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El Dínamo

Diez confesiones increíbles del hombre acusado por Luksic de suplantar su identidad en Twitter

La cuenta @losluksic fue creada por Rodrigo Ferrari para realizar crítica política. A causa de la creación de esa cuenta, se vio enfrentado al Ministerio Público, que lo investigó por supuestamente estar suplantando a uno de los hombres más poderosos del país.


Nacional

22 de septiembre, 2016

Autor:

Andrónico Luksic

Después de un par de meses de haber creado y utilizado sólo la cuenta @losluksic, el abogado Rodrigo Ferrari se percató de que Twitter había cerrado el usuario “sin mayor explicación. Traté de ingresar y no pude, así que no le di más vueltas al tema y seguí con mi vida”.

Lo que en ese momento no sabía Ferrari es que se había enfrascado en un largo proceso judicial que lo tendría entre ceja y ceja del empresario Andrónico Luksic, uno de los hombres más poderosos de nuestro país. Esto comenzó para Ferrari cuando la PDI llegó en octubre del 2012 a su departamento.

En una entrevista de la revista de la Defensoría Penal Pública, que revela en esta jornada The Clinic, el abogado hace un recuento del caso, y menciona cómo los fiscales del Ministerio Público le sugirieron que se declarara culpable, asegura que pese a que los abogados del empresario le anunciaron que apelarían, finalmente no se hizo, y menciona una serie de puntos de todo el proceso el que concluyó con su absolución.

Hice una cuenta parodia que se llamaba [email protected], caracterizada con una foto de los hermanos, que tenía un fondo de pantalla con dólares que caían del cielo. La cuenta se dedicaba a bromear, festinar y también a hacer un proco de crítica política sobre el poder de este grupo económico en Chile. Una crítica que hoy se sigue haciendo.

(La PDI explicó) que estaban investigando tres cuentas de Twitter denunciadas por la familia Luksic: [email protected], [email protected] y [email protected]. Dijeron que según toda la información que habían recabado preliminarmente, el uso y creación de esas cuentas estaban vinculados a mí.

– Había un trabajo de investigación de la Fiscalía durante dos años, que incluía seguimientos a mi persona, como sospechoso. Había fotografías tomadas a mí, al edificio donde vivo y a mi oficina. Consignaba relatos de mi supuesta rutina diaria de transportes y constaba que había dos detectives de punto fijo viendo qué hacía este sospechoso.

– Ellos, teniendo mi correo, solicitaron a VTR, nuevamente sin orden judicial, que entregara los datos pertenecientes al suscriptor de este correo electrónico y cliente de VTR, además de las IP que se encontraron como servicio prestado por VTR. La empresa entregó nombre, Rut, teléfono y correo electrónico. VTR entregó toda mi información.

Básicamente sin ninguna orden judicial violaron todos mis derechos de privacidad y se montó una historia sobre la autoría de estas cuentas en Twitter.

– Cuando fui citado, Marcos Mercado y su fiscal adjunto me ofrecieron un trato según el cual podía declararme culpable y me comprometía a hacer unos talleres de buen uso de Twitter en colegios. No acepté, porque en ningún caso me iba a declarar culpable de algo en lo que era inocente.

– Los abogados de Luksic me dijeron que ellos estaban dispuestos a desestimar los cargos si les daba un plazo para verificar si las otras dos cuentas tenían alguna relación conmigo, porque eso no había quedado acreditado en la investigación. Creo que ahí notaron que las cuentas @andronicoluksic y @luksicandronico eran las únicas que -eventualmente- podrían ser acusadas de usurpación de identidad, pero no fueron creadas ni administradas por mí.

Sí mandé una carta a VTR pidiendo explicaciones de por qué se había entregado mi información. Nunca me respondieron nada y tampoco insistí, porque no quería saber más.

– El día de la sentencia absolutoria lo único que me dijo el abogado de Andrónico Luksic fue ‘nos vemos en la Corte’. Por alguna razón no apelaron, lo que me llamó la atención, porque estaban muy convencidos de que tenían un caso.

En Chile no existe la cultura de hacerse responsable de los daños. Si merezco reparación, debo reclamarla judicialmente y la contraparte siempre querrá minimizar su responsabilidad.

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