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Jorge Sharp: "Hay una imagen de Valpo donde cada uno puede venir y hacer tonteras, orinar o tirar basura" Jorge Sharp: "Hay una imagen de Valpo donde cada uno puede venir y hacer tonteras, orinar o tirar basura"

Hoy, el alcalde de Valparaíso cumple tres meses al mando del municipio en medio de una serie de transformaciones que pretenden cambiar la cara a la ciudad puerto. Así lo asegura el alcalde Sharp en esta entrevista a El Dínamo, donde advierte que llegaron a hacer reformas a la comuna y no a administrar lo existente.

Nacional

Jorge Sharp: "Hay una imagen de Valpo donde cada uno puede venir y hacer tonteras, orinar o tirar basura"

Por 6 de Marzo de 2017

Es jueves y el alcalde Jorge Sharp ha tenido una maratónica jornada de varias reuniones en la Municipalidad de Valparaíso. Termina una y pronto empieza otra, al tiempo que sus asesores se mueven rápido por el segundo piso del edificio Consistorial, coordinando la agenda para apurar una etapa de instalación y primeros cambios que pronto llegará a su fin.

Sus colaboradores cercanos y de confianza ya fueron nombrados; ahora se encuentran en el proceso de instalar los equipos de la “alcaldía ciudadana” en distintas divisiones y pronto comenzarán la tercera y final etapa: los nombramientos en Patrimonio, Cultura y Turismo. Al interior del municipio aseguran que han sido semanas complejas, donde tuvieron que destapar sorpresas y poner en funcionamiento una maquinaria municipal que estaba frenada y asumiendo un déficit multimillonario que -advierten- será mucho mayor a lo proyectado inicialmente.

En ese contexto, el alcalde Sharp recibió a El Dínamo en el municipio para hacer un balance justo cuando se cumplen sus tres primeros meses al mando de Valparaíso, gestión que es observada cautelosamente por el Frente Amplio -al que pertenece junto al Movimiento Autonomista-, ya que su trabajo podría ser un puntapié importante para el nuevo bloque político.

-¿Cuál es tu diagnóstico sobre el municipio?

-La perspectiva financiera la vamos a tener una vez que finalice la auditoría que está realizando la Contraloría General Regional a la Municipalidad y que pronto empezará en la Corporación. Ahí sabremos el verdadero déficit, que nosotros creemos que va a muy superior a lo que se maneja hoy. Se hablaba de 30 mil a 40 mil millones pero debiera ser muy superior. También vamos a poder identificar algún grado de ilícito o que se dé lugar, por ejemplo, a sumarios.

-¿Y sobre la gestión de la comuna?

-Hemos percatado que se dejó de hacer mucho trabajo en Valparaíso y te doy dos ejemplos en temas súper sensibles para la ciudad. Uno es la Oficina de Emergencia, el brazo operativo de la municipalidad para poder enfrentar situaciones como incendios, tenía cuatro funcionarios, el jefe y tres más. En aseo, en casi seis años se adquirió solo una hidrolavadora para todo Valparaíso, que hemos puesto en circulación para intentar abordar ese problema. La administración anterior derechamente se despreocupó de la ciudad y dejó mucha tarea para hacer, pero no me interesa seguir en una lógica de crítica, sino más bien en una dimensión de gestión y trabajo.

-¿Puede afectar todo esto a que hagas una buena gestión?

-Esto genera bastantes límites a la municipalidad. El hecho de que haya un déficit presupuestario tan alto y una cultura y forma de hacer las cosas por veinte años hace que se dificulte que los cambios sean rápidos. Los cambios van a existir, es nuestro compromiso. Quizás demoren un poco porque la municipalidad está en una etapa muy compleja y financiera de desahucio. Esto no es responsabilidad de los funcionarios municipales de base, sino que de los tomadores de decisiones que cultivaron una cultura de trabajo, que hicieron que se viera la municipalidad como un lugar ineficiente, donde se pagaban favores políticos y se hacían negocios personales. Vamos a poner fin a todo eso.

“Estamos acostumbrados a no cumplir la ley”

-Decidiste detener la construcción de varios edificios en la comuna. ¿Qué visión tienes para Valparaíso?

-El problema de fondo es que hoy se cuenta con reglas en materia de construcción y organización que responden al Valparaíso de hace 20 o 30 años. Necesitamos nuevas reglas, un nuevo pacto de cómo queremos vivir el territorio. Eso depende de cómo llevemos las decisiones de manera participativa con los vecinos y ahí es importante el plan regulador, que tiene casi dos décadas y necesitamos uno nuevo. Desde que se licitó uno nuevo a una consultora externa para su diseño han pasado siete años… ¡siete años! En ese periodo, el boom inmobiliario ha sido gigante y el nuevo plan no puede ser hecho a medida de las inmobiliarias.

-¿Cómo se reflejará ese plan en lo concreto?

-Debiese ser capaz de definir un uso público y no mercantil del borde costero, que proteja el patrimonio, que hoy se está cayendo a pedazos, y respetar lo que los expertos llaman el patrón de asentamiento, la forma que a través de los años las comunidades fueron definiendo cómo querían vivir y no a punta de construcción en los cerros con edificios en la altura. Hay que establecer restricción a la altura en los cerros. Pero nosotros también queremos que haya inversión, que los privados tengan reglas claras para invertir como le gusta decir, sabiendo que hay cosas que no pueden hacer. Si tú miras el plan, hay oportunidad para iniciativas desde el ámbito público al privado para poder repoblar el Plan, donde hoy vive muy poca gente y tenemos un montón de sitios eriazos. No queremos construir rascacielos de 20 pisos, sino que respetar las alturas naturales de la ciudad y seis o siete pisos me parece bien. Lo que no vamos a aceptar es que se hayan entregado permisos con infracción a la ley. Eso no lo voy a aceptar ni tampoco el mundo privado debiera aceptarlo. Debiera haber una sola voz, sin dobles matices. En Valparaíso estamos acostumbrados a no cumplir la ley.

-¿Qué piensas hacer en zonas donde hubo incendios?

-Nuestro foco no es sacar a las familias de ahí. El discurso oficial supone que la responsabilidad por vivir en una zona de riesgo es de la persona. ¿Crees que una persona quiere vivir allí? No, lo que hace una persona que no tiene derecho a la vivienda, porque en nuestro país no es un derecho garantizado y prima una lógica mercantil y subsidiaria, los ciudadanos sin casa son obligados a vivir en los sectores periféricos de la ciudad porque no existe posibilidad de acceder a una vivienda. Las personas siniestradas son en su mayoría personas de campamentos o tomas. Nuestro foco no está en cómo evitamos desde una perspectiva represiva con prohibiciones a que la gente viva en zonas de riesgo, enviar a Carabineros, a inspectores o pasar multas. Nuestro enfoque es proponerles a esos vecinos que trabajemos en un proyecto de vivienda que los persuada a vivir en otros lados.

-¿Qué se le va a proponer a los vecinos?

-Ese trabajo lo está liderando Tania Madariaga, socióloga, que tiene los siguientes principios. Primero, concebir la vivienda como un derecho social sin distinción si vivían en toma o no; segundo, proyectos de vivienda integrales que aseguren calidad de vida, porque no queremos los block del Serviu, sino que casas en proyectos de departamentos con un metraje digno; tercero, un proyecto que permita la vida comunitaria, con áreas verdes, sedes sociales, canchas; cuarto, proyectos que permitan la relocalización con arraigo, porque no queremos que la gente se vaya, sino que se queden a vivir acá, a propósito de la polémica frase de Jorge Castro. Hoy podemos decir que tenemos disponible una cartera de terrenos ubicados dentro de Valparaíso y la reconstrucción es una oportunidad para no solamente preocuparse de hacer el mejor proyecto de vivienda posible, sino que hacer un proceso que permita el empoderamiento de la gente, avanzar en grados de organización para los que vayan a iniciar este proceso.

“Ciudad Puerto”

-Hay una visión súper romántica de lo que es Valparaíso, pero en lo concreto la ciudad está en muy malas condiciones. ¿Cómo revertir eso?

-Hoy existe la imagen de una ciudad donde cada quien puede venir y hacer la tontera que se le ocurra, que se puede orinar en la calle, tirar basura, rayar y eso nosotros no lo compartimos. Hace unos días lanzamos un nuevo plan en materia de aseo que tiene tres patas: la replanificación del servicio de aseo en la ciudad, mejorando frecuencia, adquiriendo nuevas bateas, con más personal en las calles y mejorar gestión de los contratos en los espacios licitados; la segunda pata es una política comunicacional que invite a entender que el problema de la basura es también de la gente y es un llamado a conciencia; y tercero, una estrategia de planificación, convocando a organizaciones ambientalistas de un Valparaíso sustentable. En este momento la urgencia es mejorar el aseo y luego pensar en un Valparaíso sustentable.

-Muchos dicen que hay un problema con la definición de lo que es la ciudad hoy…

-Durante el siglo XX, Valparaíso tuvo una identidad portuaria muy fuerte, era puerto principal. Pero el abandono del Estado de Chile tiene una ciudad que no es puerto principal, se encuentra en un lugar más bien secundario respecto a otros puertos, en lo concreto se ha ido desvaneciendo. Lo que tenemos que hacer hoy es fortalecer la idea de “Valparaíso, ciudad puerto”, con una vocación puerto pero también un lugar de vocación patrimonial, cultural, turística, universitaria. Esta podría ser la región que produce más conocimiento a nivel nacional y tenemos las condiciones. Tenemos que construir una ciudad que sea capaz de hacer un diálogo armónico entre estas vocaciones.

-En materia de delincuencia, la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, decidió instalar drones con cámaras en Providencia. ¿Lo repetirías?

-Nuestro enfoque es más bien comunitario y no represivo. No negamos la importancia de las labores de las policías, con quienes tenemos un diálogo muy fluido. Pero nuestra jefa de seguridad, por ejemplo, es una trabajadora social con un equipo multidisciplinario con expertos en materia de seguridad y un enfoque en la comunidad. Nuestra “agenda corta” es mayor infraestructura urbana, deportiva, sistemas de alarma comunitaria, invertir más en espacios públicos. Cuando tú iluminas un lugar o recuperas un espacio, le dices que no a la delincuencia. Sin embargo, esto, al final, es un problema de desigualdad y la agenda larga, que para nosotros es muy importante, apuntará a eso. Valparaíso es una ciudad con alta tasa de cesantía, con una deficitaria salud publica, casi el 90% de las mujeres jóvenes entre 18 y 29 años no estudia ni trabaja, según Casen 2015. Tenemos que fortalecer la educación pública, aumentar nuestra presencia en consultorios, apoyar al comercio local y a los pequeños emprendimientos familiares en los cerros de la ciudad.

-El ex alcalde Jorge Castro dijo en una entrevista que aún no veía tus “soluciones mágicas”. ¿Cómo recibes esas críticas?

-Es gestión, trabajo y una forma distinta de hacer las cosas lo que ahorró millones de pesos al no realizar la fiesta suntuosa que se hacía en el Lord Cochrane o ese gasto excesivo en luces en la Plaza Victoria. Es gestión, trabajo y un forma distinta de hacer las cosas lo que significó tener el 31 de diciembre más limpio en Valparaíso. No son soluciones mágicas, sino que una visión política con enfoque en la comunidad. Nosotros celebramos un convenio con Cenabast y relanzamos la farmacia popular con precios 90% más bajos que la farmacia popular de Castro. Él celebró un convenio con un distribuidor privado, lo que demuestra su visión sobreideologizada. Es gestión y trabajo el que hayamos fijado una visión de fortalecimiento a la educación pública eligiendo a los directores no a dedo o por compadrazgo, sino por sus aptitudes y habilidades y que hoy tengamos por sistema de Alta Dirección Pública a diez directores al mando de colegios públicos. Llevamos tres meses y hemos hecho todas esas cosas. Lo que hace Castro es muy tradicional en la vieja política y hay gente que aún no entiende lo que sucedió el 23 de octubre, que la gente estaba demandando algo distinto.

“La politización es el único camino”

-¿No hay algo de “mesianismo” en tu discurso o en algunos liderazgos nuevos?

-Hay que entender que siempre uno juega un rol en un colectivo y eso se expresa en nuestra gestión, realzando el valor de la participación, un instrumento fundamental, no solamente para permitir que la gente decida en concreto qué tipo de ciudad quiere vivir y para constitución de sujetos, madurar una fuerza social organizada. Pasar de la indignación y el malestar a la organización, con una dimensión táctica para un proyecto transformador fundamental. Así se van construyendo sujetos.

-Politizarlos, dices…

-Efectivamente, la politización es el único camino. La gente de repente se espanta con ese término, que tanto ciudadanismo nos puede hacer perder el foco, pero lo político es fuerza social organizada, comunidades luchando por sus derechos; lo ciudadano es un proyecto transformador. Es la fuerza para oponerse al duopolio y a los partidos tradicionales. Pienso que eso no hay que perderlo de vista, no nos podemos descafeinar cuando hablamos de ciudadanos.

-Si le va bien a tu gobierno, podría ser un golpe de fuerza para el Frente Amplio. ¿Sientes esa presión?

-Más que presión tenemos un sentido de responsabilidad súper grande y somos concientes de ello. Sabemos lo que significa para mucha gente en Chile lo que estamos haciendo en Valparaíso y los poderes fácticos de nuestro país también lo saben. La alcaldía ciudadana puede contribuir a cristalizar el avance de un campo político que es esto que se ha llamado Frente Amplio. En consecuencia, esa responsabilidad nos invita a trabajar al 300%, a ser lo más receptivos a las críticas y no perder de vista que al final no estamos aquí para administrar lo que existe, sino que para poder cambiar lo que existe, correr la barrera de lo establecido y eso es muy complicado. Probablemente vamos a cometer errores, nunca había habido un actor de las características políticas nuestras al frente de un municipio, pero creo que esos errores van a servir de experiencia para lo que venga.

-Una crítica que te hicieron mucho fue que nunca habías trabajado antes de ser alcalde…

-Esas críticas se vincularon a la idea de la experiencia, qué tan experimentado era este grupo que ganó para estar frente a una municipalidad. ¿De qué experiencia estamos hablando? ¿De los que estuvieron frente a esta ciudad en los últimos años y dejaron la ciudad en el estado en que se encuentra, de los que quebraron la municipalidad y nos tienen con un déficit gigantesco, de quienes celebraron contratos con privados que dejaron la obra tirada o el robo a mano armada con los parquímetros? De qué experiencia me están hablando. Mi equipo está constituido por personas con mucha experiencia en el aparato público: Claudio Opazo (administrador municipal), por 20 años en la administración pública; Alejandro Villa (Aseo), con 15 años en el Ministerio de Medio Ambiente; Patricio Rosas (Secpla), con 20 años en otros países en organismos internacionales; Silvana Saez (Educación), profesora de educación pública, directora de diversas escuelas, se capacitó en el extranjero. Tenemos un equipo con mucha experiencia y son críticas más bien infundadas.

El Frente Amplio

-¿Crees que es viable un bloque político de diez u once organizaciones?

-El ímpetu y el comidillo electoral son peligrosos porque fácilmente podemos caer en un espiral de politización y, por tanto, no podemos perder de vista la constitución de un campo político y social que tenga la capacidad de pensar un modelo de sociedad distinto al imperante. Eso supone la intervención en la lucha electoral, pero también la capacidad de perspectivarse desde otros campos de lucha, desde luego de los movimientos sociales. Pero es muy importante entender que la política no se acaba este año. Yo no sé si esto que se ha llamado Frente Amplio estará constituido por diez, once, cuatro, seis fuerzas; esto se trata de la posibilidad de hacer estrategia táctica y celebro el proceso inédito que se está realizando, donde se va cuajando progresivamente una voluntad de coalición y no de fragmentación.

-Hubo varios intentos de hacer un bloque de izquierda. ¿Por qué este podría ser diferente?

-En los últimos quince años, Chile ha vivido profundos cambios aunque la política ha cambiado poco porque siempre es la última en tomar nota de las transformaciones. El ciclo de movilizaciones reciente lo que hizo fue poner en entredicho el soporte cultural del modelo económico y de la forma de vida que tenemos. La consigna “no al lucro” supone un radical cuestionamiento al modelo neoliberal y no tiene que ver con una cuestión sectorial de la educación, sino que un cuestionamiento al modelo de pensiones, de salud, a cómo se ha ido produciendo la destrucción de territorios.

-El momento es distinto…

-Completamente. Tenemos una situación social totalmente distinta dada por las movilizaciones. Hoy cada vez menos personas se autoconciben como casi una empresa individual de responsabilidad, sino que dentro de un proceso de colectivización en curso súper interesante que se ve en cosas tan sencillas como un llamado por Facebook a reclamar por el precio del Transantiago hasta bajar de los cerros de Valparaíso a marchar por no más AFP. Cada día menos personas se sienten identificadas por las opciones políticas tradicionales y un ejemplo emblemático es lo que está pasando con el PPD, que podría no escribirse como partido, con lo que significa eso para la candidatura de Lagos o lo que le puede pasar al Partido Radical o a RN. Hoy se abrió una puerta, pero va a depender también de lo que hagamos nosotros.

“Elitismo”

-Se habla mucho de que hay cierto elitismo dentro del FA, ya que la gran mayoría son profesionales, académicos, estudiantes y no hay representación del mundo popular. ¿Lo compartes?

-Hay un debate en el Frente Amplio respecto a la amplitud y eso hay que tomárselo en serio. Para mí lo fundamental del FA es la capacidad de expresar las múltiples formas de resistencia contra modelo económico y ahí hay una amplitud social que aún el FA no experimenta. Las luchas estudiantiles son sumamente importantes, pero también la lucha de los pobladores por una vivienda digna, las luchas por una salud digna y para todos, que son tan importantes como el avance de la industria inmobiliaria. No es “vengan todos”, que aquí caben todos. Evidentemente, éste tiene que ser un proyecto político que apunte a superar a los bloques políticos tradicionales y avanzar en una dimensión amplia y popular es fundamental para la sobrevivencia del Frente Amplio.

-Eso se expresa en los pre candidatos presidenciales que tienen hoy: Claudia Sanhueza, Sebastián Depolo, Alberto Mayol…

-Todos ellos expresan un sector social súper específico, que sufre un tipo de contradicciones del neoliberalismo, pero el sistema golpea a sectores más amplios que a los medios o universitarios. Esos candidatos son reflejo del estado de avance de las fuerzas políticas y sociales de cambio hoy.

-Algunos hablan del “efecto ME-O”, donde hay un nombre conocido y varios que lo empujan. Pasa con Giorgio Jackson en RD y Felipe Kast en Evópoli. ¿Compartes ese diagnóstico?

-Hoy existe un problema vinculado a la cuestión presidencial del Frente Amplio y el enfoque que han tenido las organizaciones es el equivocado al querer buscar un nombre y posicionarlo. Hay que definir un proceso de carácter colectivo y democrático, donde hagamos parte a la sociedad para escoger a quien nos va representar en la presidencial. Es lo que hicimos en Valparaíso en la primaria ciudadana. Antes de eso, ninguno de los candidatos era instalado en la ciudad, cada uno venía de su espacio. Hay que definir una primaria para definir un candidato y poner énfasis en el proceso colectivo más que el nombre. Eso sería marcar una diferencia brutal con los ME-O, con los Lagos y con los Piñera.

-En las Municipales, RD tenía ocho candidatos y ninguno ganó; dentro del Frente Amplio fuiste el único ganador. ¿Cómo quedan con eso de cara a las Parlamentarias? Porque aún no hay mucho conocimiento de qué es y quiénes son el Frente Amplio.

-Pienso que la Municipal fue un ejercicio más bien acotado de algunas fuerzas. Nosotros tenemos una evaluación positiva de nuestro desempeño electoral, varios compañeros que son concejales, yo estoy en Valparaíso, que para muchos fue una sorpresa. Hoy tenemos la oportunidad de poder avanzar para ir ganando un espacio que permita a futuro seguir avanzando. Veo esto como un primer ejercicio de unidad que hay que tomar con la calma, y no hay que volverse loco pensando que vamos a sacar 25 parlamentarios porque es imposible. Tenemos que avanzar pero entender que no todo se agota en esta elección.

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