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Nacional

5 microorganismos extremófilos que deberías conocer

Por 5 de Diciembre de 2010

Al final no fue vida extraterrestre, pero antes de buscar en las estrellas, conozcamos algunos de estos bichos que sobreviven en las condiciones menos hospitalarias de la Tierra. Con
ustedes, una lista de cinco microorganismos extremófilos que vale la
pena conocer:

 

1. Thermus aquaticus

También conocida como Thermophilus aquaticus,
esta bacteria fue descubierta en 1969 por Thomas Brock en una fuente
del Parque Nacional de Yellowstone. Pertenece al grupo de los termófilos:
microorganismos que viven en temperaturas que superan los 45 °C,
normalmente en ambientes como chimeneas hidrotermales. Se cree que las
termófilas fueron las primeras células simples, surgidas en sitios con
alta actividad volcánica. La Thermus aquaticus vive en temperaturas entre 50 y 80 °C.
Esta bacteria es célebre porque la enzima que utiliza en la replicación
de su ADN es utilizada por su termorresistencia en las reacciones en cadena de la polimerasa, un proceso clave en el desarrollo de la ingeniería genética.

 

2. Polaromonas vacuolata

Si iniciamos con el calor, ahora vámonos hacia el otro extremo. La Polaromonas vacuolata es un extremófilo que pertenece al grupo de los psicrófilos.
Este tipo de organismos es capaz de vivir en temperaturas
extremadamente bajas. También se les conoce como criófilos (amantes del
hielo, de acuerdo a su etimología). La Polaromonas vacuolata pertenece al subgrupo de los psicrófilos extremos. Su hábitat son las aguas de la Antártida,
vive bien a los 0 °C, y tiene una temperatura óptima de 4 °C. Fue
descubierta por el microbiólogo James Staley, y sus enzimas han sido
estudiadas por las compañías de alimentos para entender las reacciones de descomposición de comida dentro de los refrigeradores; o por la industria cosmética, para que las fragancias no se evaporen tan fácilmente. 

 

3. Thermococcus gammatolerans

Sin duda, la Thermococcus gammatolerans es uno de los organismos más resistentes sobre la faz de la Tierra. Esta arqueobacteria pertenece al grupo de los radiófilos, capaces de sobrevivir en condiciones de elevada radioactividad.
Este tipo de extremófilos no se limita sólo a microorganismos, pues
muchos animales y plantas de áreas afectadas como Chérnobil entran en
esta clasificación. Sin embargo, Thermococcus gammatolerans se lleva las palmas como el organismo más tolerante a la radiación, capaz de aguantar hasta una irradiación de rayos gamma de hasta 30 KGy.
Sólo para contextualizar, una dosis de 10 Gy es suficiente para matar a
un ser humano. Sus enzimas son estudiadas para entender el proceso de
la carcinogénesis. También se ha especulado que el proceso de reparación
de ADN de esta arqueobacteria podrían usarse para reducir el envejecimiento celular.

 

4. Haloferax volcanii

Otro de los ambientes inhóspitos en los que viven los extremófilos son aquellos saturados de sal. Un digno representante es la Haloferax volcanii, una arquea que pertenece al grupo de los halófilos.
Estos organismos viven en entornos salinos. Mientras que las células
comunes se desecan y mueren en estas condiciones, los halófilos
sobreviven gracias a las adaptaciones fisiológicas que facilitan la
retención de agua. La Haloferax volcanii es encontrada
comunmente en el Mar Muerto, y es considerada una de las primeras
habitantes de la Tierra. Recientemente, un grupo de científicos de la
Universidad de California-Berkeley utilizó a esta especie como parte de
un proyecto para estudiar la viabilidad de la supervivencia de algas
halófilas en Marte.

 

5. Lactobacillus acidophilus

¿Lactobacilos? En efecto, si el nombre les suena familiar, es porque es uno de los extremófilos más conocidos por el hombre. El Lactobacillus acidophilus es una bacteria que pertenece al grupo de los acidófilos, y es responsable de la formación del yogur. Los acidófilos reúnen a organismos simples que son capaces de vivir en condiciones de pH demasiado bajo para otras formas de vida. Esta bacteria se considera un probiótico, y se encuentra en los intestinos del ser humano, así como en la boca y la vagina.
La razón por la que habita en estas cavidades es para proteger del
efecto nocivo de otros microorganismos. En la digestión, ayuda a la
desconjugación y separación de los aminoácidos por los ácidos biliares.

 

Así que mientras soñamos con encontrar vida fuera de este
planeta, bien nos convendría seguir revisando los recobecos de nuestra
perla azul, por más insospechado que parezca. Como bien diría el Dr. Ian Malcolm: la vida hallará la forma.

 

Vía: Alt1040.

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