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El descargo del emprendedor austriaco que quiso abrir su negocio en Chile: “Es un país terriblemente difícil”

El ex banquero europeo dejó las finanzas para hacer lo que más le gustaba y abrir una sucursal en Chile. Una vez instalado se sorprendió de la burocracia, la lentitud del sistema y de la serie de papeleos que tenía que hacer para todo.


Nacional

29 de agosto, 2016

Autor: El Dínamo

santiago

Asociado con el fallecido empresario y ecologista Douglas Tompkins, el austriaco Moritz Fried decidió salir del mundo de las finanzas y abrir su camino propio: los helados artesanales, negocio que quiso abrir en Santiago para luego expandirlo en otros lugares del país.

Sin embargo, una vez instalado se sorprendió para mal: Chile no era cómo se lo habían vendido. “Es muy engañoso cuando uno lo ve desde afuera, porque pareciera que las cosas realmente funcionan”, dijo en entrevista con la revista Paula. 

Moritz vivió de cerca la lentitud del sistema y la eterna burocracia al momento de abrir su primera sucursal ubicada en Vitacura. “Me impresionan los desafíos burocráticos. Tienes que lidiar con las seremis, los permisos, las patentes: trámite, trámite, trámite. Y siempre hay que ir a la estúpida notaría. Es desesperante por lo lento y porque quedas sujeto a funcionarios de la administración pública que son flojos y que no quieren ayudarte”. 

Pese a que resolvió sus problemas, el heladero se quedó con un sabor amargo: “Chile es un país terriblemente difícil para emprender”.

Y en el poco tiempo que lleva en el país realizó una suerte de radiografía sociológica debido a la brecha educacional. “La diferencia entre los ricos y pobres es trágica. Y la causa también está en las elites, porque a ellas no les gusta la movilidad social porque les crea más competencia (…) Todo está prediseñado, pre arreglado. Y no quiero que esto suene a que soy de izquierda, porque no lo soy”. 

Para Moritz Fried la visión capitalista queda plasmado en el día a día. “Es una sociedad extremadamente materialista. Lo ves es en esos autos enormes, en la cultura de ir de compras, donde la gente se mueve por el consumo y los símbolos de estatus”, planteó.

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