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Nacional

"HidroAysén: Haga usted lo que quiera con nuestros ríos", por Pedro Rivera

Por 1 de Diciembre de 2010

La semana pasada el proyecto HidroAysén recibió el tercer informe de observaciones de la evaluación ambiental realizada por los servicios públicos. Tal como lo dice su Vicepresidente Ejecutivo, Daniel Fernández, si se compara con las tandas anteriores de observaciones esta última es menor y simple, y por lo tanto se entiende que la aprobación está cerca. Que duda cabe. Nadie se imagina que luego de decirle al proyecto que está casi todo bien con sus impactos ambientales, el Gobierno le diga ahora que está casi todo mal y por lo tanto se rechaza.

 

Lo lamentable de todo esto es que no está todo bien y las observaciones parecen resueltas por oficio y no en términos reales. La debilidad técnica de los antecedentes presentados por el proyecto es tal, que sigue siendo imposible responder a muchas de las observaciones históricas realizadas. Las dudas persisten, la falta de antecedentes y de seriedad del proceso de evaluación, también. 

 

Cuando el proyecto comenzaba a evaluarse se discutió sobre si la capacidad de los servicios públicos era la suficiente para llevar adelante un proceso tan complejo. El tiempo ha demostrado que la respuesta a esta interrogante era que quizás sí, pero por sobre todo ha demostrado que esa no era la duda más relevante. ¿Tuvieron las empresas responsables de este enorme proyecto la actitud adecuada para llevarlo adelante? ¿Fueron competentes las autoridades políticas de rango medio cambiando procedimientos y reglamentos para despejar el camino de la tramitación y del proyecto mismo? Al parecer, los que no tenían capacidad eran otros.

 

La aprobación está cerca pero persisten las inquietudes sobre un aspecto central: la transformación de los ríos. Esto es algo sobre lo que HidroAysén ha evitado informar. Como se sabe, prácticamente cualquier escenario de operación de los ríos generaría la misma energía si se mantiene cantidad de agua y caída. Pero el proyecto ha elegido gestionar el río de una forma tal, que afecta grotescamente a los caudales regulares y por lo tanto a su régimen, generando durante un día simultáneamente valores similares al mínimo y máximo histórico. 

 

El objetivo de esto es colocar más energía en las horas de mayor precio, y menos en las de menor, pero jamás aumentar la cantidad de energía para el país. Sólo se aumentan los números azules para el proyecto, a costa de aumentar aún más los números rojos para el resto de la sociedad. Porque con HidroAysén andando se trataría de otros ríos, distintos, como si estuvieran ubicados en otros lugares, como si lloviera completamente diferente, como si no hubiesen lagos, ni nieves. Como si la cuenca fuera otra. Así de relevante es la transformación que sufrirían los ríos.

 

Para ejemplificar esto, revisemos cómo se afecta el río Baker debido a la operación de la Baker 1, una de las centrales proyectadas en este río. En condiciones naturales, el Baker es regulado tanto por el Lago General Carrera como por sus aportes de hielos y nieves, por lo que presenta en general, un caudal bastante parejo. Dicho de otra forma, el caudal del río Baker será hoy muy probablemente casi igual al de ayer, muy probablemente casi igual durante todo el día, y muy probablemente casi igual al de mañana. 

 

La Baker 1 se encuentra localizada en un lugar del río donde el caudal medio es de 640 m3/s, y la variabilidad de este caudal es tan baja que el 90% del tiempo está contenido entre los 570 y 700 m3/s. O sea, se trata de un caudal que tiene muy baja probabilidad de desbordar el rango 570-700 m3/s; sólo algunos días y muy de vez en cuando. Pero HidroAysén operará el río pudiendo generar todos los días 8 horas con un caudal sobre los 1000 m3/seg (mayor al máximo histórico), y otras 8 bajo los 400 m3/s (menor al mínimo histórico), generado impactos en los usuarios del río hacia aguas abajo, en las actividades consolidadas, y en el medio ambiente. Tal como lo dice HidroAysén, su proyecto no genera gases contaminantes como lo hacen las termoeléctricas. Pero contamina enormemente, aunque de otra forma.

 

Ninguno de los impactos asociados a la transformación de los ríos son realmente evaluados por el proyecto. HidroAysén no ha investigado sobre lo que significa la transformación grotesca que hará de los ríos, y algunas de estas alteraciones ni siquiera son identificadas como impactos. Aún así la Dirección General de Aguas, servicio público que regula la materia, retiró de la evaluación ambiental las observaciones relacionadas con el comportamiento del caudal en el río, con lo que se entiende que valida una de las más agresivas alteraciones del río que vayamos a tener conciencia.

 

Es sumamente cuestionable que la energía de HidroAysén sea imprescindible para el desarrollo del país y que éste sea efectivamente un proyecto de alto estándar de calidad. Pero suponiendo que así sea, lo que está en juego con la grotesca transformación que sufrirían el Baker y Pascua no es la cantidad de energía que se suma al sistema, sino que rentabilizar más este proyecto hidroeléctrico. 

 

Los costos ambientales de esta agresiva alteración de los ríos son incalculables y los pagamos todos, mientras que los beneficios adicionales están fríamente calculados y son para los mismos de siempre. Y el Gobierno, pudiendo condicionar la operación en la aprobación ambiental, simplemente parece decirle a HidroAysén: haga usted lo que quiera con nuestros ríos.


 


 
(*) Pedro Rivera es Ingeniero Civil de la Universidad Católica, Magister en Ciencia. Especialista en Hidrología y gestión del agua. Ha realizado proyectos de investigación y desarrollo en la PUC y luego en el MOP. Fue Jefe de Estudios y Planificación de la Dirección General de Aguas, asesor de diversos Ministros, y Director Subrogante de la DGA.

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