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El Dínamo

Extracto del libro de la ex jefa de prensa UDI que tiene al gremialismo con espasmos

Lily Zúñiga cuenta algunas de las historias vividas en la casona de calle Suecia, que involucra a la cuestionada secretaria histórica del partido, Marisol Caviedes, y a otros personajes. Allí relata peleas, borracheras, insultos y duros encontrones.


Nacional

11 de octubre, 2016

Autor:

maxresdefault

Mañana, 12 de octubre, la polémica ex jefa de prensa de la UDI, Lily Zúñiga, lanzará su libro “Imputada, la historia de la negra tatuada de la UDI”, en el centro nocturno Passapoga.

Zúñiga dejó las comunicaciones de la colectividad tras ser involucrada en el escándalo por financiamiento irregular en el marco del caso Penta, acusando tratos injusto entre otros, por lo que decidió preparar un volumen de corte autobiográfico donde contará detalles sobre su paso por la tienda gremialista.

El Dínamo tuvo acceso a uno de los capítulos de este libro, llamado “El Rottweiler, la jefa y el acosador”, donde cuenta la historia de José Luis o, como lo apodaban por su carácter, el Rottweiler, el cuidador de autos de la sede del partido; sobre Marisol Caviedes, la histórica secretaria -también involucrada en el Caso Penta- y del secretario ejecutivo, Jorge Manzano.

Sobre el Rottweiler, Lily Zúñiga afirma que “este hombre de aproximadamente sesenta años, de baja estatura, pelo canoso, manos agrietadas y trato duro, supo graficar en pocos minutos su rol en el lugar. Sin rodeos y marcando su territorio, me dejó en claro que él era el jefe del patio”.

“Llevaba muchos años en la UDI y se le notaba. Hablaba con mucho respeto de las autoridades más representativas, incluso, muchas veces rozaba el límite de lo permitido y caía en el fanatismo extremo por algunas figuras del partido”, relata en el libro.

“La jefa”

Otra historia apunta a “la jefa”, Marisol Caviedes, “una pieza clave de todas las administraciones desde el inicio fundacional de este partido con el apellido de «popular». Se dice que estaba en su oficina, ubicada en el segundo piso, cuando el auto de Jaime Guzmán llegó luego de haber sido atacado el año 1991 en el Campus Oriente de la Universidad Católica”.

“El día de su cumpleaños se ausentaba de la oficina porque según decía ‘odiaba que la saludaran’. Recuerdo que en 2012 el secretario general de ese periodo, el diputado José Antonio Kast, organizó una pequeña sorpresa que contemplaba la asistencia de todos los funcionarios, quienes la esperábamos escondidos en el comedor, donde se realizaban las principales reuniones del partido”, cuenta.

Según Zúñiga, “el presupuesto del festejo solo contemplaba una torta pequeña con una vela y, como decoración, un par de globos y bebidas. Cuando llegó, su rostro no pudo disimular la molestia que le había provocado la situación. Kast, con la torta en sus manos, solo se limitó a explicarle que era una pequeña recepción por su cumpleaños, pero ella apenas estuvo un par de minutos y se retiró. Los asistentes nos miramos tratando de entender el porqué de su enfado, pero nadie tuvo una respuesta certera”.

“Mitos de amores y desilusiones la rodeaban, formando parte de las historias que explicaban el difícil carácter de esta mujer de más de cincuenta años, madre de dos jóvenes universitarios y casada con José Hormazábal, exconcejal de Huechuraba y director de diversos departamentos de municipios, entre ellos el de Recoleta. Un hombre que siempre estuvo envuelto en rumores de infidelidad, historias que siempre llegaban a oídos de Marisol. Hormazábal formó parte del equipo del Ministerio del Interior durante la administración de Sebastián Piñera”, cuenta la ex jefa de Prensa.

La periodista asegura que “Marisol estaba enterada de cada movimiento al interior de la UDI, sabía hasta el último detalle y nadie se atrevía a contradecirla o enfrascarse en una discusión con ella. Todos sus subalternos le temían y muchas veces encontré a algunas mujeres llorando en el baño por el trato que recibían de ella”.

“El mismo año de mi llegada, la encargada de la cocina, a quien todos llamaban muy cariñosamente ‘señora Juanita’, desapareció de la noche a la mañana. Cuando pregunté por ella, después de varios días sin verla, me comentaron que había renunciado por problemas siquiátricos provocados por el maltrato sufrido en el trabajo, y que había demandado a Marisol Cavieres en la Inspección del Trabajo”, explica en el libro.

Zúñiga dice que “poco tiempo después, otra señora de rostro tierno, inquieta y acelerada, llegó en su reemplazo, pero no pasó mucho tiempo y nuevamente empezaron los problemas. Con ella logré una relación más cercana. ‘Normita’ se llamaba y era una señora de mucho esfuerzo, por ese motivo aguantó hasta lo que más pudo. Sin embargo, las razones volvían a repetirse una y otra vez: el maltrato y el abuso laboral la hicieron partir. Ella tomaría las mismas acciones legales que la señora Juanita contra la ‘jefa'”.

De origen muy humilde, reniega de su pasado, al extremo de no avisar cuando falleció su madre para que nadie asistiera a la ceremonia de despedida. Sin embargo, como su hermana era una mujer clave en la municipalidad de San Bernardo, muchos dirigentes se enteraron de la noticia y decidieron ir para acompañarla en la lamentable partida de su progenitora. El velatorio se realizó en el hogar de su familia, una pequeña y antigua casa de adobe ubicada en el sector de Huelquén en Buin. Así la describe una de las pocas personas que conoce pasajes de la vida de esta mujer: ‘Pocos se ganaban la confianza de Marisol. Ella y su vida eran un enigma. Solo era reconocida como una mujer influyente y que manejaba los temas importantes del segundo piso'”, relata.

De lujos y amiguismo

También se refiere a otros polémico personaje de la casona de la UDI en calle Suecia: Jorge Manzano, secretario ejecutivo de la UDI. 

“Con más de 50 años, separado y sin hijos, era cercano a Pablo Longueira, a quien trataba de «amigo», aunque Jorge no tenía amigos. Sus cercanos solo lo buscaban para tener acceso a sus innumerables contactos con empresarios, políticos y dirigentes que ha generado durante años”, lo retrata Zúñiga.

“Vivía y vociferaba sus lujos constantemente. Solía ir vestido a imagen y semejanza de los ‘próceres’ –aunque se burlaban de que la ‘percha no le daba’– y siempre se codeaba con ellos, participando de sus celebraciones más íntimas, como cumpleaños o bautizos. Acostumbraba a jugar tenis en unas canchas de Martín de Zamora, en Las Condes, y por lo general tenía a algún ‘regalón de turno» con quien practicar. El último fue Pablo Terraza, miembro del grupo de los autodenominados «nuevas generaciones’ de la UDI”, escribe en “Imputada”.

Según relata Zúñiga, “sus historias de grandeza superaban la realidad. Hablaba de que pertenecía a los «Manzano» terratenientes, dueños de fundos, y de su vida de grandes lujos, pero su historia plagada de fantasías fue destapada cuando su padre murió. Nunca le dijo a nadie de la muerte de su progenitor, pero al funeral llegaron varios dirigentes y cercanos a él. Según relatan, su cara de asombro y vergüenza superó con creces el sufrimiento de la pérdida. Imposible olvidar las peleas a combos que protagonizó Manzano cuando bebía más de la cuenta”.

Otra arista principal tenía que ver con las mujeres. Muchas fueron víctimas de sus descontroladas reacciones, originadas por simples excusas que ellas daban para sortear sus múltiples acosos. No obstante, él se las arreglaba para de algún modo justificar esa violencia. Cuando el alcohol lo dominaba, su vocabulario se concentraba en descalificativos tan fuertes que muchas de sus víctimas terminaban en llantos descarnados. «Puta», «fea», «maraca», «hueona», «lesbiana», «mantenida», eran sus principales armas de ataque”, cuenta.

Zúñiga relata un episodio de cuando “una vez fuimos invitados por Felipe Salaberry a una comida al Raúl Correa y Familia, restaurante ubicado en Vitacura. En la ocasión estaban Marisol Cavieres, Víctor Krefft, Ximena Plaza, Mónica Mac-Carte, Jorge Manzano, Claudia Vera, Juan Antonio Coloma, presidente de la UDI en ese momento, y parte del equipo de diseño”.

“Teníamos una mesa reservada para celebrar el gran trabajo realizado en el último consejo nacional. Por primera vez hicimos una transmisión por streaming y recibimos buenas críticas de los militantes, sobre todo de regiones, quienes pudieron seguir el evento. Coloma comió y se retiró rápidamente, más bien hizo acto de presencia. Pero, para variar, Manzano tomó más de la cuenta y empezó a molestar a Marisol Cavieres. Me acuerdo que modulaba pésimo y reía como «Patán», el perro de Pierre Nodoyuna. De pronto se excedió y violentamente le dijo a Marisol ‘cállate, vieja culiá’. Mónica Mac-Carte no se quedó atrás e intervino tratando de defenderla, pero el secretario ejecutivo sin ningún miramiento le gritó en su cara: ‘Tú no te metas, lesbiana’ y un sinfín de improperios más”, cuenta.

El libro reúne una serie de historia de este tipo, donde Zúñiga reflexiona que “para mí todo este mundo era nuevo y me impresionaba con facilidad. Aún no entendía bien cómo funcionaban las cosas al interior del partido. Lo único claro era que cada día que pasaba tenía más preguntas y menos respuestas”.

El libro puede ser comprado en MujerActual.cl

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