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Nacional

Bielsa, economía, personalidad e imagen: por qué cayó Piñera

Por 3 de Diciembre de 2010

1. Mineros y ANFP: contingencia de doble filo.

Según Luis Argandoña, gerente de estudios de Conecta Research, que Piñera sea “más sensible a los eventos contingentes, ya sean oportunidades o ataques a su confianza”, ya parece un patrón. Que le cueste posicionarse en temas de largo aliento, también.

 

Y aunque “suele darse un efecto rebote en las encuestas de este tipo cuando la aprobación ha llegado a puntos muy altos”, como explica Alberto López-Hermida, académico de la Escuela de Gobierno de la Universidad de Los Andes, el efecto es innegable: la supuesta intervención electoral en la ANFP y la tardanza en la reconstrucción atacan la credibilidad del Presidente, su atributo más bajo en la evaluación de Adimark. Apenas un 49% de los encuestados opinó qur Piñera era creíble en algún grado. 

2) Lo quieren mucho, poquito, nada: alta fluctuación en dos meses consecutivos.

Pocos años son tan acontecidos como el 2010, y pocos mandatarios han visto que su aprobación varíe tanto como la de Piñera. Un mes gusta, y al siguiente no. Un día su gobierno rescata a 33 mineros atrapados bajo tierra, y al otro lo acusan de provocar la salida de Harold Mayne-Nicholls y Marcelo Bielsa, los únicos hombres capaces de alegrar al país durante este año. Sus actos y consecuencias son radicales: Piñera encanta o decepciona, sin matices.

 

Pero también convierte a los más incrédulos. A un alto costo, claro: se necesitó el mayor accidente de la industria minera a nivel mundial para que al Presidente lo quisieran más de la mitad de los chilenos. Pero podría ser un cariño malo. Según Gonzalo Tapia, socio director de Factor Estratégico, “la volatilidad se da porque Piñera gana con votos que no son de él, hay un 7% prestado”. Y una “luna de miel” que se ha prolongado más de lo normal.

 

Problema que no tenía Bachelet, quien incluso tenía seguidores en la Alianza por el Cambio. Y cuya única variación tan alta en la misma encuesta fue en su primer año de gobierno, tras el conflicto estudiantil con mayor participación en la historia del país. Por eso, Argandoña le atribuye la volatilidad de la aprobación presidencial a la “espectacularidad” de la contingencia.

 

También ayuda que Piñera sepa dónde y cuándo aparecer con su parka roja para aumentar la cifra. Un “Llame ya” de popularidad.

 

López-Hermida, en tanto, cree que ése es justamente el problema. Porque “uno tiende a esperar que un gobierno tenga un plan, un mapa, que esté por sobre la contingencia”.

3) Eres tú, no tu gobierno.

 
Pero más allá del Mundial de fútbol, de la mina San José, de Mayne-Nicholls y de la Roja en La Moneda, Piñera es el principal artífice de su fluctuación. Y “su principal enemigo”, según López-Hermida. El cientista político es tajante: “El Presidente es una persona poco querible, principalmente porque el empresario tiende a ser poco querible en Chile. No se quiere a Piñera haciendo cosas y abrazando a la gente. Se le quiere en la oficina, sacando al país adelante”.

 

Pero al mandatario le gusta figurar lo más posible. “Bacheletizarse”, según  López-Hermida. Y eso es lo que provoca rechazo en un porcentaje de la población -y en un 36% de los encuestados por Adimark. “Su predilección por las carreras cortas, por estar en todas y por diversificar tanto su agenda -explica Argandoña-, de seguro estimula que buena parte de la ciudadanía lo evalúe en función de episodios”.

 

Y el pronóstico que él augura al respecto, no es muy positivo. “Es difícil que esto cambie –él no sería quién es-, pero es probable que tenga que invertir con más intensidad en las carreras de fondo”.

 

4) Cae uno, y caen todos. Al menos los de comunicaciones.


Detrás de Piñera hay todo un equipo comunicacional -encabezado por María Luisa Brahm en el segudo piso y Fernanda Otero desde afuera- que cuida y moldea su imagen en los medios y ante el electorado. Y  López-Hermida cree que no es el responsable de la caída. Que son precavidos. Que el capital tras el rescate minero no está perdido, sino que “quedó en una caja fuerte y que será sacado en algún momento (¿2013?)”. 

 

Tapia, en cambio, cree que la estrategia comunicacional “basada en la ‘personalización de la política’”, vista tanto en Piñera como en algunos de sus ministros, “es un arma de doble filo. Porque en un momento esas características personales deben aterrizarse en un proyecto programático”.

 

Pero más allá de las intenciones, las cifras son claras en este tema. Datos de Conecta Research estiman que  el tema de la ANFP “ocupó el 10% de todo el tiempo de cobertura de noticiarios de TV en noviembre”, según Argandoña. “Eso es altísimo. Frente a la fuerza de esa agenda y el carácter de ese conflicto, los márgenes de acción –comunicacionales- eran limitados”.

 

 

Pero la falla que sí se le puede atribuir al equipo comunicacional del Presidente es no posicionar una narrativa de largo plazo que lo flanquee ante la contingencia. “Pero de nuevo -insiste Argandoña- el personaje es Piñera, y eso no lo pueden cambiar”.

5) Bonanza no es sinónimo de aprobación. 

 

Hay que hacer la diferencia: una cosa es una economía positiva, y otra cómo se siente la gente al respecto. Según  López-Hermida, ahí está la clave de por qué los aciertos financieros del gobierno no inciden en la aprobación del gobierno.

 

“Los gobiernos de Lagos y Bachelet fueron especialistas en darle a la gente sensación de bienestar (subsidios, casas, computadores, internet, estadios, carreteras, etc.)”, asegura López-Hermida.

 

“Piñera no ha podido recoger los éxitos en los indicadores económicos y hacérselos saber a la gente”.
Según Tapia, el problema estaría en las expectativas: “En momentos de expansión económica,
éstas pasan la cuenta”.
Sobre todo cuando se tiene la sensación de que ese éxito no se está compartiendo.

 

“Mientras las autoridades hablan de bonanza económica -dice Tapia-, gran parte de la población no recibe esos beneficios”. Según él, quizá un golpe más profundo de la crisis económica desatada en 2009 habría favorecido a la popularidad de Piñera: “Cuando la economía se contrae, las medidas de protección social generan cercanía con los gobiernos”. 

 

6) El arrastre de Piñera (en un mal sentido).

 

Que Piñera bajara en un 13% su aprobación, no significaba necesariamente que la  evaluación del gobierno haría lo mismo. De hecho, la mayoría de las veces éste aparece mejor evaluado que la figura del Presidente. Sobre todo en casos como el de Piñera, ya que, como explica Argandoña, “su exposición hace que sea él quien pague más costos cuando las situaciones le son adversas”.

 

 

Prueba de esto serían los 25 puntos con que Rodrigo Hinzpeter y Joaquín Lavín superan al Presidente. “Para no hablar de Golborne”, remata Argandoña. Otro argumento que despega al Gobierno del Presidente es analizar a los ministros mejor evaluados, como lo hace Tapia. Y aunque sus cifras sean mejores que las de Piñera, no necesariemente implican un buen desempeño: “Su aprobación se sustenta en destacarse por sus características personales -explica Tapia-, no en los ámbitos que corresponden a su cartera.  Llama la atención cómo los ministros mejor evaluados tienen a cargo los ítems con peor evaluación: Hinzpeter, seguridad; Lavín, educación; Mañalich, salud”. 

 

Por lo mismo, López-Hermida, de la Univesidad de Los Andes, cree que el mandatario sí arrastra a las carteras consigo. Pero también a las personas. “El que Piñera dé la sensación de hacerlo todo, opaca a su gabinete”. Y para ejemplificarlo, “una figura un poco infantil y con las limitaciones del caso: Papá Pitufo nunca se vestía de médico, ingeniero o minero. Eso lo hacían Pitufo Doctor, Pitufo Ingeniero y Pitufo Minero. Muchas veces Piñera se pone la ropa de los ministros y eso no le hace bien a él y mucho menos a ellos”.

 

7) Contigo, pan y vino (mientras me convenga).

 

Las fluctuaciones del apoyo al Presidente son lo más constante en su evaluación. Piñera sabe que hay entre un 10 y un 20% con el que no puede contar, sino que tiene que ganárselo. Según Argandoña, son los segmentos medios bajos y bajos. “Hay 20 puntos de diferencia entre los segmentos D y E y los grupos alto y medio-alto en esta última medición”. López-Hermida, más que el origen, detalla el comportamiento de ese porcentaje de gente “que puede clasificarse como el que votó por Piñera porque la otra opción era Frei”.

 

 

Y a pesar de que hoy no se deciden por completo y mantienen a Piñera en un porcentaje estancado cerca del 50%, López-Hermida asegura que la clave es “tener a ese porcentaje a su lado el 2013. Lo que pase hasta entonces no será más que ruido -del  que, como todo ruido, hay que estar atento a su significado-, pero no es más que ruido. Cosa que también debe procurar entender la Concertación”. 

 

 

8) Oposición engañosa.

 

Ni siquiera la Concertación tiene claro de quién es la oposición de Piñera. Y eso, según Argandoña, está “entre lo más interesante de esta encuesta: constata que oposición y Concertación no son lo mismo para mucha gente. La primera crece mientras que la segunda se mantiene baja dentro del margen”.

 

Eso da a entender que “hay un público que rechaza a Piñera, pero que no se siente representado por la actual oposición. Y que la Concertación como oposición está siendo insuficiente para ellos”. Eso significa que ese porcentaje tiene potencial de sumarse al 10-20% cambiante que apoya y rechaza al Presidente dependiendo del tema y la ocasión, a menos que la coalición de izquierda logre convencerlos de cruzar la vereda.

 

Pero es difícil. “La Concertación se mantiene en su aprobación más dura, en torno al 30 ó 35%”, explica Tapia. Insuficiente para parecer una opción atractiva ante el desencanto con ambas coaliciones, sobre todo cuando ni siquiera tiene una estrategia clara. Según López-Hermida, “la oposición se está aprovechando muy bien de cualquier flaqueza de Piñera y su gobierno. Esto no quiere decir, bajo ningún concepto, que esté ejerciendo bien su papel de oposición. Es una oposición crítica destructiva”. Y purista.

 

 
Pero tambien sin propuestas concretas. Y aunque eso le juegue a favor al Gobierno -todavía no tiene competencia para el 2014-, “el atolondramiento de Piñera muchas veces le juega malas pasadas -explica López-Hermida-. Eso, sus opositores han sabido tomarlo y, no siendo lo más noble en política, darle una importancia inmensa”.

 

Sin embargo, eso no es suficiente para desligitimar al gobierno de turno. Faltan alternativas. Y mientras éstas no existan, Piñera se vuelve a parar -como esos monos porfiados que no se rinden- y sigue con sus múltiples apariciones. Lo que es suficiente cuando no hay nadie del otro lado compitiendo. “Tiendo a pensar”, concluye López-Hermida, “que la oposición que quiera llegar pronto al gobierno debe corregir más que criticar. Hay una diferencia: la corrección va acompañada con sugerencia constructiva. La crítica actual es, por momentos, de corte bélico”. 

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