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Nacional

"Reforma Educacional: ¿qué cuesta preguntar?", por P. Rodrigo Andrade

Por 2 de Diciembre de 2010

Vivo en un colegio, no sólo trabajo en uno. Mi pieza está tan cerca de las salas y de las canchas que los lunes puedo cantar el himno nacional desde mi cama. Comparto a diario con alumnos y profesores. Cada uno de ellos es un mundo: los jóvenes con sus ideales que desean desafiar yprovocar, y los profesores con su experticia que rara vez se les cuestiona.

He descubierto lo interesante que es observarlos. Así descubrí lo sensible que son los profesores, individualmente y como gremio. No sé si esto se deba a que muchos son mujeres (hiperdesarrollaron su maternidad “profesional”), o les enseñaron en la universidad que un buen profesor es aquel comprometido intensamente con sus alumnos.

 

Son tremendamente sensibles, de piel, expresan sus afectos de manera muy fuerte y cuando se sienten agredidos –por mínimas situaciones- lloran o ponen cara de asco. No me malentienda, con el tiempo, aprendí a quererlos y valorarlos aunque cada cierto tiempo me descoloquen con sus sentimientos epidérmicos, que sin embargo hablan de su estilo particular de ser profesional. Así me he encantado de su misión y cómo la viven (y sufren).

 

Quizás por eso no me gustará esta reforma (o al menos parte de ella). No me gustará, porque como todas las reformas del país no considerará la opinión y el sentir de los profesores. Al Ministerio de Educación, a sus ministros, a los gobiernos nunca les ha interesado conocer qué aporte pueden dar los docentes, como si no supieran que tienen el grado de licenciados en educación. Los ningunean salvajemente, el país ya no les cree cuando sus torpes dirigentes levantan la voz para defenderlos.

 

El ciudadano promedio no legitima –y con razón- al Colegio de Profesores, siempre hablando desde la mezquindad y del metro cuadrado. Por eso es mejor no dirigirse a quienes tienen que ejecutar las líneas que sociólogos, políticos, periodistas e ingenieros han creado y delineado para la educación de nuestros niños y jóvenes. (Es curioso saber que de los 32 ministros que han pasado por la cartera de Educación, la mayoría han sido ingenieros y sólo 5 pedagogos).

 

Cuando nos olvidamos del aporte que los docentes pueden hacer al curriculum, la reforma se transforma verdaderamente en una Revolución donde la sangre derramada es el orgullo de los pedagogos. Pero eso no importa a nadie, total los profesores deben ser los profesionales con más baja autoestima, y como ni siquiera pueden patalear seriamente – sólo se hunden en el desprestigio de su Colegio- no les queda más remedio que pedir ayuda al Chapulín, en una de esas, alguien se entera de que existen y son profesionales universitarios, licenciados en educación y responsables de nuestros hijos.

 

 

 

 P. Rodrigo Andrade es religioso sacerdote de San Viator, profesor y capellán del colegio San Viator de Ovalle. Apasionado por el evangelio y la humanidad, disfruta de las tecnologías y de la información. Es bloguero estable de El Dínamo.

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