo parecido en TVN- sólo duró 5 meses en la señal de Andrónico Luksic, lugar al que llegó con la promesa, según confesó a Revista Capital, de parte del mismísimo empresario, que “‘me da lo mismo la plata. Dale para adelante’. Tenía cancha abierta, pero una vez adentro, la cosa se contrajo un poquito”.

De Aguirre revive los 40 segundos que duró su despido ante el presidente del directorio de Canal 13, René Cortázar, ex ministro, con el que también trabajó en TVN. “Mira, la cosa no está andando como quisiéramos en el ámbito económico y existe la sensación de que tú no has hecho los cambios estructurales que se requerirían y se te va a pedir la dirección de Programación”. Eso, a las 12:30 de la tarde.

La conclusión que de Aguirre se repite es que “es muy posible que la causa de mi salida no haya sido por desempeño. Nadie que sepa de este negocio –o de cualquiera- puede pretender que un plan hecho con seriedad pueda exhibir cambios en un plazo de cuatro meses y medio”.

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Le respondió a Cortázar, y le espetó que “no me parece que así se hace la TV y que él lo sabía. Él me respondió que es lo que pidió el dueño y que los problemas de caja eran muy grandes. ‘Me podrían haber avisado antes, cuando me contrataron’, respondí yo”.

El ex director de programación de la señal privada recuerda que tres días antes de que lo echaran, “empezó una ley del hielo por Whatsapp. Hice una serie de preguntas, nada muy importante, pero no hubo respuestas. Presumo que todos ya sabían lo que venía”. Pero él, no. No lo sospechaba. Ante esto, asevera que “los puestos de confianza son frágiles en Canal 13. Hay un management con liderazgos poco claros, que por momentos confunde más de lo que orienta. Existe un dueño (Luksic) que opina y todo el mundo corre, un presidente (Cortázar) del directorio que no está, y que después está, una crisis económica que está persistentemente presente en la evaluación de programas y, por otro lado, un dueño que dice ‘échale nomás para delante’. Entonces, es un poquito complejo hacer andar un proyecto coherente. La televisión se hace con templanza. Y en Canal 13, la templanza era un atributo difícil de encontrar”.

Y eso, porque a su juicio, ningún programa -de lo que sea- va a funcionar con la historia de “¡Estamos perdiendo, estamos perdiendo! ¡Necesitamos ganar ahora ya! (…) Los winners se frustran permanentemente y terminan tomando muy malas decisiones… se olvidan de que esto es servicio público”.

Critica la decisión de enfocarse en hacer televisión para los segmentos con los que históricamente el 13 ha estado relacionado, el ABC1 y el C2. “Pero las audiencias están compuestas por gente de la A a la E. Todos son importantes consumidores y ciudadanos con opinión. Y si quisieras influir en las élites económicas, sociales, religiosas y políticas, no es necesario comunicarse con ellos a través de la televisión abierta. Bastaría un llamado por teléfono ¿Cuál es el gusto de hacer una televisión abierta dedicada a las élites? Para eso es más eficiente hacer un canal de cable, chiquitito. Si uno quiere tener un canal masivo, debe estar conectado con la transversalidad de la sociedad”.

Para de Aguirre, con el directorio hubo una “relación excesivamente unidireccional. No hay muchas posibilidades de abrir una discusión acerca de los objetivos del canal. Hay más bien fricciones que discusiones (…) había una estructura compleja, demasiados jefes con visiones particulares. El controlador, el presidente, el director y la subdirectora. Era una situación compleja. Una laguna con demasiados tiburones grandes”.

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Y con la relación con Cristián Bofill, de Aguirre la califica como cordial “De muy buenos modales. Nunca tuve un problema con él. Es muy cortés. Yo tampoco soy un gallo agresivo. Nos llevamos bien, aunque no siempre estuvimos de acuerdo”. Luego asegura rampante y “obviamente. Por experiencia al menos” tenía más conocimiento de televisión. Aclara además que “no era mi mandato meterme en periodismo, para eso hay un director de Prensa. Pero sí me hubiera gustado participar en el área en general, también en En Buen Chileno, pero no tuve tiempo para desarrollar esa relación. Es un área muy protegida por Bofill, es su ADN”.

Sobre el cambio de Bofill a prensa, en relación a la dirección ejecutiva, “él ha sido siempre un gran periodista (…) su vocación es más periodística que ejecutiva”.

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