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El Dínamo

Gas de la risa: opción barata, flexible y rápida para aliviar el dolor de parto

El 50% de las embarazadas decidieron usar el 'gas de la risa' durante el 2011 en Finlandia, Canadá y Australia a la hora de atenuar los dolores al dar a luz.


Mujer

20 de julio, 2014

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El uso del óxido nitroso, más conocido como “el gas de la risa”, comienza a ganar adeptas en los hospitales de Estados Unidos, entre los métodos variados que existen para aliviar el dolor durante el parto, como la anestesia epidural, y opciones menos convencionales como la meditación.

El uso del gas inodoro, usualmente administrado en el consultorio de los dentistas, comienza a ser contemplado por cada vez más especialistas, debido a los efectos a corto plazo registrados, además de la flexibilidad en su administración y el abaratamiento de costos.

Actualmente disponible en 19 hospitales y 14 centros médicos en Estados Unidos, el cuerpo de la madre elimina el gas en segundos al inhalar el aire de la habitación, en comparación con los efectos a largo plazo de la anestesia epidural, dijo Loral Patchen, del Hospital George Washington en el Distrito de Columbia.

Una de sus ventajas, para Patchen, es que mantiene a la madre consciente y no le quita la movilidad durante el trabajo de parto, en comparación con los efectos de la epidural, que puede dejarla anestesiada de la cintura para abajo durante varias horas.

Asimismo, la directora de la sección de parteras en Washington cree que este analgésico comienza a ganar seguidoras porque relaja a la madre y la tranquiliza, además de mantenerla alerta y consciente de todo lo que pasa a su alrededor.

“Para las mujeres que deciden parir de manera natural, ésta es una opción contemplada por la flexibilidad que conlleva”, apuntó Patchen, porque “puede ser administrada por la propia madre en caso de que la requiera y los efectos de alivio del dolor son inmediatos”.

Descubierto en 1771, el óxido nitroso comenzó a usarse cien años más tarde como analgésico para atenuar el dolor de las madres durante el alumbramiento, y en 1934 su uso se extendió cuando se inventó un mecanismo mediante el cual las mujeres fueron capaces de administrárselo a sí mismas.

El procedimiento es muy simple, explicó la partera: antes de cada contracción la madre inhala el gas a través de una máscara y el dolor tarda en desaparecer menos de un minuto, aproximadamente 30 segundos; luego, apenas la mujer deja de respirar por este medio, los efectos del gas desaparecen.

A pesar de todos los beneficios que presenta, solo el 1% de las madres en Estados Unidos decidió optar por esa alternativa en 2011, frente al 50% de mujeres que usaron el ‘gas de la risa’ en Finlandia, Canadá o Australia a la hora de atenuar los dolores del parto.

Según la Sociedad de Anestesiólogos de Estados Unidos, más del 60% de las mujeres opta por la anestesia epidural a la hora de elegir un método que alivie su dolor, una opción que encarece los costos del parto entre 250 y 1.000 dólares, frente a los 15 dólares que cuesta administrar el óxido nitroso.

Por parte del personal médico, aseguró Patchen, la capacidad de respuesta y la flexibilidad para atenuar el dolor de las mujeres durante el parto es más rápida cuando optan por el gas, frente al uso de la epidural, que requiere personal especializado y puede ser ineficaz si llega tarde.

Igualmente, “cada vez más mujeres eligen el óxido nitroso por iniciativa propia”, señaló Patchen, tras ser informadas de todas las opciones disponibles. Además, el gas es un analgésico que puede ser administrado de manera complementaria a los otros métodos de anestesia al alcance de las madres.

Las complicaciones durante el trabajo de parto causadas por la anestesia son “considerables”: causan un 5% de muertes entre las madres; sin embargo, también “se pueden prevenir fácilmente”, según cifras de la Sociedad de Obstretas y Ginecólogos (ACOG).

Igualmente, la ACOG previene que el gas nitroso al ser inhalado atraviesa la placenta, y su administración debe efectuarse con las debidas precauciones y en bajas concentraciones para no dañar al bebé con el síndrome de depresión neonatal.

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